música para una esquizofrenia

Quien más quien menos si ha visto alguna película de Tim Burton se ha fijado en la música que acompaña a las fantásticas escenas que suele inventar el director californiano. En la película en que se estrenó como productor y director, La gran aventura de Pee-Wee, lo hizo acompañado de un gran amigo suyo que sería quien compusiera la música, Danny Elfman. Fue el comienzo de una maravillosa sociedad. Tras esta película Elfman ha realizado las bandas sonoras del resto de las películas de Burton (salvo en dos ocasiones) y siempre, siempre, su música ha dado de qué hablar.

Cuando se estrenó Batman todo el mundo tenía en mente las maravillosas fanfarrias que John Williams compuso para Superman y en cambio Elfman nos sorprendió con la parte más oscura del personaje de cómic. De la misma manera Pesadilla antes de Navidad dejó de lado la música tipica de Disney para meterse de lleno otra vez en el lado oscuro de la música. A partir de entonces sus bandas sonoras siempre han tenido una gran acogida y se han caracterizado por su frescura, originalidad y sorprendente uso de la música para la gran pantalla. Buena muestra de su trabajo de composición lo tenemos con las bandas sonoras de Eduardo Manostijeras, Los Simpson, Spiderman, Dick Tracy, El indomable Will Hunting o más recientemente Alicia en el País de las Maravillas.

La música de la que quiero hablaros hoy no es, casualmente, ninguna banda sonora, aunque, evidentemente, lleva en su partitura todo el buen hacer de Elfman para el séptimo arte. Se trata de una composición en forma de Serenata, en forma de concierto, con siete movimientos diferentes. La composición lleva el título de Serenada Schizophrana y fue creada en 2006.

La verdad es que el nombre lo dice todo. Una serenata basada en la esquizofrenia de su compositor, que adopta una personalidad distinta para cada movimiento. Y estas personalidades provienen de todas las influencias que Elfman enumera en el libreto interior del disco: obviamente Bernard Herrmann y Nino Rota, soprendentemente Phillip Glass, Carl Off, Sergei Prokofiev, Bela Bartok, Igor Stravinski, Dmitri Shostakovich, Dimitri Tiomkin, Max Steiner, Duke Ellington, Erich Wolfgang Korngold y Harry Partch (con el que Elfman guarda sorprendentes similitudes en cuanto a su carácter extravagante, y en cuanto a la búsqueda de sonidos que rompan con lo convencional). Serenada Schizophrana está formada por 7 movimientos, como he apuntado, siendo el último corte del disco, el octavo, un bonus track con el saxo como protagonista. La obra le fue encargada al compositor por la American Composers Orchestra y utilizada en la película IMAX Deep Sea 3D con muy buenos resultados, lo que sirvió de acicate para la composición del concierto en un disco.

I. Pianos:


El primer movimiento titulado Pianos nos recuerda extraordinariamente a la música de Bernard Herrmann en Con la muerte en los talones, de Hitchcock, con unos violines que marcan la melodía y un piano que actúa a modo de percusión. El segundo, Blue Strings, es una preciosa pieza sutil y vaporosa que dura cerca de diez minutos y llegamos al tercer movimiento, A Brass Thing, que nos recuerda a otras composiciones cinematográficas de Elfman, con sus marchas semi militares-circenses. El cuarto movimiento, The Quadruped Patrol, es un auténtico juego mental que experimenta con nuestra psicología haciéndonos ver un extraño ser gracias a los vientos, las cuerdas y las voces humanas. Maravilloso. Y así llegamos al quinto movimiento, I Forget, que es el verdadero corazón de la serenata sustentado en ocho voces femeninas que de una manera muy operística, recordándonos a Orff, nos cantan en castellano algo que no sabemos que quiere decir ya que parte de esa esquizofrenia se apoya en el fallo de la dicción de las propias cantantes. Una locura extraordinaria. El sexto movimiento, Belles and Whistles, tiene un estilo muy fiel del propio compositor, sin influencias de ningún otro compositor, donde los instrumentos y las voces se unen para ofrecer un apoteósico final de la obra, pero queda el séptimo movimiento, End Tag, una diminuta y delicada última pieza.

V. I Forget:


No sé muy bien cómo se puede calificar esta música, ni creo verdaderamente que se pueda clasificar de alguna manera… ¿música vanguardista? ¿música moderna? ¿contemporánea? Quizás el mejor adjetivo sea el que el propio autor le puso. ¿No os lo parece?

el bellísimo claro de la luna

El piano es uno de mis instrumentos favoritos, sobre todo en momentos de recogimiento, de meditación, de relajación, de paz interior… llamadlo como queráis. Cuando estoy en un estado anímico que necesito relajarme o si por el contrario estoy ya en ese estado de tranquilidad y quiero alargarlo, mantenerlo, nada como un buen piano con una de esas obras que acarician las teclas a un ritmo pausado, melancólico, como susurrándonos la melodía. Autores hay muchos, pianistas también y desde luego obras de este tipo que os comento, pero hoy quiero hablaros de una de esas obras en particular. Ayer por la noche, cuando llegaba a casa después de haber estado en el cine (lamentablemente al final me llevaron a una película que yo no había elegido, pero si ya dos personas es a veces difícil para elegir la película, cuando son tres es imposible, así que me dejé llevar. Camino a la libertad, de Peter Weir… me aburrí sobremaneramente), el caso es que de repente me di cuenta de lo hermosa que estaba la luna llena, en todo su esplendor del cielo invernal, señora de la noche, vigilante de los sueños. La obra que quiero comentar es Clair de lune, de Debussy.

Clair de lune es ne realidad parte, la tercera parte o movimiento, para ser más exactos, de una suite para piano de Caude Debussy. Esta suite tiene por nombre Suite bergamasque y fue compuesta en 1890 y revisada en gran parte en 1905, justo antes de su publicación. Este tercer movimiento tenía en principio el título de Paseo Sentimentale. Tanto el primer título como el segundo y definitivo vienen influenciados por el trabajo poético de Verlaine, de su Promenade Sentimentale incluido en el poemario, o colección de poemas, titulado Poèmes saturnianos. Es sin duda el más famoso de los cuatro movimientos de la suite (el resto son Prélude, Menuet, que son el primero y segundo y Passepied, que es el cuarto y último).

No era la primera vez que Debussy tomaba como fuente de inspiración a Verlaine ya que años antes había tomado otro poemario titulado Fêtes galantes y en donde se incluía un poema titulado también Clair de lune:

Votre âme est un paysage choisi
que vont charmant masques et bergamasques
jouant du luth et dansant et quasi
tristes sous leurs déguisements fantasques.

Tout en chantant sur le mode mineur
l’amour vainqueur et la vie opportune
ils n’ont pas l’air de croire à leur bonheur
et leur chanson se mêle au clair de lune.

Au calme clair de lune triste et beau,
qui fait rêver les oiseaux dans les arbres
et sangloter d’extase les jets d’eau,
les grands jets d’eau sveltes parmi les marbres.


año nuevo vienés III

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS! Espero, de verdad, que este año sea lo más propicio para los deseos personales de cada uno y un año en donde la Paz y la Justicia campen a sus anchas a lo largo de toda la Tierra ( y más allá).

Bueno, hoy es el día, dentro de unas horas podremos seguir el concierto de Año Nuevo de 2011 desde Viena, pero mientras tanto, para hacer boca y seguir con las entradas de los dos días anteriores hoy vamos a hablar de los directores que han protagonizado el primer y más famoso concierto que se celebra cada año desde la capital austríaca. Porque si algo ha caracterizado este concierto aparte de su música han sido los directores encargados de “manejar” a los hombres de la Filarmónica de Viena.

Clemens Krauss fue el encargado de abrir estos conciertos, de inaugurarlos, tanto en su primera sesión de 1939 (que se celebró el 31 de diciembre, tal y como comentaba ayer), desde 1941 al 45 y posteriormente de 1948 a 1954. Fueron en total 13 ocasiones las que el ex niño cantor de Viena dirigió los valses de la familia Strauss. De 1945 a 1947, tras la entrada de los rusos en la ciudad, estuvo investigado por asociación con el nazismo, cargo del que fue exonerado y tras ese periodo volvió a la dirección hasta su muerte. Por cierto, el señor Krauss fue el último director titular de la Orquesta hasta 1933. Entre las curiosidades podemos señalar que en el primer concierto solo se interpretaron obras de Johann Strauss hijo y en el de 1945 fue donde sonó por primera vez la partitura del Danubio Azul. Bueno y ya que fue el quien introdujo esta obra en el Concierto os dejo con una grabación del Concierto de Año Nuevo 1954, el último meses antes de fallecer:


En el intervalo de la investigación sobre la connivencia de Krauss con los nazis, durante los años 1946 y 1947 fue Josef Krips, director austriaco de padres judíos. Este director fue uno de los pocos a los que se permitió seguir trabajando tran la caída del régimen nazi, ya que no dirigió durante ese periodo. Fueron por lo tanto dos, las ocasiones en que Krips dirigió a los chicos de la Filarmónica un 1 de enero. Lo poco que puedo decir de este director es que tenía un estilo irresistible a la hora de dirigir y su brío y entusiasmo pocas veces han sido igualados. Por cierto, fue este director el que introdujo por primera vez la Marcha Radetzky en el Concierto, aunque no fue hasta años más tarde cuando quedó fija en el programa (en los bises, más concretamente). Os dejo con Krips dirigiendo la orquesta en el vals Aceleraciones (Acelerationen), de Johann Strauss hijo:


Tras el fallecimiento de Krauss en 1955 llegó el que sin duda fue el director con el estilo más vienes de todos los que haya dado este concierto, Willi Boskovsky, responsable del mismo desde ese año 1955 hasta 1979. Dirigió, por lo tanto a la Filarmónica durante el Concierto de Año Nuevo la friolera de  25 ocasiones seguidas, siendo, evidentemente, el director que más veces ha dirigido el concierto. Señalar que fue primer violín de la orquesta desde 1939 hasta su retirada en 1979, siendo por lo tanto un hombre de la casa. Sus interpretaciones de las obras del concierto no eran lo que se puede decir sublimes, pero si era una auténtica delicia al más puro estilo vienés. Como curiosidad decir que este director es quien introdujo como obras “obligatorias”, las únicas que se interpretan todos los años, tanto el Danubio Azul como la Marcha Radetzky, que curiosamente se interpretan fuera de programa, siendo los dos últimos bises ofrecidos año tras año. En 1967 incluyó el vals Danubuio Azul en el programa y no en los bises, tal y como es tradicional.

Os dejo con un video del Concierto de Año Nuevo de 1974 en donde el maestro vienés dirige la conocidísima polka Ohne Sorgen, de Josef Strauss, en donde los músicos de la Orquesta ríen despreocupadamente (tal y como manda la partitura):

Desde 1980 a 1986 y posteriormente en 1994, 1996, 1999 y 2005 dirigió el Concierto Lorin Maazel, director estadounidense de origen francés y ascendencia judía, rompiéndose la tradición de directores austríacos. El director y violinista se puso al frente de la Orquesta en el Concierto del 1 de enero un total de 11 ocasiones, siendo el tercer director que más ocasiones ha dirigido el concierto tras Boskovsky y Krauss. Este director, extremadamente irregular, supo dar, no obstante, en la diana en cada ocasión que dirigió los conciertos y son muy recordadas sus interpretaciones como concertino-director de la orquesta en diferentes obras. En 1999, año del centenario de la muerte de Johann Strauss hijo, el programa estuvo casi enteramente dedicado a su obra. En 2005, rompiendo la tradición, Maazel no dirigió como final la Marcha Radetzky en señal de respeto a los fallecidos en el Tsunami del Oceano Índico ocurrido unas semanas antes, a finales de 2004.

Aquí os dejo con Maazel dirigiendo la orquesta con su violín en una interpretación de Scherz polka, de Johann Strauss, en el Concierto de 1984:

En 1987 se rompe la tradición y empieza lo que se puede denominar como época moderna del Concierto. Es en este año cuando los propios músicos de la orquesta eligen al director que les va a dirigir el 1 de enero, comenzando el desfile de directores estelares. El comienzo no pudo ser más exitoso ya que ese año fue el salzburgués Herbert von Karajan quien dirigió, unicamente ese año, el Concierto de Año Nuevo. Karajan estaba ya enfermo y anciano pero su única aparición en la Sala Dorada es una de las más recordadas de este concierto. El concierto de 1987 es quizás el más mágico de todas las ediciones y la dirección de Karajan llegó a cotas de brillantez, apasionamiento, creatividad y perfecto equilibrio entre chispa y evocación melancólica. Ese año, el director de las voces, incluyó entre las obras una partitura de Strauss hijo, la titulada Frühlingsstimmen, Voces de Primavera, interpretada por la soprano Kathleen Battle:

En 1988 y 1991 fue el turno del italiano Claudio Abbado, que pasó sin pena ni gloria por estos conciertos siendo evidente que este tipo de música y esta orquesta no son las más adecuadas para el maestro. Aún y todo su buen hacer en otros lugares y su reconocimiento mundial parece ser que fueron razones contundentes para que dirigiese el concierto en dos ocasiones. En 1991, saltándose todas las tradiciones en cuanto a compositores, dirigió la obertura de la ópera de Rossini, La Gazza Ladra, música por otro lado totalmente adecuada al espíritu de estos conciertos:

1989 y 1992 fueron los años de otro de los más recordados directores de este concierto, el alemán nacionalizado austríaco, Carlos Kleiber. El fallecido maestro no llegó a la magia de Karajan pero sus dos años son recordados por su sublime dirección, más técnica que la del director salzburgués, y más eléctricas. Su genialidad queda en los anales de estos conciertos. Es un hombre que disfrutó tremendamente al dirigir estos conciertos. Os dejo con una obra de 1992, Bauern polka, que los miembros de la orquesta y el propio director entonan con gran regocijo para el público asistente:

1990, 1995, 1998 y 2007 fueron los años del indio Zubin Mehta, un director bastante soso en estos conciertos y que aunque su valía demostrada en diferentes orquestas, como la Filarmónica de Israel, está demostrada, quedó de nuevo claro que hay directores que con la música de los Strauss y compañía tienen magia y otros no. Sus interpretaciones suenan demasiado militares, dejando atrás el aspecto festivo que esta música debiera tener. Como curiosidad decir que este director rescató, después de diez años sin actuar en el concierto, la actuación de los Niños Cantores de Viena. Les escuchamos en el concierto de 1998, el año de su vuelta con la polka Tritsch-Tratsch:

En 1993, 1997, 2000 y 2004 fue el año de Ricardo Muti, director napolitano que forma parte del llamado triunvirato que de 1993 a 2000 dirigió el concierto, junto con los ya comentados Maazel y Mehta. Su manera de dirigir la música, bastante tímida, deja un sonido pobre en una orquesta que debiera sonar mucho más festiva. Una de las pocas cosas que se le pueden atribuir a este director es la inclusión de obras casi desconocidas de los Strauss. Como claro ejemplo esta obra titulada Ritter Pazman de Strauss y Csardas:

En 2001 y 2003 le llegó el turno a Nikolaus Harnoncourt, cuyas apariciones en este concierto podrían calificarse de delicadas y sutiles. Quizás fue lo pretendido, ya que e este programa tan trillado ofrecer una interpretación diferente sin caer en la sosería o en el puro tecnicismo es bastante difícil. Los matices en las partes suaves de las partituras conseguidos por Harnoncourt pocas veces fueron escuchados en estos conciertos. No es la espectacularidad de otros años, pero es un sonido diferente, muy Harnoncourt. Os dejo el audio de la Marcha del Emperador Francisco José I, Kaiser Franz Josef I Rettungs-Jubel Marsch, en donde podréis observar suena parte de lo que hoy es el himno alemán, que entonces era el himno del Imperio Austro Húngaro.


En 2002 le llegó el turno al japonés Seiji Ozawa, que por aquel entonces se acababa de estrenar como director de la Ópera de Viena. Su presencia fue notable y se notó su saber hacer para lo bueno y para lo malo. Elegancia, fluidez y transparencia podrían ser los atributos del japonés y por otro lado fragilidad y un punto de sosería en la parte mala. Quizás fue en la polkas rápidas donde logró los mayores éxitos del concierto. Aquí os dejo un video con imágenes de la interpretación de Zivio!, de Johann Strauss hijo.

En 2006 fue el turno del letón Mariss Jansons cuya sorpresa fue la inclusión de la obertura de Las bodas de Fígaro en el año del 250 aniversario del nacimiento del genial salzburgués, Wolfgang Amadeus Mozart. Otro de los momentos estelares fue la interpretación de la polka Telephon donde al final de la partitura le sonó el móvil al propio director entre las risas complices del público. Os dejo, naturalmente, con la obertura de Mozart:

En 2008 y 2010 (el año pasado) le tocó el turno al francés octogenario Georges Prêtre que hizo las delicias del público con su alegría, entusiasmo y vitalidad. La verdad es que se le veía disfrutando el mismo de lo lindo. Quizás no tan conocido como sus predecesores, el galo cuenta con un gran carisma entre el público vienés ya que ha sido durante muchos años el titular de la “otra” orquesta, la Sinfónica. Quizás por eso le tributaron una de las mayores ovaciones de entrada que se han visto en el concierto, por su carisma y porque salió a disfrutar como un niño. Os dejo con el maestro dirigiendo la obertura de Die Fledermaus (El murciélago), opereta de Johann Strauss hijo.

En 2009 le llegó el turno a Daniel Barenboim, el genial director y pianista que desgraciadamente se empeñó en hacer que la orquesta sonase como lo que no es, un piano. Es reseñable su interpretación de Abschiedssymphonie o Sinfonía de los Adioses de Haydn en donde la orquesta literalmente se va levantando y marchándose hasta dejar solo al director. Con esta preciosa obra os dejo:

Y mañana os comentaré que ha sido del concierto de hoy, un concierto que dirigirá el austríaco Franz Welser-Möst. Veremos que tal le ha ido. Naturalmente mañana será el turno también de la Marcha Radetzky!

 

in dulci jubilo

Aunque ayer hablé largo y tendido de villancicos me guarde éste para el día de hoy. En este día de Navidad (mis mejores deseos para todos vosotros y vosotras) me gustaría traer un villancico con una gran tradición musical y popular (principalmente en Gran Bretaña y Alemania) y una melodía bellísima: In dulci jubilo, algo así como en dulce alegría (mis conocimientos de latín son bastante escasos).

En su origen este villancico consistía en un texto en donde el alemán y el latín se van alternando y cuya versión más antigua se debe al místico alemán Heinrich Seuse alrededor del año 1328. Aún y todo este texto fue musicalizado por diferentes autores desde la Edad Media. La letra fue traducida por John Mason Neale a finales del siglo XVIII y una versión inglesa fue  popularizada por el compositor Robert Lucas de Pearsall en 1837.

En cuanto a la música han sido muchos los compositores que han utilizado esta bella melodía para sus propias composiciones. En 1601 Bartolomé Gesio escribió un arreglo moderno de la melodía tradicional. Dieterich Buxtehude compuso una de sus muchas cantatas en 1683 en forma de coral para soprano, contralto y contrabajo acompañado por dos violines y bajo continuo (BuxWV 52) y como un preludio coral para órgano (BuxWV 197) en 1690. Johann Sebastian Bach utilizó esta melodía en varias ocasiones: la coral BWV 368, la composición para órgano BWV 608, como un doble canon en su Orgelbüchlein (trabajos para órgano) y las BWV 729 y BWV 751 como preludios corales. Los expertos coinciden, sin embargo, que BWV 751 es demasiado simple y natural para ser obra de Bach. BWV 729 es tradicionalmente la primera pieza de órgano al final del Festival Nine Lessons and Carols del Kings College, de Cambridge que realizan en Navidad. Esta obra fue introducida por primera vez en el servicio en 1938 por el organista Douglas Guest. También Franz Liszt incluye el villancico en su suite para piano Weihnachtsbaum en el movimiento titulado Morir Hirten an der Krippe y Norman Dello Joio utiliza el tema como base de sus Variants on a Medieval Tune, para conjunto de viento.

Finalmente esta canción, este villancico, fue versionado por Mike Olfield en su trabajo On Horseback, de 1975. Una primera versión ya había aparecido en su álbum Don Alfonso de ese mismo año. Ha aparecido en diferentes álbumes del músico inglés. La versión más conocida es la que van incluyendo y apareciendo instrumentos conforme avanza y se repite la melodía.

El villancico es conocido en Gran Bretaña e Irlanda con el título Good Christian Men Rejoice.

Os dejo con el video de la interpretación de esta canción por The Choir of King’s College, de Cambridge. Que paséis un buen día.

Y aquí tenéis la versión instrumental de Mikel Olfield:


mis favoritos y favoritas

Estas fechas navideñas si algo tienen es su íntima relación con la música. Música para celebrar, música para sentir, música alegre, música para soñar, nanas, villancicos, zambombas, panderetas, campanillas, canciones de otros siglos, música de anuncios, versiones mil… No. No soy navideño. O no por lo menos el típico navideño. Me quedo con la parte de encuentro, de buenos deseos (que espero que sean verdaderos), de celebración familiar, de reencuentro con amistades, de tradiciones, de tranquilidad, de calor hogareño. Y me quedo con la música de navidad. Con la que me gusta, claro está. Y quiero compartirla con vosotros. Son villancicos y canciones navideñas que me gustan por una u otra causa. Por su interpretación, por su versión, por su melodía, por su letra. A ver si os gustan también a vosotros.

La primera canción que me viene a la memoria cuando pienso en las navidades es Adeste Fideles. La versión más popular de este villancico que empezó a sonar en la misión portuguesa de Londres es la de John Reading, quien fuera organista de la catedral de Winchester en el siglo XVIII. Es una auténtica delicia escuchar al King´s College de Cambridge entonar este himno de alabanza en su versión inglesa, O Come, All Ye Faithful, con arreglos del director y organista Stephen Cleobury.

La siguiente canción es curiosa. Me encanta. La descubrí en el disco de The Chieftains Bells of the Dublin, un trabajo en el que recorrían la música típica de la capital irlandesa durante esta época del año. Este villancico es original del cantautor norteamericano Jackson Browne y lo hizo expresamente para el disco antes referido de 1991 y después él mismo lo incluyó en su primer trabajo recopilatorio, de 1997, llamado The Next Voice You Hear: The Best of Jackson Browne. La letra, que es por lo que traigo este villancico (la música también me parece preciosa) es diferente. Habla de las luces y las calles llenas de gente en navidad porque están dando gracias por el nacimiento de Jesús el rebelde. Dice que le llaman Príncipe de la Paz y Salvador pero quienes así le llaman han convertido sus templos de oro en guaridas de ladrones y son palabras de ese Jesús rebelde. Habla de las armas con que protegemos nuestro mundo y que una vez al año nos deseamos paz y nos acordamos de los pobres, cuando ellos están recibiendo al mismo Jesús rebelde. Finalmente pide perdón por las molestias que haya podido ocasionar lo dicho y desea alegría ofrecida desde un pagano por el nacimiento de Jesús el rebelde. Os dejo con este villancico sincero y lleno de amor. Por cierto el mismo termina con Skyline Jig, para alegrar el corazón.


El siguiente villancico es quizás uno de los más versionados por cantantes y artistas. Se trata de O Holy Night, literalmente Oh Santa Noche, que fue compuesto por Adolphe Adam en 1847 bajo el nombre de Cantique de Noël. Su delicadeza a la que hace referencia en su titulo, cómo expresar una noche tan especial, tan llena de paz y amor… es un villancico con una melodía exquisita que mece al niño recién nacido. Ya os he dicho que hay miles de versiones pero como hay que elegir una he elegido una versión soul histórica. Se trata de Aretha Franklin y Bill Preston. El video no es de muy buena calidad pero merece la pena escucharlo:

La siguiente canción no es un villancico propiamente dicho, es una nana, una canción de cuna. Se titula Haurtxo polita (niñito bonito, literalmente) aunque otras veces se puede encontrar con el título Haurtxo seaskan (El niñito en la cuna) y el autor es el compositor vasco G. Olaizola. Esta es una canción que nos cantaba de pequeños mi abuela Pilar, que era de Pamplona (de toda la vida, como ella decía) y que en Nochebuena formaba parte del repertorio de canciones sí o sí. Tiene una melodía tremendamente dulce y la letra hace referencia a una abuela que trata de dormir a su nieto (o nieta) llamándole potxolo (esta palabra tiene una difícil traducción ya que es complicado encontrar la palabra que encierre todo el significado de la misma y podría traducirse como lindo, ricura, pero dicho con mucho cariño). Aquí os dejo un video de Ainhoa Arteta junto con el Orfeón Donostiarra grabado en el centenario del propio Orfeón, en 1997. Una maravilla:

Vuelvo a otro villancico inglés, el clásico Hark the Herald Angels de cuya primera vez se tiene noticia en 1739 y cuyo autor fue Charles Wesley. Cien años después Mendelssohn utilizó esta melodía para la composición de una cantata que a su vez fue utilizada por el músico inglés William H. Cummings para adaptarle de nuevo la letra original. Esta letra hace referencia al anuncio del nacimiento de Jesús. El video que vais a ver es una gozada ya que se trata de nuevo de uno de esos coros ingleses de niños, quizás no tan conocido como el King´s College de Cambridge pero igualmente bueno. Es el St. Paul´s Cathedral Choir, de Londres.

Termino con otro villancico clásico, el titulado Joy to the World (Alegría para el mundo) que apareció por primera vez en 1719 y cuya letra es de Isaac Watts y el autor de la música es desconocido (parte podría ser de Handel, aunque no completamente). Lowell Mason a partir de la partitura antigua hizo un arreglo y adaptación resultando la melodía que hoy es conocida en medio mundo. La letra se refiere al triunfo de Dios en la Tierra por el nacimiento de su hijo. Es, por lo tanto, un himno triunfal. No tiene nada de recogimiento, pero es bellísimo. En un principio iba a poner un vídeo mucho más clásico pero resulta que me he encontrado con este otro, que quizás no tenga la calidad musical del otro (no, no la tiene) pero me ha parecido tan divertido que no me he podido resistir. ¿Finales de los 60 o ya estamos en la década de los 70? ¿Qué opináis? ¡¡¡Alegría!!!

Espero que hayáis disfrutado tanto como yo le he hecho preparando este post. ¡Tengo la garganta seca, porque no he dejado de cantar!

Os deseo que paséis una buena noche, en compañía de los vuestros y si los vuestros no están o no los tenéis cerca recordad que en estas historias estamos un montón de gente, que no nos conocemos, pero estamos. Paz en vuestros corazones.

negra sombra

El otro día leí en el dominical de un periódico estatal la historia de un hombre que había decidido morir porque tenía una enfermedad incurable que le producía terribles dolores, tenía que consumir más de setenta pastillas al día y decidió que quería dejar de existir. Así, crudamente. Prefirió una muerte digna que una vida indigna. Naturalmente un tema de estos te da para pensar y mucho. Soy de esas personas que les gusta pensar e ir más allá de las primeras impresiones. Filosofar que dirían algunos.

La cuestión de la vida y de la muerte. No es nuevo. Tampoco es nuevo la decisión de morir o dejarse morir porque no se puede aguantar la vida. Antes lo llamaban suicidio a secas. Ahora se llama eutanasia, también a secas. Me preguntaba que clase de vida podría ser la que llevaba esa persona para decidir dejar de existir. Tiene que ser una vida que no lo es ya, porque si no no entra en mi cabeza. ¿Cuánto tuvo que sufrir esa persona para decidir morir? Pensando todo esto notaba una presión de angustia en el pecho. Ser consciente que en media hora vas a dejar de ser. ¡Qué duro! Pero qué duro debió de ser tomar esa decisión y qué dura debió ser la vida que tenía. Hay gente que se refugia en la religión en esos momentos (sea la religión que sea), otros en la familia, o en los amigos… otros no tienen refugio. Hay gente que se escandaliza por esta forma de acabar con la propia existencia. Yo no puedo escandalizarme. En la historia tenemos muchos y variados ejemplos de muertes dignas por razones culturales que nadie ponía en duda. ¡Hubo épocas en que la gente decidía matarse por honor! ¡Por el qué pensaría de esa persona por alguna circunstancia relacionada con su vida o con la de alguien cercano! Lo hemos leído en muchas obras clásicas y conocemos muchas historias de personajes que decidieron acabar con su vida por honor. Este no es el caso. El caso es la dignidad. Me quedan muchas preguntas en torno a esta cuestión. ¿La vida de por sí es dignidad? ¿La muerte puede tener un componente digno? ¿Existe la vida sin dignidad? ¿La muerte digna o indigna? Llevamos siglos pensando en estas cuestiones. Y seguiremos haciéndolo.

Yo lo único que tengo claro es que, en el caso de sufrir una enfermedad o un accidente que obligue a que me mantengan con vida por cualquier método externo a mi organismo, no lo hagan. Pero no sé qué haría en el caso de sufrir una enfermedad que me obliga a sufrir más que a vivir. Espero que esa persona haya descansado en paz. Espero que esa paz que no tuvo en vida la tenga ahora.

Leyendo el extraordinario artículo de Juan José Millás no tuve otro remedio que acordarme de esa impresionante película que es Mar adentro, de Alejandro Amenábar y con un Bardem que se sale. La historia de aquél valiente que se llamó Ramón Sampedro que nos enseñó a todo el mundo la otra posibilidad, la de no seguir adelante en la lucha… o la de salir victorioso de ella…

Mar adentro. Luz Casal pone voz a un poema de Rosalia de Castro con la ayuda de Carlos Núñez. Negra sombra del poemario Follas Novas (1880). Impresionante. Una de las canciones que más adentro me llegan. Con el tema de la película como la clara y la yema. Con Galicia todo. Galiza siempre Galiza.


Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

 

maravilloso cuarteto

En términos musicales un cuarteto es una pieza que se interpreta, efectivamente, por cuatro instrumentos. El cuarteto más clásico, del cual fue precursor Haydn, es el de cuerda, el formado por dos violines (I y II), viola y violonchelo, pero hay muchos más tipos de cuartetos. En el caso que vamos a hablar el cuarteto está formado por los consabidos violín, viola y violonchelo y por… un piano. Esta fórmula fue una rareza en su época y de hecho enseguida leeremos que no tuvo gran éxito en un primer momento.

Los dos cuartetos con piano de Mozart están entre sus obras menos interpretadas. En un principio, Franz Anton Hoffmeister, compositor y editor, encargó a Mozart que compusiera tres. En esta época se prodigaba la interpretación amateur y había una gran demanda de música de cámara que no fuese muy complicada. Hay que tener en cuenta que en aquella época, sin televisión, radio, electricidad, etc, la gente pasaba las veladas en casa como mejor sabía o podía y eran muchos (muchos más de los que nos pensamos) los que tocaban algún instrumento en la intimidad de su casa. Esto era bastante común, por lo tanto la demanda de partituras cómodas era un hecho. Sin embargo, el Primer Cuarteto de Mozart (en sol menor, K478) resultó ser técnica y emocionalmente demasiado exigente, y estaba fuera del alcance de la mayoría de aficionados. Después de que este no se vendiera bien, se apremió a Mozart a que “cogiera el dinero y se marchara corriendo”. Pero al compositor le había cautivado aquella fórmula y tras finalizar la partitura de Le Nozze di Figaro creó un segundo cuarteto, en mi bemol (K493). No es más sencillo que el primero, pero, aunque con retraso, el público de Mozart fue interesándose cada vez más en sus composiciones y estas piezas acabaron por ser reconocidas como las obras de arte que son. Estaba claro que esta partitura no la publicó Hoffmeister, sino su competidor directo, Artaria.

El segundo cuarteto para piano es una delicia y, exteriormente, más agradable que el primero (aquí ya sabéis que cada cual tiene sus gustos, de todos modos, cualquiera de los dos es digno no, dignísimo del salzburgués). La obra es en muchos aspectos como un concierto para piano a pequeña escala y requiere un modo de tocar el teclado carismático y democrático, ya que se combina con instrumentos de cuerda.

Interpretaciones hay muchas y algunas muy buenas (la de Rubinstein pone los pelos de punta) y la que quiero traeros hoy aquí es de un pianista actual. Se llama Paul Lewis y es de Liverpool. Empezó estudiando violonchelo porque era el único instrumento para el que entonces daban clases en su escuela y afortunadamente (para nosotros) a los 15 años le aceptaron en la Escuela de Música Chetham de Manchester. En 1994 ganó el prestigioso Concurso de Piano de Londres y de ahí a las máximas cotas de virtuosismo. Entre sus grabaciones más aclamadas está la de las 32 sonatas para piano de Beethoven con la discográfica Harmonia Mundi. En 2002 grabó el disco al que hacemos referencia, Los cuartetos con piano de Mozart con la casa Hyperion Records. Los intérpretes de los instrumentos de cuerda en este trabajo son el Leopold String Trio. Una auténtica delicia.

Para comprobarlo nada mejor que el final de este Cuarteto K493 con Paul Lewis y el Leopold String Trio. Allegretto:


 

hasta que llegó su hora

En 1968 Sergio Leone dirigió la que, seguramente, sea su mejor película, C´era una volta il West, que aquí se tituló Hasta que llegó su hora. Este spaghetti western protagonizado por Charles Bronson, Henry Fonda, Jason Robards, Claudia Cardinale y Gabriele Ferzetti en los papeles principales, ganó el premio David di Donatello y está considerada una obra maestra del género.

El resumen argumental es el siguiente: un forajido callado y misterioso que toca la armónica busca a un pistolero que está bajo las órdenes de un millonario y que años atrás había sido el culpable de la muerte de su hermano. Por otra parte está un conocido del forajido, que acaba de fugarse de prisión y que ayudará a éste en su búsqueda. Entre medias de todo, y procedente de un burdel de New Orleans, se encuentra una mujer recientemente viuda y con un suculento terreno en su poder, heredado de su marido muerto, y por el cual ha de pasar el ferrocarril. Esto hará que todos luchen por conseguir un mismo objetivo.

La toma final (que es la que quiero comentar) tarda mucho en llegar, después de 155 minutos del mejor Sergio Leone, con tiroteos muy coreografiados y primeros planos fruncidos, así como con la música de Morricone (a este propósito, Leone le dio tanta importancia a la música que ésta fue compuesta antes, incluso, de rodar la película). No obstante, merece la pena esperar. La toma es una culminación grandiosa para esta superproducción del Oeste.

Finalmente, el ferrocarril va a construirse y la ciudad va a erigirse, y las hordas de trabajadores llenan la pantalla. Un tren de vapor llega echando humo y frena con un intenso chirrido al final de la vía, cargado con otra multitud de obreros. Después de la muerte del villano y de la partida del hombre al que ama, Cardinale le da la espalda a la tragedia y mira hacia el futuro. Sale de su casa, que domina la bulliciosa obra, y se dirige hacia los trabajadores para ofrecerles agua. Los hombres se arremolinan a su alrededor, la cámara se aleja lentamente y comienzan los créditos finales. En la distancia, vemos partir a los dos héroes, uno con vida, el otro muerto y desplomado sobre el caballo.

La cámara capta el futuro con un movimiento, reflejado en el paso triunfal de Cardinale, y muestra el pasado empequeñeciéndose poco a poco en la distancia. La música de Morricone cambia a medida que progresa la toma, de una orquesta y un coro exultantes durante el trayecto de Cardinale a un suave tema de armónica para la desaparición del viejo Oeste. Es una hazaña que reúne cientos de extras, una acción compleja y un ritmo impecable. El extraordinario director de fotografía fue Tonino Delli Colli.

La escena:

Parte de la banda sonora de la película… para poner los pelos de punta:


Y el corte titulado Addio a Cheyenne:


chacona

Resulta que estaba pensando en el post de hoy y mirando diferentes temas que me apetecía desarrollar en una entrada y desde mi ordenador empezó a salir una música que no escuchaba desde hace tiempo y que cada vez que la oigo me estremece por completo. Creo que es una de la melodías más bellas que he escuchado jamás y una de las más melancólicas. El caso es que me dije: tengo que compartir esta música con la gente! Lo malo es que es un archivo de mp3 que conseguí una vez y del cual solo conozco el título y por lo que he podido ver hay poco de donde tirar.

Chacona de Schnittelbach. Ese es el nombre que tiene el archivo así que empecé por ahí. Qué es una chacona? Pues bien, según la RAE esta palabra puede referirse a cuatro definiciones aunque todas entrelazadas entre sí. Veamos. La primera acepción se refiere a un baile de origen español que estuvo de moda en los siglos XVI y XVII y que se extendió por toda Europa. La segunda definición se refiere a la música para este baile o danza. La tercera nos dice que puede ser una composición poética para esta danza y la cuarta señala que puede referirse a una pieza instrumental inspirada en la danza. Indagando un poco más descubro que esta danza está compuesta en tres tiempos y que desarrollaba un tema melódico al que se aplicaban variaciones en el bajo (basso ostinato). Sobre el origen de esta danza hay diferentes hipótesis aunque todas ellas la señalan como una danza alegre y viva, más rápida que la zarabanda y semejante a la passacaglia o pasacalles.

Nathanael Schnittelbach, el autor. Compositor alemán nacido en 1633 y fallecido en 1667. Este compositor y violinista, formó parte de los músicos de la reina Cristina de Suecia y finalmente se estableció en Lübeck, donde daba clases de música (entre sus alumnos estaba el que después sería compositor y afamado músico Nicolaus Adam Strungk). Tras una boda real en Gottorp en donde realizó una serie de conciertos, enfermó y murió. En su tiempo adquirió gran fama como violinista. Aparte de la citada chacona (o cciacona) para violín solo y bajo (basso ostinato) se conocen también dos suites instrumentales y una sonata para violín y un Magnificat para cinco voces y dos violines.

Relajaros durante diez minutos y escuchad tranquilamente esta música que empieza poco a poco, con el violín desgranando la melancólica melodía que después irá variando en sucesivas partes.


una guerra entre hermanos

Hace unas semanas hablé de la serie Hermanos de sangre y de como una compañía de soldados habían sentido unirse sus lazos más allá del compañerismo por sus vivencias comunes en una guerra, en ese caso, en la II Guerra Mundial. Pues bien, la entrada de hoy habla de lo contrario precisamente, de como los hermanos, gentes de un mismo pueblo, pueden llegar a luchar unos contra otros en una guerra donde precisamente se rompen hasta los lazos más sagrados. Hoy hablamos de una película. Hoy hablamos de El viento que agita la cebada.

En el siglo XIX los soldados irlandeses cantaban una balada titulada The wind that shakes the barley (El viento que agita la cebada) que derivaría en una especie de himno ante la ocupación de los británicos. A partir de esa canción el cineasta inglés Ken Loach extrajo parte de la materia prima para la realización de la película. El guión de la película más o menos es éste:

Irlanda, 1920. Unos campesinos se unen para formar un ejército de guerrilleros voluntarios (IRA) y enfrentarse a las tropas británicas que habían sido enviadas para sofocar las revueltas independentistas de Irlanda. A raiz de sus sentimientos de deber y por el amor hacia su país, Damien (Cillian Murphy) abandona su carrera de médico y se une a su hermano Teddy (interpretado por Pádraic Delaney), que ya es miembro activo del IRA, en una violenta lucha por la libertad. Tras dos años de guerra, la lucha de los guerrilleros lleva a los británicos a un punto sin retorno y las dos partes firman un Tratado de Paz para poner fin al conflicto. A partir de ahí Teddy y Damien se encuentran uno frente a otro en bandos diferentes durante el debate que finalmente dividió a los nacionalistas irlandeses.

Teddy se implica en la organización del nuevo Estado Libre de Irlanda y apoya el Tratado. Damien, sin embargo, no considera que ese Estado Libre sea el objetivo por el que ha luchado. Es el comienzo de la guerra civil irlandesa, cuando se van a enfrentar los antiguos camaradas y de una forma totalmente violenta. Las familias que habían estado luchando hombro con hombro se van a ver ahora desgarradas, y los hermanos convertidos en enemigos. Las atrocidades se suceden por ambos bandos: de un lado, el ejército del Estado Libre (comandado por Michael Collins) en defensa del Tratado y, enfrente, aquellos miembros del IRA que lo rechazan (se les va a conocer como “los Irregulares”, a las órdenes de Éamon De Valera). El final es historia. El final fue el principio de la unión, final que todavía hoy se sigue escribiendo.

Un guión sin fisuras con una puesta en escena muy correcta, unas actuaciones extremadamente profesionales y un tema que hoy, casi un siglo después, sigue inquietándonos, son las principales virtudes de la película. Ken Loach volvió a hacer gala de su maestría y de su compromiso político. La maestría fue reconocida en el Festival de Cannes de 2006 cuando le fue otorgada la Palma de Oro.

Por cierto el título de la canción hace referencia a la cebada que llevaban en sus bolsillos los rebeldes como provisiones durante las marchas. Una película formidable. Una canción preciosa. Una historia apasionante. Como siempre, Irlanda.

El trailer original de la película:

Y aquí el audio con la balada convertida en himno. En esta ocasión interpretada por la impresionante voz de Dolores Keane: