bibliotecas desaparecidas…

Ágora es una película de Alejandro Amenabar y que se desarrolla en la antigua Alejandría, en el Egipto de finales del siglo IV. La protagonista, interpretada por Rachel Weisz, es la matemática, filósofa y astrónoma Hipatia de Alejandría, que fue supuestamente asesinada, descuartizada e incinerada por los seguidores del obispo y Santo cristiano copto Cirilo de Alejandría en el año 415 d. C. Hubo muchas polémicas en torno a la película, que por cierto a mi me gustó y mucho.

La Iglesia católica la tildo de anti cristiana porque en ella se relatan los sucesos de las guerras religiosas en Alejandría a finales del siglo IV… como si la Iglesia, al igual que otras instituciones religiosas, no hubiese tenido nada que ver con dramáticos acontecimientos a lo largo de toda su historia… y no me voy a extender para nada en este tema porque creo que se ha escrito y dicho mucho y en los últimos tiempos tenemos claros y sangrantes ejemplos del abuso de poder por parte de esta religión y de tantas otras.

En cuanto a la figura de Hipatia los estudiosos dijeron que su figura estaba sobredimensionada, que muchas de las conclusiones a las que parece que llega en la película ni siquiera son parte de sus estudios ni mucho menos de su pensamiento.

El caso es que sea verdad o no lo que en la película se cuenta, a mi me gustó mucho la película. Me gusta la época que relata el final del mundo clásico como tal, me gusta la historia en si, el choque entre dos culturas, dos formas de entender la vida, una antigua y milenaria y la otra nueva, en el comienzo del camino. Me gusta la historia de Hipatia en si, me gustaría que fuese verdad que hubiese existido una mujer en aquellos tiempos capaz de hacer frente a las normas impuestas de su propia sociedad y de toda una cultura. Me gusta la importancia de la Biblioteca de Alejandría en la historia de la película y en la historia en general.

La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande del mundo. Situada en la ciudad egipcia de Alejandría, se estima que fue fundada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo Isóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo, llegando a albergar hasta 900.000 manuscritos. Una nueva Biblioteca Alejandrina, rememorando la original y promovida por la Unesco, fue inaugurada el 16 de octubre de 2002 en la misma ciudad. La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es uno de los temas polémicos de la civilización occidental, asignándose a romanos, egipcios cristianos o musulmanes, dependiendo de la fuente consultada. Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del Museo, siendo las del Serapeo muy escasas. Para algunos escritores latinos, la Gran Biblioteca fundada por los Ptolomeos apenas resultó afectada en el incendio provocado por las tropas de Julio César en 48 a. C. Probablemente, ya había desaparecido en el momento de la dominación árabe, aunque algunos escritores comentan que el califa Umar ibn al-Jattab ordenó la destrucción de millares de manuscritos. Independientemente de las culpas de cristianos y musulmanes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado del siglo III o del IV, quizá en 273, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297. La biblioteca-hija del Serapeo, sucesora de la Gran Biblioteca, fue expoliada, o al menos vaciada, en 391, cuando el emperador Teodosio el Grande ordenó la destrucción de los templos paganos de la ciudad de los Ptolomeos.

Desde el siglo XIX, los eruditos han intentado comprender la organización y estructura de la biblioteca, y se ha debatido largo y tendido sobre su final. Los conocimientos sobre la Biblioteca, cómo fue, cómo trabajaron sus sabios, el número exacto de volúmenes e incluso su misma situación, son todos muy escasos, ya que muy pocos testimonios tratan sobre tan gran institución, y aún éstos son esporádicos y desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI han insistido en que se ha formado una utopía retrospectiva en torno a la Biblioteca de Alejandría. No hay duda de que la biblioteca existió, pero apenas hay certezas en lo escrito sobre ella. Se han hecho centenares de afirmaciones contradictorias, dudosas o simplemente falsas, realizando suposiciones a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones.

Un millón de rollos de manuscritos que desaparecieron a causa del fanatismo, no se sabe exactamente cual, pero fanatismo al fin y al cabo. Allí se editaba, se copiaba, se leía, se estudiaba y se debatía. Allí nacieron disciplinas como la gramática o la trigonometría.

No es la única vez que una gran biblioteca con todo su saber es destruída o saqueada y en los últimos tiempos tenemos dos sangrantes ejemplos. Las bibliotecas son como faros en la noche… salvan vidas y quienes destruyen bibliotecas condenan a la humanidad a chocar entre ellos, sin entendimiento, sumidos en la ignorancia. Condena a los pueblos a su propio naufragio.

Biblioteca de Bagdad, donde día si y día también hay cortes de electricidad, cuando no falta de personal por causa de la guerra… En Iraq hace más de 5000 años fueron escritos los primeros libros que se conocen, unas tablillas de arcilla. En 2003, tras la invasión de EEUU la Biblioteca Nacional de Iraq, en Bagdad, fue saqueada e incendiada y perdió el 25% de sus fondos. Todo ocurrió en la segunda destrucción de Bagdad. Adiós Canon de Avicena, adiós códices persas y textos árabes, adió archivos modernos y hasta siempre tablas de escritura cuneiforme, vestigios de parte de nuestra propia cultura. Arde la conciencia de siglos y siglos. 750 años antes el río Tigris bajaba teñido de negro por los miles y miles de libros que acabaron en su corriente cuando las tropas mongolas arrojaron el saber de milenios allí.

En la Biblioteca de Sarajevo la guerra también dejó su huella. La noche del 25 al 26 de agosto de 1992 la Biblioteca de Sarajevo ardió bajo las bombas. Se perdieron unos 600000 volúmenes y manuscritos de bosnios-musulmanes, serbios ortodoxos, croatas católicos y judios. Fue un auténtico Memoricidio. Todavía hoy las paredes de la biblioteca, de lo que queda de ella, siguen siendo testigo de la memoria o de la ausencia de ella, en el olvido de las páginas que ardieron entonces intentando decir al mundo que la barbarie no tiene límites.

Tres ejemplos de la muerte del saber, a manos de culturas (terrible adjetivo impropio para estas gentes) ignorantes, egocéntricas y en muchos casos autodenominadas civilizadas.

Os dejo con las escenas de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, según Amenabar. Terrible y real…

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