recuerdos de paris

El sábado disfruté como un enano con un reportaje del suplemento de viajes El viajero, del periódico El País. El reportaje era sobre unas notas escritas en japonés y encontradas en plena plaza de Notre Dame de Paris. Resulta que por la caligrafía, los lugares que visitó y demás, al anónimo viajero, que no turista y enseguida os diré por qué, lo asocian con un hombre de unos 50 años, políglota, con pasión por el arte y la buena mesa y fuera de los cánones de un turista convencional. Las notas no se refieren a las gárgolas de la catedral o a la pirámide del Louvre, no, las notas se refieren a esos descubrimientos que hizo en su estancia parisina, descubrimientos que los vive, además, con auténtico placer. Si tenéis posibilidad de leerlo no lo dudéis y hacerlo porque seguro que disfrutáis tanto como yo. Aquí os dejo el enlace con el reportaje de Oskar Alegría.

Y leyendo el artículo me he acordado de las veces que he estado en la capital francesa y de los propios descubrimientos que he hecho. Todo viajero tiene sus propios descubrimientos en los lugares que visita y desde luego si es Paris es casi seguro que algo que no está en las guías de viaje nos llevaremos a casa como gran recuerdo y además es posible que estos recuerdos no tengan el mismo efecto en la gente de alrededor. Ahí van mis descubrimientos, mis pequeños y grandes recuerdos y mis placeres parisinos.

La primera vez que estuve en Paris estuve escasas seis horas, seis horas que me supieron a gloria y que convirtieron a Paris en mi pequeño refugio espiritual en que se ha convertido en diferentes ocasiones. La cuestión es que estábamos de paso, el autobús nos dejó en la plaza de la Ópera y nos recogía en la Bastilla. Llovía a cántaros. Íbamos con nuestros impermeables, paraguas. Era sábado por la tarde, así que os podéis imaginar el bullicio que, a pesar del diluvio que caía, había en las calles del centro de Paris. Mi recuerdo es el mini tour que nos hizo un amigo que conoce muy bien, desde pequeño, la ciudad. En dos horas y a un ritmo acelerado nos iba diciendo: Allí (señalaba con el brazo a lo lejos) se reunían los revolucionarios de 1848 para organizar las barricadas, en esta casa vivió Verlaine que es un poeta muy bueno que seguramente no hayáis leído en vuestra vida pero que deberíais hacerlo, aquí había un antiguo cementerio sobre el que viven ahora cientos de personas, esto es Notre Dame, pero como está la fachada en obras no la veis ni la fachada ni al jorobado que es un tio muy feo que vive por ahí y ahí está el Louvre que ya veréis en otro momento. ¡Ah si! ¿Veis allá al fondo como una luz? Pues aquello es la Torre Eiffel. Y ahora vamos a comernos unos croissants en un sitio que conozco y que salen muy ricos. Y aquél croissant me supo a auténtica gloria en aquella pastelería enana en uno de los laterales del Louvre, mientras seguía lloviendo y veía enfrente las galerías del Louvre.

En otra ocasión estuvimos en Paris con una excusa de los más peregrina. Se realizaba una exposición de arte contemporáneo en la calle y un amigo de un amigo presentaba una obra suya. El caso es que llegamos a Paris a eso de las cinco de la tarde y para las seis y media estábamos en la zona donde se desarrollaba la exposición. Las obras estaban en la calle y en las tiendas de lujo de las firmas más fashion que os podáis imaginar (todas las que vemos en revistas y no solemos comprar) porque resulta que estas firmas eran las que sufragaban los gastos de la exposición. El amigo de mi amigo nos dio unas invitaciones, unos pases, para poder entrar en las tiendas a ver las obras de arte y… a beber champagne francés, del caro y canapés de lo más variado. El caso es que allí estábamos, en esos santuarios elitistas y de poder, bebiendo copas de champagne mientras veíamos el arte expuesto (es un decir, porque el arte a veces consistía en dos tipos vestidos de escoceses y actuando de porteros con los colores característicos de la marca de la tienda a la que entrábamos). El caso es que estando tan acelerados como estábamos, cansados por el viaje y bebiendo auténtico champagne francés del caro por la cara nos cogimos una buena, así que una amiga mía decidió de repente probarse unos zapatos que costaban cerca de 3000 euros y claro, en esa tienda nos invitaron a irnos… afortunadamente estábamos cansados así que nos fuimos a dormir la mona a nuestra casa.

En aquél mismo viaje nos cogieron entradas para la Ópera en el Palais Garnier (sabéis que en Paris hay dos edificios de la Ópera, la misma institución, con dos sedes) y estuvimos en la representación de una ópera de Gluck titulada Iphigénie en Tauride. ¡Qué placer! Dos amigas estaban en un palco y un amigo y yo en otro. Cada palco es para seis personas en tres filas. Nosotros estábamos en la última pero me sentí como cualquiera de los protagonistas que hemos visto en películas en esos palcos lujosos (por ejemplo una Glenn Close en Las Amistades Peligrosas, antes del abucheo, claro). Porque así es un palco de Garnier. Lujoso, forrado de terciopelo granate con ribetes dorados y con un pequeño recibidor particular en donde hay un chaise longe. De aquella representación me quedo con el Air de Iphigénie, tan dulce, tan melancólico y tan hermoso, con el maravilloso techo pintado por Chagall y con las extraordinarias escaleras de la entrada (si habéis visto Marie Antoinette hay una escena que la Coppola utilizó con estas escaleras y que se ve a la reina en ellas para entrar en el baile de máscaras). Con eso y con verle a mi amigo echarse la mejor siesta que se ha echado en su vida en el chaise longe del cuarto de entrada (lo que me supuso tener que levantarme en una ocasión para darle un pequeño golpe y así evitar que el comienzo de ronquido que alegremente empezaba se parase en seco). Por cierto que es la bomba tomarse un sandwich en el descanso en la terraza de la Ópera al lado de una señora arrugadísima con vestido largo negro y collar fastusoso acompañada así mismo de un joven de smoking alquilado (no sé si sólo era el smoking alquilado…). Os dejo con Maria Callas y el O malheureuse de Iphigénie en Tauride de Gluck:

Una de las primeras veces que visité Paris me llevaron a ver el Instituto del Mundo Árabe, un fabuloso edificio de finales de los 80 cuya principal característica es una de sus fachadas formada por paneles de cristal que se abren y se cierran según la luz del sol gracias a un sistema de células fotoeléctricas, como si fueran un objetivo de cámara. El lugar en si es una auténtica maravilla, con toda la información y bibliografía que necesites para estudiar el mundo árabe, pero lo mejor está en el piso superior. La enorme terraza que da al Sena y desde la cual se ve la Isla de la Cité desde la parte posterior a Notre Dame es digna de visitar y justo en ese mismo piso existen un restaurante de lujo y (esto es lo mejor) un buffet de comida árabe bastante más barato que el anterior y desde el cual se puede ver , a través de las ventanas fotoeléctricas y si el sol te deja, la Torre Eiffel a lo lejos mientras comes un pastelito de cordero. Una gozada y poca gente.

En otra ocasión no tuve mayor exquisitez que leer un capítulo de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, en una sala del Louvre con diferentes esculturas de Antinoo. Sé que es una tontería pero el espíritu a veces necesita de estas tonterías. Acto seguido el efecto conseguido por una cortina y una ventana empañada de vapor superpuesta a la imagen de la pirámide del Louvre me dejó un buen rato maravillado ante esa preciosa ensoñación que estaba ahí mismo sin que nadie se diese cuenta. Es verdad que si vas predispuesto y tienes paciencia con las multitudes que pasean, paseamos, por el museo, éste es uno de los lugares para descubrir un Paris oculto.

Otra de las maravillas que se pueden hacer en Paris (y en cualquier ciudad) es visitar los museos (y cualquier parte de la ciudad) con una buena cámara provista de un teleobjetivo. A veces puede ser un engorro llevar semejante objetivo mientras paseas por la ciudad por eso yo aconsejo (a no ser que tu verdadera pasión sea la fotografía) llevar el teleobjetivo uno de los días y si ese día es el que visitas un museo mejor que mejor. ¿Por qué? Porque tenemos las pinturas y esculturas originales ahí mismo, a nuestro alcance y lo mejor de todo, con sus auténticas dimensiones. Es como un juego. Te plantas delante del cuadro en cuestión y descubres un mundo que en las reproducciones de los libros y en internet es imposible encontrar. Las caras de las damas de compañía de Josefina en su coronación, el Gavroche de Victor Hugo pistola en mano al frente de la revolución, las filigranas de un león mesopotámico, una carreta con bueyes en una esquina de un van Gogh, las sandalias romanas al visitar la tumba del gran Alejandro, los encajes del vestido de una señora en un café parisino de finales del XIX, una niña aplaudiendo el teatro de giñol, los caballeros extasiados ante la presencia de Louis XIV, una bailarina de Degás arrascándose la espalda, la corona de flores de un efebo escuchando a Aristóteles, una niña tomando pecho, dos romanos abrazados en medio de la batalla, el rico abanico de una señora, … mil y una imágenes, texturas y colores que seguramente sólo vas a poder contemplar en ese momento.

En otra estancia parisina, era verano, y uno de mis mejores recuerdos es la cena que tomamos en el canal de Saint Martin, junto con decenas de personas. Compramos una tabla de quesos, unos patés, champagne, y pastel de manzana y con un foulard que usamos como mantel nos sentamos a orillas del canal, ese mismo canal donde Amélie lanza piedras. Si eres abierto la gente también lo es y el caso es que esa noche acabamos un buen grupo de personas de diferentes lugares, Argelia, Escocia, Argentina, Francia, de aquí, riéndonos y dándonos las direcciones de nuestros correos electrónicos… es una maravilla recibir de repente un día un mail desde Argentina felicitándote el Año Nuevo de alguien con el que sólo has compartido unas horas de amistad, de compañerismo y de alegría en una ciudad que te acoge como ninguna, si tu le dejas que te acoja, claro está. Os dejo con los pequeños placeres de Amélie:

Porque ya lo dijo aquel llamado Buen rey, Enrique III de Navarra y IV de Francia: Paris bien vale una misa. Y sobre todo vale pasear, perderte, tomarte una taza de chocolate en los alrededores de Notre Dame, un crêppe en cualquier puesto de los Campos Eliseos, cenar una fondue en el barrio latino y el día que estás demasiado cansado comprar una tabla de quesos franceses y una baguette para tomarlas al llegar al hotel o a casa, pasear tranquilamente por cualquiera de sus cementerios encontrándote con la última morada de ilustres personajes, ver una película de Truffaut en francés mientras te vas durmiendo plácidamente en tu cama descansando del día, perderte en cualquiera de las librerías de los alrededores del Pompidou o en Shakespeare & Company, comer en un buffet chino de Le Marais por 9 euros o simplemente observar la gente, las casas e impregnarte de ese aire parisino mientras paseas por las orillas del Sena. Oh la lá Paris!!!!

Y vosotros, ¿qué recuerdos especiales, rincones descubiertos, tenéis de vuestros viajes a Paris?

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bugs bunny y el pato lucas en el louvre

Hace unas semanas en una entrada dedicada a Soñadores de Bertolucci comentaba una famosa escena que se desarrollaba en el Louvre. Pues bien, hoy traigo otra escena en el famoso museo.

Podría decirse que el cinéfilo Joe Dante nació para rodar Looney Tunes: De nuevo en acción, una mezcla de personajes animados y de carne y hueso que, por una vez, demuestra ser un verdadero homenaje al espíritu anárquico de los magníficos dibujos originales de Warner Bros, con el Pato Lucas, Bugs Bunny y otras inolvidables creaciones animadas.

La película de Dante destacó como una obra especial, a pesar de las ocasionales y evidentes intromisiones del estudio. Los hilarantes chistes que plagan cada fotograma, las divertidas incongruencias y los alocados gags que demuestran la fascinación de un verdadero amante de la cultura popular que con su trabajo nos deja una muestra de cine de autor que encuentra una memorable expresión en el malévolo plan del director general de ACME (interpretado por Steve Martin) de convertir en monos a todos los humanos.

Pero el golpe maestro (y no sólo por su impresionante ejecución técnica) es una persecución por el Louvre. Cuando Elmer Fudd (el clásico y desafortunado cazador) sigue a Bugs Bunny y al Pato Lucas atravesando literalmente varios cuadros famosos (y los personajes mutan según la obra: se derriten en la de Dalí, mientras que en la del puntillista Georges Seurat se desintegran en puntos), no solo es muy divertido, sino que también da fe del verdadero estatus de los personajes en la historia de la cultura.

La escena en cuestión es esta:

Apuntar que el cuadro La persistencia de la memoria de Dalí está realmente en el MOMA de New York, Tarde domingo en la isla de la Grande Jatte de Seurat está en el Instituto de Arte de Chicago y El grito del noruego Edvard Munch ninguna de sus cuatro versiones se encuentra en el Louvre. Pero la película merece la pena y quienes hemos crecido con Bugs Bunny, el Pato Lucas, Elmer Fudd, Porky, Correcaminos, Coyote, Silvestre o Piolín disfrutaremos durante toda ella.

Os dejo las melodías que abrían Merrie Melodies (que era la otra serie de animación de la Warner Bros) y Looney Tunes:

Esto es todo amigos!

una nariz grande y poética

 

Mosquetero retirado después de una herida de guerra, metido a filósofo, novelista, poeta, dramaturgo, autor satírico, epistológrafo, y sobre todo libertino que poco antes de morir quería liderar una vanguardia cultural, una nueva filosofía de la vida. Este era Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac cuya mayor parte de su vida vivió en el Paris del XVII.

Hoy en día es más conocido por la obra Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, en la que se narra una época de su vida. La obra ha sido traducida y llevada a escena muchas veces. Ha sido el tema de varias películas, incluyendo una versión de 1950 con José Ferrer, una versión francesa de 1990 protagonizada por Gérard Depardieu y una comedia hecha en Hollywood, llamada Roxanne con Steve Martin, además de una película venezolana llamada Cyrano Fernández. Se han realizado adaptaciones a la ópera, compuestas por Victor Herbert, Walter Damrosch, Franco Alfano y Eino Tamberg.

El caso es que la película de 1990 es la que nos acercó la figura de Cyrano con más fuerza que nunca (con permiso de Ferrer). Fue dirigida por el francés Jean-Paul Rappeneau y adquirió tal magnitud y excelencia que fue premiada con, entre otros, el Cesar de Cesars, premio excepcional de la Academia Francesa que solamente se ha repartido en dos ocasiones. Se crearon para la ocasión más de cuarenta escenarios y decorados en donde fueron filmadas las escenas tanto en Francia como en Hungría. El argumento de la película se inspira en la Commedia dell’arte. Tres hombres buscan los favores de la bella Roxana, uno de ellos tiene poder, el conde de Guiche, otro tiene talento literario, Cyrano de Bergerac (Gérard Depardieu), y el último, el joven soldado Christian, que cuenta con la belleza. Tras unas escenas de amor cortés aparecen las escenas épicas de la guerra, y por último la tristeza.

Hay escenas preciosas, como las de Cyrano haciéndose pasar por Christian bajo el balcón de Roxana recitándole poemas y versos de amor, o el del panadero amigo de Cyrano llorando por tener que envolver los pasteles en hojas de libros de poesía, o el teatro, ese teatro tan social y tan diferente al nuestro (me refiero al lugar, no al arte), lleno de gente de todas las clases, músicos, vendedores… pero quizás la escena más famosa sea la del duelo. Esto es que uno de esos señoritingos altaneros lleno de plumas y demás, al salir del teatro no se le ocurre mejor historia que intentar mofarse de Cyrano a costa de su gran nariz. Y digo intentar, porque lo máximo que se le ocurre es decirle que tiene una nariz muy grande y claro, Cyrano, el poeta, le contesta con la infinidad de formas y tonos que podría haber utilizado para describir su napia. Tras cerca de dos minutos empleando diferentes estilos termina diciéndole que no ha sabido hacerlo porque es un palurdo. Al minuto empieza el duelo. Uno de los duelos más maravillosos que podemos ver en el cine. Cyrano le confiesa que mientras se baten creará una balada y que en el último verso le herirá.

Aquí tenéis la escena en cuestión:

La banda sonora es otra de las maravillas que tiene esta película. La partitura fue compuesta por Jean-Claude Petit y ganó diferentes premios. Es una música que evoca las películas de aventuras por un lado y dotada del sentido romántico que le confiere el argumento. Es una partitura creada para la ocasión que casa a la perfección con la época que narra la película. Los momentos sinfónicos son extraordinarios y en general se puede decir que lo que el lenguaje en verso complica a algunas personas, la música facilita la comprensión de la escena que narra. Un 10!

El tema principal:

El tema de Roxane:

Y una composición para laúd:

música para una reina

En 1994 Patrice Chéreau dirigió La Reine Margot, basada en la novela del mismo nombre, de 1845, escrita por Alexandre Dumas y adaptada por Daniel Thompson, que describe los acontecimientos posteriores a la masacre de San Bartolomé de 1572 en el siglo XVI en Paris y Francia. La película, bellísima, ganó cinco Premios César y, en Cannes ganó el premio a la mejor actriz y el premio del jurado. Su vestuario estuvo nominado al Oscar.

El argumento, más o menos, es el siguiente: por un lado está Margarita de Valois (Isabelle Adjani), conocida como Margot, hija de Catalina de Médici que es una católica maquinadora del poder y madre del rey de Francia. Aunque Margot está excluida de ascender al trono a causa de la Ley Sálica, su casamiento con un príncipe protestante brinda una oportunidad de reconciliación en una época en que los católicos estaban disputando con los protestantes de Francia (los conocidos como Hugonotes) el control político del país. Catalina decide tener un gesto de buena voluntad (y totalmente adecuado a sus propios intereses), y ofrece la mano de Margot a Enrique de Navarra (Daniel Auteuil) un hugonote prominente, hijo de la reina Juana de Albret (ese mismo año de su casamiento se convertiría en rey de Navarra), aunque simultáneamente maquina para llevar a cabo la famosa Matanza de San Bartolomé de 1572, en la que son asesinados miles de protestantes. El casamiento se consuma pero Margot, no ama a Enrique, y comienza un apasionado romance con el soldado La Môle (Vincent Perez), que también es protestante y proviene de una familia acomodada. Numerosos asesinatos por envenenamiento se suceden, al multiplicarse las intrigas en la corte y el complot de la malévola reina Catalina para que su hijo, el futuro Enrique III ascienda al trono, amenaza las vidas de La Môle, Margot y Henri.

Bueno, pues a todo esto hay que ponerle una música. Una música que acompañe a estos lúgubre e históricos acontecimientos. El compositor elegido para realizar la banda sonora fue Goran Bregovic, autor de varias composiciones para películas de Emir Kusturica y cuya discografía completa se acerca a la treintena de álbumes. Para este trabajo basado parcialmente en melodías renacentistas sacó su lado más gitano tanto en las partes orquestales, como en las instrumentales o en las danzas. En cambio el tema principal de la película, la canción Elo Hi (Canto Nero), tradicional judia, fue interpretada por la cantante israelí ya fallecida Ofra Haza. Ahí es nada, una película que transcurre a finales del siglo XVI, con un tema que narra los conflictos políticos y religiosos entre protestantes y católicos y con música que mezcla temas gitanos, de los Balcanes y tradicionales judíos. ¿Alguien da más? De todos modos, y por si hay alguna duda, la elección fue del todo propicia, ya que dio a la película una ambientación nada idealizada de los hechos narrados. La música parece totalmente propicia para, no solo esta película, sino para estos personajes y esta historia.

La bellísima Elo Hi (Canto Nero), una melodía de músicos de calle como es Rondinella, la delicada Le matin, interpretada en la parte solista por Branka Vasiç, Lullaby, exquisita pieza para guitarra y orquesta, música de fiesta Ruda Neruda, la canción a capella U Te Sam Se Zaljubia, o la creación para la boda, Le mariage, con todo el boato de coro y órgano, componen esta preciosa banda sonora.

Aquí tenéis la esplendorosa boda, matrimonio que ya veis que a Margot poca gracia le hacía y su hermano, el rey, muy sutilmente le obliga a realizar:

Y aquí el audio con la canción central de la película, Elo hi, interpretada por Ofra Haza:

sublimes miserables

El mes pasado lo pasé casi entero leyendo la obra de Victor Hugo, Los miserables. Lo dije en su momento en el Twitter: SUBLIME. Es una obra que en general debido a su magnitud echa a la gente hacia atrás a la hora de decidirse a leerla. En esta sociedad nuestra en la que la comodidad, la inmediatez, el acceso fácil y la esencia de las cosas más que el desarrollo de las mismas, un libro de casi 1200 páginas suele retraer a la gente, incluso a las personas que habitualmente leen. El ritmo de vida frenético que llevamos no nos puede hacer perdernos esta auténtica obra de arte hecha literatura, no podemos desaprovechar la ocasión de leer una novela en donde los sentimientos, más allá de los tiempos en que se desarrollan los hechos narrados, son los verdaderos protagonistas y están totalmente a la orden del día. Podría estar horas y horas intentando convenceros para que lo leais, pero sin más, voy a daros las claves principales de por qué, para mi, la lectura de este libro no solamente es obligatoria, sino aconsejable para el desarrollo de nuestras propias mentes lectoras. Allá va:

1. La historia que se relata en la obra es una historia extraordinaria. Hay libros con una historia regular que están bien escritos y son buenos. Hay libros con una historia magnífica pero pobremente escritos que llegan a buenos. Existen también libros con una magnífica historia y magistralmente escritos. Este es uno de esos libros. La novela relata los esfuerzos de un ex-presidiario por redimirse y la incidencia de sus acciones en la sociedad y el tiempo que le ha tocado vivir.

2. La trama de la historia es magnífica. Una trama compleja, que sube y baja, que entra y sale, pero que discurre sin descansar hasta el final. Una trama en la que los personajes principales, en principio dispersados a lo largo de toda la obra, en principio unidos todos a Jean Valjean, el ex-presidiario, pero desconocidos entre si, van encaminándose hasta encontrarse al final de la obra.

3. Los personajes son variados y complejos. Una obra de esta envergadura tiene muchísimos personajes y todos ellos, no solamente los principales (estos, evidentemente, en mayor medida), son descritos minuciosamente e incluso podemos conocer su vida pasada y y el por qué de la actual. Junto a los personajes ficticios se mezclan los personajes históricos, haciendo la historia totalmente real.

4. Las descripciones de los lugares son minuciosas sin llegar a aburrirnos. Puedo decir que mientras duró la lectura de la obra estuve viviendo en el Paris de principios del XIX. Los paseos por las calles y barrios parisinos, por las riberas del Sena, por los parques románticos, me descubrieron un Paris ahora inexistente pero totalmente cautivador. La descripción del estilo de vida de pobres y ricos en esa época en la Francia rural y en la capital parisina son una maravillosa fuente de información de la sociedad de aquella época. El relato se desarrolla a lo largo de diferentes acontecimientos históricos de la France que se relatan exquisitamente (unos más que otros), como la Revolución de 1789 (el Terror, el Directorio, el golpe de Brumario), el imperio Napoleónico, la Restauración con Luis XVIII y Carlos X y la Revolución de Julio que transfirió el poder a Luis Felipe de Orleans.

5. La novela está llena de análisis y reflexiones sobre la sociedad y personajes de aquel tiempo. La obra razona sobre la naturaleza del bien, el mal, la ley, la arquitectura, la política, la ética, la justicia, la religión, la sociedad y las clases y la naturaleza del amor romántico y familiar. La obra muestra un excelente estudio de la sociedad en esa época; así como de las pasiones, caracteres y actos, que en la misma tienen lugar. Además se nos muestra la pobreza en el siglo XIX y el valor del perdón, conjuntamente con que el rectificarse trae un bienestar y una paz al alma. Es de reseñar que la obra transcurre en una sociedad conservadora (muy arraigada a sus culturas y que no quiere admitir ningún cambio a su forma de vida), clasista y muy machista (los hombres son rudos y machistas y las mujeres delicadas, esforzadas y seguían órdenes de los hombres), lo cual originó pobreza a gran parte de la población (económicamente), descontento con la burguesía (políticamente). Por lo que se puede observar, la parte realmente importante de la obra, es la gente, el pueblo, que tienen sus bajos momentos, pero también sus momentos de gloria.

6. Por último los sentimientos personales de gran parte de los personajes. Sus pensamientos más íntimos están magistralmente desarrollados y recogidos en las páginas de la novela, lo que lleva a creer verdaderamente en estos personajes, que son personajes reales, creíbles y con un pasado y un presente que influyen del todo en la manera de actuar, de sentir y de pensar. Poder leer estos pensamientos íntimos que todo el mundo tiene pero que raramente se comparten y se exponen a la luz pública ha sido uno de los mayores alicientes de la obra.

Me costó separarme de Jean Valjean, Cosette, Marius, Fantine, Thenardier, Javert, el obispo Myriel, Fauchelevent, Gavroche o Enjolrás y tantos y tantos otros que aparecen, desaparecen y reaparecen en las páginas de la obra, pero tengo claro que este es uno de esos libros que quedarán para siempre en mi memoria y al que seguramente acuda alguna otra vez a releer algún pasaje.

Os dejo con un audio del musical. I Dreamed a Dream, Soñé un sueño, interpretado por Sarah Brightman. El personaje que lo canta es la infortunada Fantine, en el primer acto, cuya vida precisamente no ha sido un sueño y canta Soñé un sueño ya hace tiempo, cuando había esperanza y vivir valía la pena, soñé que el amor no moriría nunca, soñé que Dios perdonaría:

el rey bailaba

El belga Gerard Corbiau es uno de esos directores de cine que logró hacer películas con un tema desconocido para el público en general (como la música francesa del siglo XVII, un famoso castrati italiano o la enseñanza musical por parte de un barítono retirado) y las convirtió en auténticos fenómenos de masas. El ejemplo más claro de este saber hacer es el de Farinelli, que se convirtió en todo un fenómeno social, haciendo que la gente se interesase por un tema tan pintoresco como los castrati e incluso acercó la música barroca interpretada por este tipo de cantantes al gran público. Pero no es esta la película de la que quería hablar hoy.

A los 14 años, Louis XIV es rey, pero un rey manejado por su madre, la reina Ana de Austria (la famosa reina de Los tres mosqueteros y ¡que lejos queda su imagen en esta película de la imagen romántica que tenemos gracias a Dumas!) y su Primer Ministro el Cardenal Mazarino. Mientras los demás se dedicaban a gobernar el rey se dedicaba a cazar y sobre todo a bailar. Y esta afición es la que Corbiau retrató en su película Le roi danse, que en castellano se tituló La pasión del rey, una pasión que ayuda al joven rey a convertirse en el rey sol, una transformación en la que su cuerpo humano (y regio) se escapa a su caracter terrenal para transfigurarse en dios. A través de los innumerables ballets creados expresamente para él Louis XIV fue haciéndose su propia imagen de rey que quería ofrecer y su propio caracter de rey absoluto.

Cuando murió el cardenal, el joven Louis decidió tomar las riendas de su reinado (y vaya si lo hizo). Entre los compositores que ayudaron a esta transformación sobresale el italiano Lully que creó músicas para que bailase el rey, músicas para diferentes festividades del monarca, para diversos actos, etc. Toda la música estaba en torno a Louis XIV. Esta obsesión y este creerse imprescindible para el rey de Francia y de Navarra es uno de los temas principales de esta película cuidada al detalle. Una película cuyo guión tuvo como base un libro de Philippe Beaussant titulado Lully ou le musicien du soleil y que es un extraordinario compendio sobre el tema. A partir del libro se realizó el guión, se construyeron los personajes, y se eligió la música. Para interpretar esta música se eligió a Reinhard Goebel, violinista fundador del grupo de música antigua Musica Antiqua Köln y uno de los mayores exponentes en la interpretación de la música antigua y barroca con instrumentos de época y siguiendo las directrices y descubrimientos de la escuela historicista.

Por cierto, esta afición de Louis XIV (creador de la Academia de Ballet de Francia) por el ballet hicieron de él uno de los precursores de lo que hoy conocemos como ballet clásico. Fue en sus coreografías donde empezaron a vislumbrarse pasos y formas que pasarían a ser parte de los pasos del ballet clásico.

Os dejo también un enlace a una página que contiene un extraordinario artículo completísimo con todo todo lo que queráis saber sobre la película, los ballets de Louis XIV, las composiciones de Lully, etc.

Aquí un video con las mejores escenas de ballet de la película. Con todos ustedes el rey sol bailando:

cuando raptar se convierte en arte

Hay un episodio de la mitología clásica que relata el rapto de las sabinas (las esposas, madres e hijas de los sabinos, que eran un pueblo ganadero antiguo de la península itálica) por parte de sus vecinos los romanos. El caso es que los sabinos regresaban de Troya bastante maltrechos y fueron invitados por los romanos a un banquete, aprovechando la fiesta para secuestrar a las sabinas con el fin de poder repoblar Roma, ni más, ni menos. Así que ¿cómo se les ocurrió solucionar el tema? Naturalmente, con una guerra. Tito Tacio, rey sabino (y posteriormente también rey romano) declaró la guerra a los romanos para recuperar sus mujeres pero resulta que entre pitos y flautas éstas ya se habían casado con los romanos, habían tenido hijos y demás, así que el tema estaba delicado. Finalmente en medio de la batalla se interpusieron las sabinas entre los dos bandos exclamando que si ganaban los romanos perderían a sus padres y hermanos y si ganaban los sabinos perderían a sus maridos e hijos, con lo cual la única opción válida en ese momento era la reconciliación y unión entre los dos pueblos. ¡Ay si en la historia se hubiese dejado en más ocasiones a las mujeres hablar y actuar!

Pues bien, esa historia fue representada en un cuadro de grandes dimensiones (que se encuentra en el Museo de Louvre) por el pintor Jacques-Louis David. En el mismo se ve el momento de la intervención de las sabinas (y no el rapto anterior) en medio de la batalla. Hersilia, la hija de Tito, el rey sabino, esposa de Rómulo, el rey romano, se interpone entre su padre y su esposo pidiendo a los soldados que no separen a las mujeres de sus esposos ni a las madres de sus hijos mientras otras mujeres sabinas se unen en su exhortación. El cuadro representa como ninguno la angustia de las madres, esposas e hijas en medio de las guerras.

¿Por qué David pintó este tema en aquel año 1799? En principio parece ser que el cuadro lo pintó en honor a su esposa ya que es el amor el que prevalece frente al conflicto, pero fue también una petición a la ciudadanía para unirse después de pasar diez sangrientos años tras la revolución del 89. Al igual que los sabinos y los romanos debían unir sus esfuerzos por sacar adelante todos los buenos valores que la revolución francesa había conseguido y desterrar todos los malos y terroríficos episodios que habían realizado entre las diferentes facciones post-revolucionarias. Pero es mismo año aparecía el que, durante unos años, unió a todo el Pueblo, Napoleón Bonaparte… aunque eso es ya otra historia.

El cuadro visto en directo, sentado tranquilamente en uno de los bancos del Louvre, haciendo ejercicios de respiración para no dar una patada al japonés que se pone delante tuya para sacar una foto e irse a por el siguiente cuadro en 10 segundos, contemplando los colores, la textura y sobre todo las dimensiones que tiene es digno de ver para intentar comprender al artista, la escena y su momento. Es increíble los detalles que se pueden observar en directo, como la firma de David grabada en la base de una columna entre las piernas de Tito Tacio.

Este motivo ya había sido utilizado por Nicolas Poussin en pintura y  en escultura por Giovanni Da Bologna, ambas en Florencia. Rubens y Picasso también utilizaron el tema, y Pottier, en el 61, y Gout, en el 62, rodaron una película con ese título (la primera protagonizada por Roger Moore).

¡Por cierto que en este cuadro aparece, en mi modesta opinión, uno de los mejores desnudos traseros masculinos en la historia de la pintura! (si es que no es el mejor). Todo hay que decir que este magnífico culo ocasionó alguna queja en su momento entre los miembros de la Academia de Arte francesa, el culo y también el que David antes de exponerlo en el Salón hiciera una exposición privada, por la que había que pagar, poniendo como excusa para este hecho insólito en la época precisamente el desnudo (aunque decía que en la época de las sabinas se representaban a los héroes y a los dioses así, desnudos). Envidia cochina que tiene la gente (del culo de Rómulo y del arte de David).