música para un dragón

Cualquier aficionado a la música cinematográfica podría decirnos que en el sentir general hay una banda sonora de las películas de 2010 que sobresale por encima de las demás, una banda sonora de auténtica música, con unas melodías preciosas y que fue creada para una película de animación. La película es How to train your Dragon (Cómo entrenar a tu Dragón), de Dean DeBlois y Chris Sanders, la partitura es obra de John Powell.

Si buscamos en nuestra memoria todo el mundo tenemos una película que en nuestra niñez, o en nuestra adolescencia nos hizo amar esa vertiente artística que se llama cinematografía. En mi caso mi memoria está compuesta de muchas, muchísimas películas y no me podría decantar por ninguna. Ver Mary Poppins con todos mis primos en el salón de casa de mis abuelos, o ir por vez primera al cine yo solo con unos amigos para ver, nada más y nada menos, que ET el extraterrestre, llorar cada vez que vi en el cine (creo que fueron tres veces seguidas) El club de los poetas muertos y sentir que olía los montes y campos cuando vi en el cine Tasio. A esto se le lama magia y pocas veces, menos de las que quisiéramos, ocurre cuando vamos al cine. La magia del cine está ahí muchas veces, es verdad, pero esa magia tiene que llegarte a ti concretamente y eso es lo difícil. A lo largo de mi vida no son muchas las ocasiones en las que he sentido esa magia. Películas que me hayan gustado ha habido muchas, películas que me hayan entusiasmado unas cuantas, pero películas que me hayan hecho sentir esa magia de la que hablaba unas pocas. Ultimamente una de ellas ha sido Avatar, que no es que tenga un guión extraordinario, pero el conjunto de pedazos que hacen la película me llegó de una manera que se podría clasificar de mágica. Esos pedazos están compuestos de la historia que se nos cuenta, de los personajes, de los diálogos, de la fotografía, de las interpretaciones y de la música… y es que una música es importante en una película hasta el punto de tener el poder de cambiar nuestra impresión de la misma según el tipo de música que sea, de los momentos en que esta música suena, de su tratamiento, etc.

Cómo entrenar a tu Dragón es una película que nos acerca irremediablemente a nuestra infancia. Estoy seguro que cualquier niño o niña que vea esta película quedará profundamente marcado por ella tal y como cada uno de nosotros fuimos marcados por otras películas en nuestras propias infancias. Es una película con un nivel narrativo extraordinario, una clásica historia sobre la superación de un niño ante un problema de gran magnitud , con unas imágenes tremendamente bellas.

Si visualmente y a nivel argumental la película cumple, aportando su parte para conseguir esa magia de la que hablaba, la banda sonora de John Powell consigue finalmente tener un producto mágico, perfecto para anclarse en el corazón de grandes y pequeños. John Powell presenta una de sus más conseguidas bandas sonoras y eso es decir mucho, pues solo en el campo de la animación ha presentado partituras tan magistrales como la de Happy Feet o tan descomunales como Horton.

Como Entrenar tu Dragón es un cúmulo de grandes momentos, de leitmotivs asignados a situaciones, lugares y personajes. Esa complejidad, no se pierde en números sueltos de la partitura y eso consigue hacernos identificar fácilmente el hilo musical que consigue uno de sus valores más evidentes, la cohesión temática que hace que la composición funcione por igual en una escucha aislada como en una compartida con las imágenes. La partitura es tan rica que no dejaremos de escucharla fuera de las imágenes y nos hará vibrar en muy diferentes secciones de la película. Test Drive es una de ellas, una inyección de fuerza, jovialidad y libertad que nos acompaña en nuestro vuelo junto a Hiccup la primera vez que cabalga a lomos de Toothless, el “dragón furia nocturna” que finalmente se encariñará con nuestro protagonista. Volamos a ras de las olas del mar, con la fuerza y el ritmo que pocos compositores a día de hoy saben imprimirle a las imágenes con su música. Y luego esos bellos temas asignados a personajes, como Romantic Fight ligado al personaje de Astrid, que el compositor fusiona mas avanzado el corte con el tema de Hiccup. Otro de esos temas que hacen enorgullecernos de tener una pasión tan rica y bella en formas como es la música de cine. El asignado a los Vikingos y su aldea en This is Berk justo al principio del relato, con un sonido característico del compositor mezclado con ese punto celta que viene enlazado con la trama y que añade esa pincelada melódica que hace subir enteros a la partitura en una escucha aislada. Powell no olvida el lado más poderoso y épico de los vikingos con esos ritmos marcados por una percusión abrumadora y el coro de hombres. Testosterona pura y dura que conecta perfectamente con la mentalidad de estos personajes, totalmente concentrada en la personalidad del padre de Hiccup, el jefe Stoick. El corte que le sigue tiene ese halo de sonido clásico pasado por el tamiz de la época actual e incluso hay momentos en que te parece estar viendo a Ben-Hur a bordo de la galera remando al ritmo del tambor romano. Dragón Battle describe musicalmente la amenaza de los dragones y la lucha valerosa de toda la aldea para defenderse.

Pero sin duda el momento, aquel que te hace caminar directamente hacia tu niñez, que te desnuda de esas barreras que hemos ido creando con la edad y con años y años de ver todo tipo de películas, es Forbidden Friendship. Magia en estado puro. Fusión de imágenes, montaje y música a un grado tan perfecto que muy pocas veces se puede contemplar. Os aseguro que ni en la mejor de mis perspectivas pensaba encontrarme con una escena tan llena de información pero a la vez tan sencilla como esta, un canto a la amistad y esa inocencia mágica de la que os hablaba al principio de esta entrada.

No queda ahí el trabajo de Powell, pues el músico nos reserva momentos espectaculares en, por otro lado, escenas tan épicas como las finales, una batalla que para nada tiene que envidiarle a películas de temáticas similares como las de El Señor de los Anillos.

Al terminar la película uno esta conectado con su yo mas puro, ese niño que temblaba de emoción al ver como los malos perdían la batalla final gracias a la habilidad de un joven de pueblo. Y mucha culpa la tiene John Powell. John Powell es un genio, uno de los compositores que más ha demostrado que una carrera puede ser objeto de evolución y mejora. Sin duda uno de los 5 mejores músicos de cine de la actualidad, que nos ha regalado la mejor banda sonora del 2010.

En definitiva, una música para disfrutarla con las imágenes, viendo la película, pero también una música para soñar mientras la escuchas tranquilamente en el sillón de tu casa, o conduciendo una mañana de domingo soleada por una carretera secundaria, sin más acompañantes que la escarcha matinal que poco a poco se funde en los tímidos rayos de sol que se atreven a ir apareciendo tras los montes y colinas… me voy a pasear con la música de Powell en el iPod!

Os dejo con el enlace de mi Spotify para que escuchéis la banda sonora completa:

música para un dragón

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