una conjetura wildeana sobre la dedicatoria de los sonetos shakespeareanos

Para un ferviente shakespeareano como este que aquí escribe ha sido toda una sorpresa toparse con un librito de Oscar Wilde en el que desarrolla de una manera totalmente creíble una tesis sobre la dedicatoria de los Sonetos del genial bardo inglés. La novela, de algo más de cien páginas, titulada El retrato del señor W. H., nos sitúa ante la posibilidad de que los Sonetos estuviesen dedicados a un joven actor de la compañía de Shakespeare, un tal Willie Hughes y no a William Herbert, conde de Pembroke.

La dedicatoria de los Sonetos nombra a un Mr. W. H. unico inspirador de los sonetos y su identidad ha sido causa de un gran número de especulaciones y entre los posibles candidatos están:

  • William Herbert (el conde de Pembroke), considerado por muchos como el principal candidato, ya que a él está dedicado también el First Folio de las obras de Shakespeare.

  • Henry Wriothesley (el conde de Southampton). Muchos han afirmado que ‘W.H.’ son las iniciales de Southampton al revés, y que es un candidato apropiado en tanto que a él le dedicó Shakespeare sus poemas Venus & Adonis y La Violación de Lucrecia. Southampton era también conocido por su buen aspecto, y se ha sugerido en ocasiones que podría ser el ‘fair youth’ de los Sonetos.

  • Sir William Harvey, padrastro de Southampton. Esta teoría asume que el fair youth y Mr. W.H. son personas distintas, y que Southampton es ese joven. Harvey sería el “begetter” (inspirador) de los sonetos en el sentido de que sería él quien se los proporcionó al editor.
  • El mismo Shakespeare, William Himself (W. H.). Esta teoría fue propuesta por el especialista alemán D. Barnstorff, aunque no ha encontrado mucho apoyo.

  • William Hall. Hall fue un impresor responsable de la impresión de otras obras publicadas por Thorpe (de acuerdo con esta teoría, la dedicatoria es simplemente un tributo de Thorpe a su colega y no tiene nada que ver con Shakespeare). Esta teoría, apuntada por primera vez por Sir Sidney Lee en su A Life of William Shakespeare, fue seguida por Colonel B.R. Ward en su The Mystery of Mr. W.H. Los que la apoyan indican que el nombre completo “William Hall” aparece si la palabra “all”, que sigue inmediatamente a las iniciales en la dedicatoria, se le añade a ellas. Hay también evidencia documental de un William Hall de Hackney que firmaba como ‘WH’ tres años antes, aunque no parece que sea el mismo que el impresor.
  • William Haughton, un dramaturgo contemporáneo.
  • Y finalmente Willie Hughes. El especialista del siglo XVIII Thomas Tyrwhitt propuso por primera vez la teoría de que el Mr. W.H. (y el Fair Youth) fue “William Hughes”, basándose en presuntos juegos de palabras en los Sonetos. El argumento fue repetido en la edición de 1790 de los sonetos a cargo de Edmund Malone. La exposición más famosa de esta teoría se encuentra, precisamente, en el relato de Oscar Wilde titulado The Portrait of Mr. W.H. en el que el narrador de la historia describe los juegos de palabras con “will” y “hues” en los sonetos, y afirma que fueron escritos pensando en un joven y seductor actor llamado Willie Hughes que actuaba en papeles femeninos en las obras de Shakespeare. Sin embargo, no hay evidencia de la existencia de tal persona.

La polémica no se circunscribe exclusivamente a la dedicatoria de los sonetos ya que la identidad de Lady Dark, otra de los protagonistas de algunos de los Sonetos, sigue ofreciendo material para el estudio, y sin ir más lejos este verano tuvimos noticia de la posibilidad que esta mujer fuese una prostituta muy conocida en aquél Londres shakesperiano.

En fin, a lo que íbamos, que con Shakespeare, su vida y sus obras nos podemos perder en comentarios y debates. El libro de Wilde es una gozada, cortito, sencillo, con la escritura más erudita y a la vez sencilla del irlandés desarrollando una de sus pasiones más conocidas: Shakespeare. No os lo podéis perder! Yo lo tuve muy claro. Oscar Wilde, William Shakespeare y una tesis desarrollada en torno a uno de los muchos enigmas sobre el bardo  de Stratford-upon-Avon.

london river

Mientras la tarde dominical va desgranando sus minutos alrededor del circo futbolístico y sabiéndome engañado en la promesa de un apacible y soleado domingo abofeteado por el otoño de la ciudad decido refugiarme otra vez en Filmin para disfrutar de una película de calidad y sin cortes cada dos por tres. El catálogo de Filmin se ha ido ampliando cada vez más y son cada vez más las películas y series de muy buena calidad que podemos encontrarnos en el portal cinematográfico. Tras unos minutos de incertidumbre me decido por una película en torno a Londres, cómo no, pero en torno a uno de los sucesos que más han marcado su aspecto doloroso y trágico: los atentados del 7 de julio de 2005.

London River, nos presenta a una señora viuda que vive en un pueblo de una isla del Canal de la Mancha, cristiana, granjera y con una hija estudiando en la capital británica. Elizabeth. Por otro lado nos encontramos a Ousmane, africano que vive en Francia trabajando de guardabosques, musulmán y con un hijo estudiando en Londres. Las trágicas explosiones de aquel 7 de julio van a hacer que se encuentren estas dos personas que, en principio tan poco tienen que ver entre sí. ¿O sí?

Esta película cruda, sin música de fondo, sin esa banda sonora que suavice la vida, dirigida en 2010 por el cineasta franco-argelino Rachid Bouchareb, nos traslada una reflexión que en esta vida deberíamos hacer más a menudo. ¿Qué hay realmente de cierto en las diferencias culturales y sociales que los medios y la propia sociedad se empeñan en remarcar frente a los nexos en común que podemos tener? ¿Por qué en la búsqueda de unos hijos por parte de una madre y un padre nos agarramos a las diferencias y a los prejuicios en torno al origen, el color o las religiones en vez de observar inmediatamente las similitudes e igualdades de sus vidas, sentimientos y experiencias? La cinta, sin ahondar en demasía en la historia de aquéllos atentados, nos transporta a un abanico de sentimientos en común de dos personas que se ven atrapadas en un mismo hecho, la búsqueda de sus dos hijos, la posibilidad de que se hayan visto envueltos en los atentados de una u otra manera, la comunicación madre-hija y padre-hijo… Prejuicios, racismo, diferencias, pensamiento único frente a comprensión en la diferencia, una situación idéntica, igualdades y diferentes formas de pensar sin que eso suponga pensamientos encontrados. Dos seres de planetas distantes unidos por el dolor y la búsqueda obstinada de un hijo ausente que se aportan calor mutuamente econtrando paz en la mirada del otro.

El actor que encarna a Ousmane es Sotigui Kouyate, sorprendente y Brenda Blethyn da vida a Elizabeth, una actriz extraordinaria, de esas que habría que escribir en letras mayúsculas pues mayúsculo es su arte e interpretación. Si tenéis oportunidad no dejéis de verla. Merece la pena y mucho.

música para una batalla en guadalcanal

En 1998 el director Terrence Malick versionó para la gran pantalla la novela de James Jones, La delgada línea roja y fue presentada mundialmente en el Festival de Cine de Berlín del año siguiente en sonde se alzó con el Oso de Oro a la Mejor Película.

Malick está considerado por gran parte de la crítica como uno de los grandes directores de su generación, a pesar de contar con muy pocos títulos en su haber. De 1973 a 2005 realizó cuatro películas, todas ellas consideradas obras maestras en diferentes aspectos en la totalidad de la obra (1973. Malas tierras, 1978. Días del cielo, 1998. La delgada línea roja y 2005. El nuevo mundo) y en 2011 estrenará su quinto largometraje, El árbol de la vida. En 2012 estrenará su sexta película, que todavía no tiene título y parece ser que está en proyecto la realización de una película sobre la vida del músico Jerry Lee Lewis.

Jones es un autor estadounidense que se inspiró en sus vivencias de la Segunda Guerra Mundial para escribir las que serían sus obras más famosas (De aquí a la eternidad y La delgada línea roja).

La película de la que hablo narra la historia de las tropas norteamericanas en la Batalla de Guadalcanal, campaña desarrollada entre mediados de 1942 y principios de 1943 en las islas del Pacífico, en el sur de las Islas Salomon, siendo la mayor ofensiva lanzada contra el Imperio japonés en el desarrollo de la II Guerra Mundial. El argumento por lo tanto es totalmente cinematográfico. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de marines son enviados a una misión destinada a frenar el avance japonés en el Pacífico. La desesperada lucha y los horrores de la guerra hacen mella en la moral de los soldados y todos ellos reflexionan sobre el sentido de sus vidas y su necesidad de supervivencia.

El compositor elegido para poner música a esta película fue, ni más, ni menos, que Hans Zimmer, músico de origen alemán que se ha caracterizado por saber compaginar y unir la música espectacular para películas grandiosas con partituras muy elaboradas. El oscarizado autor realizó con esta partitura una de sus mejores bandas sonoras (y posiblemente la mejor hasta esa fecha), partitura en apariencia densa y compleja, tanto por su estructura como por su melódica. Sin embargo, está ordenada en base a tres ideas que se describen con la música a lo largo de la película: la opresión de los soldados en el frente de batalla, la desolación por las pérdidas humanas y un sentido de liberación espiritual, que es la que conocen gracias a las reflexiones que hacen ante la situación límite en la que se encuentran. La banda sonora expresa también el terror y la angustia pero también hay instantes más esperanzadores que se consiguen mediante un adagio y con el empleo de un cántico nativo. El compositor recurre a una orquesta sinfónica ampliada con instrumentos orientales (como el koto, la flauta shakahachi, etc.) y sintetizador.

Creo que esta banda sonora es un auténtico legado espiritual, una pieza de un fascinante poder evocador e inevitable genialidad. La música es desgarradora y ciertamente pesimista, pero hay esperanza, y mucha, en sus notas. Hay momentos tremendamente terribles, oscuros, como terrible y oscura debe de ser una batalla, pero quizás lo más curioso después de escuchar la banda sonora sea el sentimiento de esperanza que se te queda en el cuerpo. Las batallas, dentro de su crueldad, de su terror, de su maldad están protagonizadas por seres humanos que como tales tienen sus sentimientos, sus pensamientos, sus temores y sus esperanzas y esto último es el componente final de esta extraordinaria música.

De los cortes de la banda sonora el más reseñable es, desde luego, el tercero, el titulado Journey to the line, el más bello e importante de la película (y de los más bellos e importantes de la carrera de Zimmer) y uno de los más respetados por el director de la película, Malick. Suena en dos ocasiones, en dos momentos importantes de la película y estoy seguro que es gracias a esta música, entre otras cosas, por lo que la película de Malick es una auténtica obra maestra. El corte es un crescendo emocional indescriptible. Comienza con unas notas a cuerda, que asemejan un reloj acelerado, y con más notas de violines, ayudadas por lo que parecen trompetas, alcanza una de las cotas de paroxismo más conmovedoras de la entera historia del cine. En realidad, su razón de ser, es la de atrapar todo el dolor y toda la belleza del mundo, y convertirlas en notas musicales. Nada menos. Música para romper el corazón. su parte final, sólo con violines, es el broche perfecto para esta pieza excepcional de arte musical.

El segundo corte con el que me quedo es God U tekem laef blong mi, pieza capital para comprender la película, interpretada por los aborígenes de las islas Solomon. Una preciosa oración cantada en “pidgin-english”, con lo que el vocabulario británico está ligeramente alterado. El título de esta canción en concreto, sería algo como ‘God you take my life’, es decir, Dios llévate mi alma. Muy diferente a todo lo propuesto por Zimmer, se engarza sin embargo con gran perfección con el tono de lo que quiere contar Malick. Insuperable.

¿Qué os parece esta música? ¿La conocíais? ¿Y la película?

Para quienes queráis escuchar la banda sonora completa aquí os dejo el enlace a la lista que he creado en Spotify: música para una batalla en guadalcanal.

¡indignaos!

Me mandaron hace poco un enlace con un pdf para leer un pequeño artículo, un discurso escrito por Stéphane Hessel, un nonagenario de 93 años, que fuera miembro de la Resistencia francesa y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Lo leí, lo releí, lo envié a todas las personas conocidas, a la familia, a amigos y lo compré, porque es uno de esos libros que hay que tener en casa, que hay que leer de vez en cuando, que hay que dejarlo cerca de la cama, para empaparte de su contenido cada cierto tiempo, o todas las noches un poco.

Me ha dado mucho en qué pensar, me está dando mucho en qué pensar. ¿Por qué una persona de 93 años, cuando puede vivir tranquilamente, sin mayores preocupaciones que ese seguir viviendo, piensa, escribe y extiende un mensaje político? Un mensaje político que bien podría estar escrito por una persona joven, porque la frescura que emana de él, la rebeldía que transcurre a través de sus páginas, son la propias, o deberían ser las propias de una persona joven. Afortunadamente Hessel nos demuestra que se puede seguir siendo rebelde sin ser joven, manteniendo la convicciones que ha llevado durante toda su vida. ¿De qué se nos habla en este librito que cuesta 5 euros?

Hessel recuerda el programa político de la Resistencia después de la segunda guerra mundial: un plan completo de Seguridad Social para todos los ciudadanos, una pensión digna y la nacionalización de los recursos energéticos y la banca. Lucharon por la instauración de una verdadera democracia económica y social, que expulse a los grandes feudalismos económicos y financieros de la dirección de la economía. En esa lucha también se reivindicó una prensa independiente, la Resistencia defendía la libertad de prensa, su honor y su independencia del estado, de los poderes del dinero y de las influencias extranjeras. Y, por supuesto, también defendieron el derecho de todos a la educación: la posibilidad efectiva para todos los niños franceses de beneficiarse de la mejor instrucción posible. Todas esas reivindicaciones se producían cuando todavía no había terminado la gran guerra, cuando parte de Francia estaba ocupada por los nazis, cuando millones de cadáveres no habían sido enterrados. En ese contexto de destrucción y muerte hubo jóvenes que fueron capaces de luchar por cambiar todo lo que estaba pasando, de arriesgarlo todo, es decir nada, para construir el futuro. En su texto Hessel reivindica a Jean Paul Sartre, aunque se desmarca de su apoyo a los movimientos armados, el autor de Indignaos recuerda las palabras del filósofo francés en las que defendía la necesidad de no perder la esperanza. La esperanza ha sido siempre una de las fuerzas dominantes de las revoluciones y las insurrecciones. Hessel cuenta su viaje a Gaza y Cisjordania en 2009, después de la operación Plomo que provocó 1400 muertos palestinos (muchos de ellos población civil desarmada que vive en campos de refugiados) frente a los 50 heridos israelíes. Ni la ONU ni la OTAN reaccionaron con la contundencia que hoy tienen con Libia. El autor de Indignaos pone este ejemplo reciente para recordar la gran hipocresía de los grandes estados a la hora de defender o ignorar la Declaración Universal de los Derechos Humanos que redactó el propio Hessel junto a otros activistas y políticos.

No es un gran discurso político, es más, de tan obvio que es no debería ser un texto con tanto éxito. Pero resulta que en esta sociedad de la brevedad, de los 140 caracteres del Twitter, en esta sociedad en donde somos cada día más, si es que esto es posible, individualistas, una reflexión tan breve como 30 páginas (12 en pdf) puede llegar más que una gran obra filosofo-política que solo sea leída por doctos en la materia. Porque, asquerosamente, hemos convertido, estamos convirtiendo esta sociedad en un lugar donde vivir al máximo sin tener en cuenta las consecuencias. Una sociedad en donde la Naturaleza ha pasado a ser un incordio en vez de ser quien guíe nuestras actuaciones, una sociedad en donde las diferencias entre pobres y ricos (y aquí podéis meter todas las posibilidades existentes, desde las diferencias Norte-Sur hasta las diferencias que tenemos con gente más cercana que cobra un subsidio de 425 euros para mantener a su familia o ni siquiera eso), una sociedad en donde la falsedad campa a sus hanchas en detrimento de la autenticidad.

Leedlo, no cuesta nada y seguro que lo volveréis a leer. Cada cual sacaremos nuestras propias conclusiones, unas más profundas, otras menos, pero por lo menos dejaremos de ser, aunque sea durante unos minutos, parte de una sociedad aborregada, incapaz de pensar en algo más aparte de en uno mismo. Dejaremos de ser un individuo solitario para ser individuos de parte de un proyecto común. ¡Indignaos! Aunque sea un poco…

Os dejo el enlace con el pdf para que lo podáis leer. Os dejo el enlace con la página que han hecho del libro para que lo podáis comprar.

Por cierto el prólogo es de otro nonagenario, José Luis San Pedro, indignado igualmente.

 

también en el pacífico

Casi diez años después de Hermanos de sangre, Steven Spielberg y Tom Hanks volvieron a producir una serie de la cadena HBO (se que me repito, ¡pero qué bien hace las series esta cadena!) sobre la II Guerra Mundial, esta vez centrada en las diferentes batallas que hubo en la zona del Pacífico. La serie se tituló The Pacific y estuvo protagonizada por, entre otros, James Badge Dale, Jon Seda y Joseph Mazzello, que durante diez capítulos nos contarán las vivencias que diferentes soldados del Ejército de los EEUU plasmaron en sus memorias.

La serie, como ya he dicho, nos irá contando en los diferentes capítulos la crueldad de la guerra en esa parte del Pacífico y las sangrientas batallas que allí ocurrieron (Guadalcanal, Cabo Gloucester, Peleliu, Iwo Jima y Okinawa). Quizás en esta serie no se hace tanto hincapié en los personajes, tal y como se hacía en su predecesora Hermanos de sangre, pero tiene unos hilos conductores basados principalmente en las experiencias de tres de los marines que allí estuvieron, Eugene Sledge y Robert Leckie y John Basilone.

El cuidado con que está hecha esta serie se puede ver desde los títulos de credito, con una magnífica introducción en donde los dibujos a carboncillo cobran vida mientras ese mismo carboncillo, en macro, avanza sobre el papel plasmando los dibujos de esa historia dantesca que fue la guerra en el Pacífico. En esa misma introducción podéis ver una de las maravillas de la serie que no es otra que la música de la serie, compuesta por el genial Hans Zimmer. La banda sonora es elegante y bella con un marcado tono melancólico y con momentos en donde el horror de la batalla se plasma en sus notas, aunque también nos quedan momentos de esperanza como ver un atardecer en el Pacífico.

La puesta en escena de la serie es muy cuidada y podremos ver batallas, bombas, tiros, explosiones y muerte, pero una de las cosas que más me impactó a mi fue la descripción de la miseria humana, una miseria humana que campa a sus hanchas por los campos de batalla, una miseria humana a la que todo el mundo parece acostumbrarse y junto con ese lado trágico de la naturaleza humana aparecen destellos de luz y de generosidad que te emocionan desde lo más profundo. Si las escenas de las batallas son espectaculares el tono general de la serie no lo es menos y sobre todo nos impacta (o por lo menos a mi me impactó en su momento) la crueldad y el horror de una guerra en donde no sólo los cañones, metralletas y balas mataban, si no la propia naturaleza de esas selvas del Pacífico, con unos calores axfisiantes, agua no potable, enfermedades varias, la añoranza de tu familia, de los tuyos, la anulación como persona, el sentirte marioneta de alguien a quien no conoces… la tragedia, la crueldad, el horror de la guerra en su máxima expresión.

Para quienes queráis verla la emiten los jueves por la noche en Antena 3. No os podéis perderla.

P.D. El contrapunto a este punto de vista norteamericano es la película de Clint Eastwood Cartas desde Iwo Jima, en donde narra las mismas batallas que en esta serie pero desde el punto de vista japonés. Es necesaria conocer toda la historia, no sólo una parte de ella. ¿No os parece?

el chico bailaba

Corría el año 2000 cuando un niño de una localidad de Inglaterra metida de lleno en las huelgas mineras de 1984 y 1985 nos hizo soñar al ritmo del ballet. La verdad es que si lo pensamos bien el escenario, los personajes, el tema y la época eran lo más raro para aparecer juntas en una película. El escenario es Inglaterra, no sabemos muy bien dónde, pero podría ser el norte de Inglaterra. La época es a mediados de los años 80, cuando las huelgas de la minería inglesa se convirtieron en una dura batalla entre los sindicatos y la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, que finalmente ganó la señora en cuestión. El tema es el ballet, ni más ni menos, las posibilidades de un chico, de un niño, para aprender ballet y salir de las limitaciones que tiene el lugar y el momento donde le ha tocado vivir. Los personajes, los típicos obreros ingleses, de clase media-baja, proletariado puro y duro y unos niños como cualquier otro niño, con sus sueños, sus preguntas, sus dudas y su característico punto de vista a la hora de observar la vida y el mundo que les rodea. Este niño, esta película, este sueño se llamó, se llama, Billy Elliot.

Como he dicho, la película se centra en el personaje de 11 años de edad, Billy Elliot, interpretado por un jovencísimo Jamie Bell, en su amor por el baile, y en su esperanza de convertirse en un bailarín de ballet profesional. Billy vive con su padre viudo, Jackie ( un extraordinario Gary Lewis ), el hermano mayor, Tony (Jamie Draven), y su anciana abuela Nan (Jean Heywood), quien en su juventud aspiró a ser una bailarina profesional. Tanto Jackie como Tony son mineros del carbón en huelga. El personaje de la abuela es una auténtica delicia, teniendo escenas totalmente conmovedoras y algunas muy divertidas.

Jackie suele llevar a Billy al polideportivo para aprender boxeo , pero no es esto lo que le gusta a Billy (por mucho que a su padre le parezca lo más normal del mundo que un niño de 11 años de su pueblo aprenda boxeo para hacerse un hombre). Para desgracia de su padre las clases de boxeo coinciden con las clases de ballet clásico y es ahí donde se apunta, sin que su padre lo sepa, el bueno de Billy. Cuando el padre lo descubre le prohíbe tomar cualquier clase de ballet más. Pero, apasionado por el baile, Billy continúa en secreto sus clases con la ayuda de su profesora de danza Georgia Wilkinson (una maravillosa Julie Walters). La escena de Billy, algo avergonzado, tomando la primera clase de ballet es sencillamente preciosa.

Georgia cree que Billy tiene el talento suficiente para estudiar en la Royal Ballet School de Londres , pero debido a la detención de Tony durante unos altercados entre la policía y los mineros en huelga, Billy se pierde la audición para ingresar en la escuela así que Georgia va a casa de Billy para hablarle a su padre acerca de la oportunidad perdida. Aunque Jackie y Tony no lo ven así ya que su mayor temor es que se convierta en bailarín profesional y se le considere en el pueblo un “marica”. La escena que sigue a la visita de la profesora, con un Billy sacando todo su enfado mediante el baile es también una de las más famosas de la película. La “cuestión” sobre la orientación sexual de Billy y el que una profesión o actividad (en este caso el ballet) pueda condicionar esa orientación sale en diferentes ocasiones en la cinta y uno de los personajes más bonitos del largometraje es el del mejor amigo de Billy, Michael, un niño que se siente atraído por su amigo y con quien finalmente podrá establecer las diferencias entre el hecho de bailar, la amistad entre dos amigos y la atracción sexual.

Finalmente Jackie se da cuenta de que su hijo tiene realmente un talento para el baile, y hará lo que sea necesario para ayudar a Billy realizar su sueño. Aquí es donde llega el enfrentamiento entre padre e hijo mayor, ya que el padre decide dejar la huelga para poder trabajar y ganar dinero con el que poder ayudar a Billy. En cambio, sus compañeros mineros y los vecinos del barrio recaudan fondos para Billy y Jackie lo lleva a Londres a una audición para el Royal Ballet School. Aunque muy nervioso, Billy se defiende bien, pero tras golpear a otro niño en un ataque sin provocación en la audición (yo habría hecho lo mismo con ese niñato bocazas), es severamente reprendido por la junta de revisión. Al creer haber perdido su oportunidad, Billy, desacreditado y abatido, vuelve a casa con su padre. Algún tiempo después, Billy recibe una carta de aceptación de la Royal Ballet School. Las escenas de la audición logran trasladarnos toda la tensión que se puede llegar a crear en ese tipo de pruebas. Cualquiera que haya pasado por algo parecido lo sabrá.

La bella escena final de la película es unos años más tarde, cuando Billy finalmente ha alcanzado su meta: un Billy maduro (interpretado por el bailarín y actor Adam Cooper) se sube al escenario para llevar a cabo la coreografía de Matthew Bourne, El lago de los cisnes. De esta coreografía hablé hace poco en otra entrada. Tanto el padre, como el hermano y Michael, su mejor amigo de la infancia, miran desde la sala de butacas.

La película ganó varios premios del Cine Británico Independiente, de los BAFTA, y nominaciones a los Óscar y a los Globo de Oro. La película se convirtió en novela después, gracias a la adaptación de Melvin Burgess y en 2005 se convirtió en un musical.

Una película con una historia conmovedora para ver y volver a ver de vez en cuando con la ilusión de terminar la película y bailar un rato por ahí (o simplemente saltar, correr y reír).