mueve tu maldito culo!

En mi familia, que somos un poco clan, tenemos canciones familiares, lugares familiares, recuerdos familiares y hasta películas familiares. Suelen ser esas películas que todos los miembros no solamente hemos visto más de una vez, si no que, a buen seguro, nos encantan. Nos encantan sus historias, sus escenas, su vestuario, su música, si hay canciones las conocemos y las cantamos… una de esas películas es My Fair Lady, de George Cukor. Esta película de 1964 fue la adaptación para la gran pantalla de un musical del mismo nombre y realizado por Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, que a su vez era la adaptación de una obra llamada Pigmalión, de George Bernard Shaw. La adaptación cinematográfica estuvo protagonizada por la inigualable Audrey Herpburn y Rex Harrison y recibió ocho Óscars, ni más ni menos, entre ellos los de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor.

El argumento es básicamente el siguiente: estamos en el Londres de principios del XX. Al salir de la ópera un profesor de fonética hace una apuesta con un amigo que consiste en que conseguirá hacer pasar a cualquier mujer por duquesa en el baile de la Embajada, sea de donde sea y hable como hable (este profesor determinaba que el modo de hablar indicaba al 100% la procedencia de cada persona). Pues bien, para semejante experimento la elegida es una joven florista callejera, con un fuertísimo acento callejero de las afueras al Este de la ciudad. La florista empieza a recibir clases en casa del profesor con técnicas de lo más variopintas y poco a poco va progresando. Para probarla el profesor la lleva al palco de su madre en el hipódromo de Ascot, donde causa buena impresión con sus modales refinados, pero asusta a todo el mundo con un pequeño lapsus impropio al animar a un caballo para ganar la carrera (una de las mejores escenas de toda la película). Higgins, que desprecia la pretenciosidad de la aristocracia, disimula una sonrisa en ese momento. El profesor Higgins finalmente la lleva al baile anual de la embajada, donde Eliza, la joven florista, consigue pasar exitosamente como una misteriosa dama de la nobleza e incluso baila con el príncipe de Transilvania. En el baile se encuentra Zoltan Karpathy, un húngaro experto en fonética enseñado por Higgins. Tras una breve conversación con Eliza, certifica que es de sangre azul. Esto hace la noche más amena a Higgins, que siempre ha visto a Karpathy como un aprovechado y un fraude. Después viene la ingratitud del profesor, el enamorado que ha conocido en Ascot, su regreso a su lugar de origen, la madre del profesor que la acoge en su casa, Higgins que la intenta convencer para que vuelva a su casa, ella lo rechaza diciendo que se va a casar con el otro joven… Tras una discusión con su madre, donde decide que no necesita a Eliza ni a nadie más para ser feliz, Higgins se marcha a casa insistiendo en que Eliza volverá arrastrándose a él. Sin embargo, se da cuenta que se ha acostumbrado a su rostro y lo único que le queda de ella son grabaciones de sus lecciones de dicción que puede poner en su fonógrafo. Entonces, Eliza aparece de repente en la casa, dejando un final ambiguo…

Bien, escenas, como he dicho hay muchas, pero quizás una de las mejores escenas es la de la carrera de Ascot. La escena empieza al son de la orquesta presentándonos diferentes cuadros dentro de Ascot, todo en blanco y negro ellas, con sus vistosos sombreros y gris en ellos con sus chaqués y chisteras. En un momento dado y al son de la música los cuadros empiezan a moverse a un ritmo totalmente aristocrático, estirado en muchos casos y cantando una canción con una pronunciación que ni la reina de Inglaterra. La escena se desarrolla hasta que llega la siguiente carrera a donde se acercan todos a verla con sus prismáticos. Sus modales refinados hacen que no muevan uno solo de sus músculos mientras pasan los caballos y sus jinetes (una escena totalmente clarificadora del ambiente que se vivía en aquellos años en Ascot). Sigue la música y las cámaras juegan con las personas desarrollando una exquisita coreografía entre sombreros, sombrillas, chisteras, blancos y negros, llegando a verse el pasmo de una señora al descubrir a otras dos con su mismo sombrero (algo imperdonable en este acontecimiento).

Tras esta escena viene la siguiente en donde Eliza, que ha asistido con el coronel amigo del profesor, es presentada a las amistades de la madre del profesor, en cuyo palco se encuentran y en donde va desgranando todas las frases de conveniencia que ha ido aprendiendo durante las clases. lo malo es que, conforme pasa la conversación, estas frases van quedando cada vez más extrañas. Imaginaros. ¿Qué tal señorita? Muy bieeeen, espléndidamente mejor que en Sevilla, porque como ustedes bien saben la lluvia en Sevilla es una pura maravilla! Y de ahí a empezar a hablar de su familia no hay más que un pequeño camino. Esta es la escena:

Y por fin llega la carrera de caballos. Como os he dicho antes, no se mueve ni uno solo de los músculos y mucho menos se habla. El caso es que Eliza decide animar al caballo con unas palabras de ánimo, al principio (vamos, vamos) para terminar gritando como una posesa, mueve tu maldito culo!!!!! Extraordinaria escena:

Otro día seguiremos con más escenas de esta película y, desde luego, con la música de la película, o lo que es lo mismo, el musical.

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