thunder road

Como la mayoría de los springsteenianos descubrí esta canción en la obra maestra que es, sin lugar a dudas, el más famoso de los álbumes del músico y poeta de New Jersey, el trabajo que consagró a Bruce Springsteen como uno de los mayores artistas que ha dado Estados Unidos en la historia de su música: Born To Run.

Thunder Road, la primera de las canciones de este mítico álbum, una canción que es como una pequeña obra cinematográfica, un corto de una calidad exquisita que nos cuenta una de esas historias a las que el Boss nos tiene acostumbrados. El comienzo de la canción, con esas lastimera notas sacadas de una harmónica y la búsqueda de la Tierra Prometida, esa tierra que no sabemos si es física o producto de la imaginación y a la que Springsteen hará referencia una y otra vez a lo largo de toda su carrera musical. Todo lo que sabemos es que está en alguna parte, en otro lugar. Y son estos sueños los que motivan a sus personajes y les permiten creer que quizá existe un lugar mejor. El de Asbury Park nos cuenta una historia de amor, de esas que transcurren en la carretera, no podía ser de otra manera, en donde el protagonista, que escucha a Roy Orbison se acerca hasta casa de Mary y le desafía que apueste por la vida, que apueste por él. Le deja bien claro que no es un héroe y que lo único que puede ofrecerle es una oportunidad para una vida mejor, ni siquiera le ofrece la seguridad de conseguirla. Pueden ir juntos rumbo a la Tierra Prometida.

Más allá de las referencias bíblicas del término Tierra Prometida, que sin duda las tiene, es en esta canción cuando Bruce hace mención, por vez primera, a la idea de una América democrática y abierta de par en par, una América los suficientemente grande como para acoger a todo el mundo.

Springsteen tenía sólo 24 años cuando escribió la canción y sin embargo contiene una de sus frases más sentidas y profundas: “Así que estás asustado y piensas que quizá ya no somos tan jóvenes”. A sus 24 años Springsteen ya sabía lo dura y difícil que podía llegar a ser la vida y, quién sabe, igual había vivido a sus 24 años mucho más que muchos otros de más edad. Thunder Road representa muchas cosas para mucha gente: una celebración de libertad, un himno del pasado, una esperanza hacia la Tierra Prometida, pero ante todo es una canción en la que personas normales pueden llegar a hacer de su vida “normal” un acto heróico sin llegar a ser héroes al uso.

Ten un poco de fe, hay magia en la noche.

Versiones hay muchas, y a nada que busquéis en Youtube os encontraréis con muchas de ellas, a mi particularmente me gustan las versiones acústicas pero la versión que he elegido para la entrada de hoy es la de aquél 18 de noviembre de 1975, con un Springsteen muy joven, todavía con esa barba desaliñada de sus comienzos, ese aire dejado y esa capacidad para crear canciones con una música y una letra como la de Thunder Road que te ponen los pelos de punta… Señoras y señores, con todos ustedes, desde Hammersmith Odeon, Londres, The Boss!!

Anuncios

¡indignaos!

Me mandaron hace poco un enlace con un pdf para leer un pequeño artículo, un discurso escrito por Stéphane Hessel, un nonagenario de 93 años, que fuera miembro de la Resistencia francesa y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Lo leí, lo releí, lo envié a todas las personas conocidas, a la familia, a amigos y lo compré, porque es uno de esos libros que hay que tener en casa, que hay que leer de vez en cuando, que hay que dejarlo cerca de la cama, para empaparte de su contenido cada cierto tiempo, o todas las noches un poco.

Me ha dado mucho en qué pensar, me está dando mucho en qué pensar. ¿Por qué una persona de 93 años, cuando puede vivir tranquilamente, sin mayores preocupaciones que ese seguir viviendo, piensa, escribe y extiende un mensaje político? Un mensaje político que bien podría estar escrito por una persona joven, porque la frescura que emana de él, la rebeldía que transcurre a través de sus páginas, son la propias, o deberían ser las propias de una persona joven. Afortunadamente Hessel nos demuestra que se puede seguir siendo rebelde sin ser joven, manteniendo la convicciones que ha llevado durante toda su vida. ¿De qué se nos habla en este librito que cuesta 5 euros?

Hessel recuerda el programa político de la Resistencia después de la segunda guerra mundial: un plan completo de Seguridad Social para todos los ciudadanos, una pensión digna y la nacionalización de los recursos energéticos y la banca. Lucharon por la instauración de una verdadera democracia económica y social, que expulse a los grandes feudalismos económicos y financieros de la dirección de la economía. En esa lucha también se reivindicó una prensa independiente, la Resistencia defendía la libertad de prensa, su honor y su independencia del estado, de los poderes del dinero y de las influencias extranjeras. Y, por supuesto, también defendieron el derecho de todos a la educación: la posibilidad efectiva para todos los niños franceses de beneficiarse de la mejor instrucción posible. Todas esas reivindicaciones se producían cuando todavía no había terminado la gran guerra, cuando parte de Francia estaba ocupada por los nazis, cuando millones de cadáveres no habían sido enterrados. En ese contexto de destrucción y muerte hubo jóvenes que fueron capaces de luchar por cambiar todo lo que estaba pasando, de arriesgarlo todo, es decir nada, para construir el futuro. En su texto Hessel reivindica a Jean Paul Sartre, aunque se desmarca de su apoyo a los movimientos armados, el autor de Indignaos recuerda las palabras del filósofo francés en las que defendía la necesidad de no perder la esperanza. La esperanza ha sido siempre una de las fuerzas dominantes de las revoluciones y las insurrecciones. Hessel cuenta su viaje a Gaza y Cisjordania en 2009, después de la operación Plomo que provocó 1400 muertos palestinos (muchos de ellos población civil desarmada que vive en campos de refugiados) frente a los 50 heridos israelíes. Ni la ONU ni la OTAN reaccionaron con la contundencia que hoy tienen con Libia. El autor de Indignaos pone este ejemplo reciente para recordar la gran hipocresía de los grandes estados a la hora de defender o ignorar la Declaración Universal de los Derechos Humanos que redactó el propio Hessel junto a otros activistas y políticos.

No es un gran discurso político, es más, de tan obvio que es no debería ser un texto con tanto éxito. Pero resulta que en esta sociedad de la brevedad, de los 140 caracteres del Twitter, en esta sociedad en donde somos cada día más, si es que esto es posible, individualistas, una reflexión tan breve como 30 páginas (12 en pdf) puede llegar más que una gran obra filosofo-política que solo sea leída por doctos en la materia. Porque, asquerosamente, hemos convertido, estamos convirtiendo esta sociedad en un lugar donde vivir al máximo sin tener en cuenta las consecuencias. Una sociedad en donde la Naturaleza ha pasado a ser un incordio en vez de ser quien guíe nuestras actuaciones, una sociedad en donde las diferencias entre pobres y ricos (y aquí podéis meter todas las posibilidades existentes, desde las diferencias Norte-Sur hasta las diferencias que tenemos con gente más cercana que cobra un subsidio de 425 euros para mantener a su familia o ni siquiera eso), una sociedad en donde la falsedad campa a sus hanchas en detrimento de la autenticidad.

Leedlo, no cuesta nada y seguro que lo volveréis a leer. Cada cual sacaremos nuestras propias conclusiones, unas más profundas, otras menos, pero por lo menos dejaremos de ser, aunque sea durante unos minutos, parte de una sociedad aborregada, incapaz de pensar en algo más aparte de en uno mismo. Dejaremos de ser un individuo solitario para ser individuos de parte de un proyecto común. ¡Indignaos! Aunque sea un poco…

Os dejo el enlace con el pdf para que lo podáis leer. Os dejo el enlace con la página que han hecho del libro para que lo podáis comprar.

Por cierto el prólogo es de otro nonagenario, José Luis San Pedro, indignado igualmente.

 

también en el pacífico

Casi diez años después de Hermanos de sangre, Steven Spielberg y Tom Hanks volvieron a producir una serie de la cadena HBO (se que me repito, ¡pero qué bien hace las series esta cadena!) sobre la II Guerra Mundial, esta vez centrada en las diferentes batallas que hubo en la zona del Pacífico. La serie se tituló The Pacific y estuvo protagonizada por, entre otros, James Badge Dale, Jon Seda y Joseph Mazzello, que durante diez capítulos nos contarán las vivencias que diferentes soldados del Ejército de los EEUU plasmaron en sus memorias.

La serie, como ya he dicho, nos irá contando en los diferentes capítulos la crueldad de la guerra en esa parte del Pacífico y las sangrientas batallas que allí ocurrieron (Guadalcanal, Cabo Gloucester, Peleliu, Iwo Jima y Okinawa). Quizás en esta serie no se hace tanto hincapié en los personajes, tal y como se hacía en su predecesora Hermanos de sangre, pero tiene unos hilos conductores basados principalmente en las experiencias de tres de los marines que allí estuvieron, Eugene Sledge y Robert Leckie y John Basilone.

El cuidado con que está hecha esta serie se puede ver desde los títulos de credito, con una magnífica introducción en donde los dibujos a carboncillo cobran vida mientras ese mismo carboncillo, en macro, avanza sobre el papel plasmando los dibujos de esa historia dantesca que fue la guerra en el Pacífico. En esa misma introducción podéis ver una de las maravillas de la serie que no es otra que la música de la serie, compuesta por el genial Hans Zimmer. La banda sonora es elegante y bella con un marcado tono melancólico y con momentos en donde el horror de la batalla se plasma en sus notas, aunque también nos quedan momentos de esperanza como ver un atardecer en el Pacífico.

La puesta en escena de la serie es muy cuidada y podremos ver batallas, bombas, tiros, explosiones y muerte, pero una de las cosas que más me impactó a mi fue la descripción de la miseria humana, una miseria humana que campa a sus hanchas por los campos de batalla, una miseria humana a la que todo el mundo parece acostumbrarse y junto con ese lado trágico de la naturaleza humana aparecen destellos de luz y de generosidad que te emocionan desde lo más profundo. Si las escenas de las batallas son espectaculares el tono general de la serie no lo es menos y sobre todo nos impacta (o por lo menos a mi me impactó en su momento) la crueldad y el horror de una guerra en donde no sólo los cañones, metralletas y balas mataban, si no la propia naturaleza de esas selvas del Pacífico, con unos calores axfisiantes, agua no potable, enfermedades varias, la añoranza de tu familia, de los tuyos, la anulación como persona, el sentirte marioneta de alguien a quien no conoces… la tragedia, la crueldad, el horror de la guerra en su máxima expresión.

Para quienes queráis verla la emiten los jueves por la noche en Antena 3. No os podéis perderla.

P.D. El contrapunto a este punto de vista norteamericano es la película de Clint Eastwood Cartas desde Iwo Jima, en donde narra las mismas batallas que en esta serie pero desde el punto de vista japonés. Es necesaria conocer toda la historia, no sólo una parte de ella. ¿No os parece?

literatura con baraka

La semana pasada descubrí un autor y una literatura que me llegaron directamente al alma. Un libro con una baraka que estoy seguro una parte de ella llega a todo el que lee la obra, una obra autobiográfica del escritor Abdelá Taia. Mi Marruecos. ¿Y qué es la baraka? Abdelá Taia tiene la baraka. Se dice de alguien que tiene la baraka cuando está “habitado”, cuando posee la fuerza, la energía. Y la transmite. Porque la baraka se siente, se toca, pero sobre todo se pasa, de uno a otro, “se da”. Una baraka que, de una u otra manera, está presente a los largo de los 25 capítulos que componen la que fue la primera obra de este joven autor magrebí.

Abdelá Taia nació en la localidad de Salé, en Marruecos, en 1973. De procedencia humilde, tras los estudios primarios se trasladó a Rabat su universidad para estudiar literatura francesa, lo que le valió una beca para estudiar en Ginebra que al final se convirtió en la una parada hacia la Sorbona de Paris. En Paris es en donde vive desde finales de los 90, en el barrio de Belleville, esa antigua comuna independiente que se ha convertido en el barrio multicultural por excelencia de la capital francesa y que compite con Montmartre en ser el punto más alto de Paris. Estudiando en la antiquísima universidad empezó a escribir un diario para empaparse de la “lengua de los ganadores”, como llamaban en su pueblo al idioma francés, para ir avanzando en esa lengua lo que le hizo ser un auténtico conocedor del correcto uso de esa lengua que hizo propia y cuya peculiaridad particular son las palabras árabes que de vez en cuando saltean la narración como si se tratasen de flores en un oasis.

He leído en diferentes críticas y artículos sobre Taia que es parte de una literatura homosexual, porque él es gay y porque hace de esa condición, esa parte de su todo, su distinción en la escritura, en la forma de expresarse y en las historias que nos cuenta, sus propias historias, su historia. En fin, si la literatura homosexual es contar una historia en la que los protagonistas son gays, o sobre vivencias homosexuales entonces seguramente la literatura de Taia será gay, porque él es abiertamente gay, porque las vivencias que nos cuenta tienen un componente homosexual, porque son sus vivencias. Pero me niego a catalogar la literatura de Taia con un adjetivo excluyente. Porque creo, en todo caso, que ese adjetivo es incluyente aquí. Porque sí, es una literatura homosexual, además de intimista, mágica, sincera, sensual, inocente, sentimental, rompedora…

Mi Marruecos está escrito en 25 capítulos de los cuales los 19 primeros nos cuentan en pasado y primera persona la vida del pequeño, del adolescente y del joven Abdalá en Marruecos hasta el día en que corta el cordón umbilical y se va a Europa. Los 6 últimos nos cuentan Marruecos visto desde Europa, con esa añoranza propia de los exiliados, aunque estos exiliados necesitasen en su momento abandonar su país. Los capítulos de Marruecos in situ son la traducción de los sentimientos de Abdalá siendo niño y joven, esos sentimientos que pocas veces se pueden decir ni en familia, una familia en donde escuchar “te quiero” en el serial radiofónico era señal de que había que irse a la cama para seguir soñando las historias que escuchaban a través de las ondas. Porque la escritura de Abdalá al principio puede parecer fácil, con expresiones infantiles incluso, frases cortas, pero lo que la hace maravillosa es que está escrita en la lengua de los grandes, una lengua universal, ni francesa, ni árabe, la lengua del corazón. Y esto es lo verdaderamente difícil y lo que hace su escritura tan rompedora: habla de sí mismo diciéndonos, descubriéndonos la verdad. Una escritura que nos da margen a la imaginación, a seguir pensando en las historias que nos cuenta, porque Taia nos deja muchas veces la frase sin terminar, los hechos sin concluir, porque a veces las palabras no dichas nos descubren más que las escritas y esa es otra de las cosas que me han gustado del marroquí. Hay que rellenar los interlineados, deducir, entre palabra y palabra, otra, la que falta. Y esto es un placer: la impotencia convertida en fuerza, en goce, gracias al arte de escribir de Abdelá Taia.

Un libro, de verdad, para leer con sentimiento, para empaparte de él, para soñar las historias contadas e inacabadas, para imbuirte de ese arte callado construído sobre todo a partir de silencios, para sentir Mi Marruecos, para dejarte tocar por la baraka de Abdelá Taia.

Me transmitía su baraka y la baraka de sus padres y la de sus abuelos.

Me quería.

Cuando el tren arrancó, nos dijimos adiós con la mano durante mucho tiempo; intentó correr, alcanzarme…

En ese momento me eché a llorar en medio de un compartimento lleno de viajeros repentinamente callados, sollozaba como un bebé. Todos me miraban. Yo me veía irme…

A todo esto, la edición de esta obra en castellano es de la editorial Cabaret Voltaire, otro descubrimiento y otra gozada de cuidada edición.

1000 grullas para japón

La tragedia que el pueblo de Japón vivió el 11 de marzo en forma de terremoto y tsunami y que trajo graves repercusiones en el orden natural, económico y social, no solo de las islas japonesas, sino del mundo en su totalidad, tiene que servirnos para pararnos a pensar y analizar como queremos que sea nuestra relación con la Madre Tierra tan maltratada por todos nosotros.

En Japón se suelen hacer grullas de origami para que se cumplan los deseos que tenemos y una amiga japonesa, Makiko, ha pensado que la solidaridad también puede extenderse por la red en forma de origami. Y eso es precisamente lo que nos propone, que hagamos cada uno una grulla de origami y se la mandemos al blog que ha abierto como muestra de solidaridad hacia el pueblo de Japón.

http://las1000grullas.wordpress.com/

Todo mi amor y buenos deseos para Japón.

MrWilliam

 

el cambio del almendro en flor

Con la Primavera la sangre altera y no solo eso, creo, o por lo menos a mi me pasa, que nos llega un momento de energías renovadas, de poner en marcha los proyectos que durante todo el invierno te han ido rondando por la cabeza y de hacer algunos cambios para salir del letargo invernal.

El almendro en flor es para mi el símbolo de todo esto y el otro día leí (y no se dónde) que en Japón también celebran con una fiesta el florecimiento de los almendros y pensé para mis adentros, que ojalá ese florecimiento significase también un momento de llegada de energías tras el terremoto, el tsunami y el desastre nuclear. Lo deseo de todo corazón.

El caso es que a mi ese cambio me ha llegado directamente al diseño del blog. No os creáis que las tenía todas conmigo. La verdad es que ya me había acostumbrado al diseño del blog, en blanco y gris, bastante monocromático… pero necesitaba este cambio, un cambio que notaréis principalmente en la claridad del blog. Es un diseño en el que predomina el color blanco y una nota de color, el color de un almendro en flor (la foto la hice hace dos semanas en unos jardines) y el tono de ese almendro en el título del blog.

Los artículos, las entradas, creo que van a ser más claras también. La letra es algo más grande y más clara que en el anterior diseño y los título de las entradas van en negrita y con un tamaño algo mayor que la letra de la entrada. Las etiquetas y categorías también quedan más claras en el propio post, incluso la fecha me gusta más.

Los comentarios a cada entrada quedan situados en la parte superior derecha de cada post y pinchando en ese círculo con el número de comentarios nos da la posibilidad de comentar en un atractivo cuadro.

En fin, estos días quizás vayáis viendo más cambios, ya que poco a poco iré probando las posibilidades que este diseño me da. Por cierto el tema se llama Duster y ha sido diseñado por Automattic.

¡Que no se me olvide! Si tenéis oportunidad de ver el blog en un iPad comprobaréis que tiene un diseño especial para esa tableta, algo que este diseño ofrece y que a mi me ha parecido muy buena idea. Es un diseño totalmente optimizado para el iPad. Al teclear la dirección del blog lo primero que os saldrá será una especie de portada de revista con una foto del blog (creo que es la última) y tras dar vuelta a la página (literalmente) os aparecen los cinco últimos posts para que podáis pinchar sobre ellos y leer el artículo o la entrada completa. Si queréis leer entradas anteriores no tenéis más que pasar la página de la “revista” y os aparecerán otras cinco. ¡Me ha encantado! Os dejo la captura de pantalla al final del post.

Espero que os guste el nuevo diseño y agradeceré todas vuestras sugerencias. Y sin más dilación me dispongo a escribir el siguiente post!

 

 

humor rural e inglés

La pasada semana estuve leyendo tranquilamente una novela que la fantástica editorial Impedimenta publicó el año pasado. La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, con traducción de José C. Vales. Esta novela fue la ganadora del Premio Femina-Vie Heureuse en 1933 y está considerada la novela cómica inglesa más perfecta del siglo XX. Vayamos por partes.

Stella Gibbons nació en Londres en 1902. Fue la mayor de tres hermanos. Sus padres, ejemplo de la clase media inglesa suburbana, le dieron una educación típicamente femenina. Su padre, un individuo bastante singular, ejercía como médico en los barrios periféricos más pobres de Londres, aunque tenía tendencias suicidas, le encantaba el alcohol y el láudano, y era dado a los ataques de odio hacia el género femenino en general. Esta turbulenta infancia marcó a Stella Gibbons, que utilizó parte de ese material para crear a los grotescos Starkadder, protagonistas de su obra maestra, La hija de Robert Poste. En 1921, Stella se matriculó en periodismo, y luego empezó a trabajar en la British United Press. En 1926, Maudie, la madre de Stella, murió, y su padre la siguió pocos meses después. En 1930, mientras trabajaba en el Evening Standard, publicó un libro de poemas, The Mountain Beast, que recibió elogios de la mismísima Virginia Woolf. La hija de Robert Poste fue publicada en 1932 y su éxito fue instantáneo (aunque fuera prohibida en la recién nacida República de Irlanda por su velada defensa de la contracepción). En 1934 la novela fue galardonada con el Prix Femina-Vie Heureuse. De hecho, Gibbons es conocida casi exclusivamente por esta obra, que conoció varias secuelas y adaptaciones cinematográficas, y que está considerada la novela cómica más perfecta de la narrativa inglesa del XX. Stella Gibbons es autora de veinticinco novelas, entre las que destacan Basset (1933), Enbury Heath (1935), Nightingale Wood (1938) o Here Be Dragons (1956), amén de tres volúmenes de relatos y cuatro libros de poesía, la mayoría de ellos muy vendidos y celebrados en el mundo anglosajón. Estuvo casada durante más de veinticinco años con el actor y cantante Allan Webb, que murió en 1959. Dejó de publicar en 1972, aunque escribió dos novelas que fueron publicadas a su muerte, hecho que aconteció en 1989 en Londres. Está enterrada en el cementerio de Highgate.

En cuanto a la novela nos narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación «cara, deportiva y larga», se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm (título original de la obra), en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año «cuando florece la parravirgen»; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera». Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su “aventura”.

Todos los personajes son caricaturas de grupos de personas británicas de la época desde la protagonista Flora, típica niña bien que se quiere comer el mundo y arreglar la vida de los demás, pasando por el predicador, el escritor, la criada a jornal, la matriarca, etc. La burla continúa con los pasajes almibarados y churriguerescos que adoban el texto de vez en cuando, los cuales hábilmente señalados con tres asteriscos nos hacen reír pero que de perversos no son casi exagerados. Las frases hechas y repetitivas desde el “vi algo sucio en la leñera” hasta el “siempre ha habido Starkadder en Cold Comfort” resaltan los aspectos absurdos de esa sabiduría popular al igual que los libros de autoayuda inventados sirven para que la protagonista avíe el entuerto. Los nombres también son jocosos, todos implican burla en el original y retratan a los personajes y los lugares donde más les duele. Desde la señora escarabajo hasta la familia víbora.

El que sea una novela tremendamente divertida y la novela cómica inglesa más desternillante del siglo XX pues que os voy a decir. He leído cosas más divertidas. Cuando al principio de la entrada he puesto el nombre del traductor no ha sido gratuito. Creo, sin temor a equivocarme, que esta novela será tremendamente más divertida en su original inglés y desternillante si quien lo lee pertenece al medio rural inglés (y si me apuras galés). El hecho es que Gibbons utilizó un vocabulario muy específico lleno de recursos literarios y lingüísticos que más a mano tenía (dudo que la mayoría de los ingleses de hoy en día pillen todas las notas humorísticas que tiene el libro). Esos recursos son un verdadero contratiempo a la hora de verterlos a otra lengua, precisamente porque el buen humor se halla en ocasiones en matices cuya traducción no siempre es posible. Es una novela escrita a comienzos de los años treinta, con un lenguaje muy concreto y haciendo referencia a un montón de aspectos sociales y culturales que nosotros no logramos comprender. De todos modos la traducción y las notas a pie de página (inevitables en este caso) de José C. Vales son una maravilla y dentro de la dificultad señalada creo que ha hecho un trabajo impecable de una dificilísima traducción.

Yo puedo decir que he disfrutado con la novela y conforme transcurría la historia cada vez más, ya que el propio desarrollo de los acontecimientos que ocurren en la granja Cold Conform de los Starkadder hacen que sonrías a cada página que pasas. Me queda la pena de haberme perdido un montón de matices que seguramente están en la versión original. Nuevamente la edición de Impedimenta es una gozada aunque en esta ocasión hubo un momento en que me despisté ya que alguna fecha de la historia está mal transcrita.

Si la veis en la librería, en la biblioteca, la tiene algún amigo o amiga, vuestra tía o la vecina, no lo dudéis. Cogedlo, compradlo, tomadlo prestado y disfrutar de su lectura. Si tenéis el amplio conocimiento de inglés necesario para leer esta novela en su versión original, leedla… y me contáis.

La novela ha sido adaptada por la BBC en dos ocasiones, siendo la primera en 1968 en forma de miniserie de tres capítulos y la segunda en una película para la televisión en 1995. Os dejo con el trailer de esa segunda versión (que tendré que ver sí o sí):