abide with me

La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fue una de las más impactantes que hayamos visto jamás y sin duda alguna la demostración de cómo vender al mundo la imagen y la cultura de un país. Música, cine, teatro, Dickens, Shakespeare, historia, la participación de las más altas instancias y los personajes más emblemáticos de la actualidad british… Entre los muchos y magníficos momentos que nos dejó la ceremonia me quedo con uno que me pareció extraordinario por su puesta en escena, su música y su interpretación. Los latidos de un corazón, el corazón universal, dieron paso a una maravillosa Emeli Sande regalando a nuestros oídos una desnuda interpretación del himno Abide With Me.

Abide With Me es uno de esos himnos anglosajones que lo mismo se canta en iglesias que en acontecimientos deportivos. No es un himno que invoca grandezas, ni es tampoco de agradecimiento, ni es uno de esos himnos que destilan alabanzas, es un himno humilde, de esos que dicen “mira aquí estoy, soy poca cosa, pero pongo mi confianza en tus manos”. Literalmente “Soporta la carga conmigo”. Más allá del significado religioso de la letra, escrita por el ministro angligano Francis Henry Lyte poco antes de morir en 1847, es un himno que se canta en funerales, en encuentros deportivos y que en los últimos tiempos se le ha dado un significado de unión y respeto en la diversidad ya que ha sido apropiado por las diferentes principales religiones monoteístas. Se invoca a la victoria del bien sobre el mal y al concepto de paz universal. Era uno de los himnos favoritos de Mahatma Gandhi y fue cantado en los momentos finales del Titanic (o por lo menos eso dicen).

Todo buen himno basa su reconocimiento principalmente a la música y en este caso la melodía de este himno, de una belleza pura, es obra del compositor William H. Monk, organista inglés del siglo XIX.

Os dejo con la interpretación de Emeli Sande, en este caso la versión grabada en estudio. Un momento de paz interior que quería compartir con todas vosotras y vosotros.

thunder road

Como la mayoría de los springsteenianos descubrí esta canción en la obra maestra que es, sin lugar a dudas, el más famoso de los álbumes del músico y poeta de New Jersey, el trabajo que consagró a Bruce Springsteen como uno de los mayores artistas que ha dado Estados Unidos en la historia de su música: Born To Run.

Thunder Road, la primera de las canciones de este mítico álbum, una canción que es como una pequeña obra cinematográfica, un corto de una calidad exquisita que nos cuenta una de esas historias a las que el Boss nos tiene acostumbrados. El comienzo de la canción, con esas lastimera notas sacadas de una harmónica y la búsqueda de la Tierra Prometida, esa tierra que no sabemos si es física o producto de la imaginación y a la que Springsteen hará referencia una y otra vez a lo largo de toda su carrera musical. Todo lo que sabemos es que está en alguna parte, en otro lugar. Y son estos sueños los que motivan a sus personajes y les permiten creer que quizá existe un lugar mejor. El de Asbury Park nos cuenta una historia de amor, de esas que transcurren en la carretera, no podía ser de otra manera, en donde el protagonista, que escucha a Roy Orbison se acerca hasta casa de Mary y le desafía que apueste por la vida, que apueste por él. Le deja bien claro que no es un héroe y que lo único que puede ofrecerle es una oportunidad para una vida mejor, ni siquiera le ofrece la seguridad de conseguirla. Pueden ir juntos rumbo a la Tierra Prometida.

Más allá de las referencias bíblicas del término Tierra Prometida, que sin duda las tiene, es en esta canción cuando Bruce hace mención, por vez primera, a la idea de una América democrática y abierta de par en par, una América los suficientemente grande como para acoger a todo el mundo.

Springsteen tenía sólo 24 años cuando escribió la canción y sin embargo contiene una de sus frases más sentidas y profundas: “Así que estás asustado y piensas que quizá ya no somos tan jóvenes”. A sus 24 años Springsteen ya sabía lo dura y difícil que podía llegar a ser la vida y, quién sabe, igual había vivido a sus 24 años mucho más que muchos otros de más edad. Thunder Road representa muchas cosas para mucha gente: una celebración de libertad, un himno del pasado, una esperanza hacia la Tierra Prometida, pero ante todo es una canción en la que personas normales pueden llegar a hacer de su vida “normal” un acto heróico sin llegar a ser héroes al uso.

Ten un poco de fe, hay magia en la noche.

Versiones hay muchas, y a nada que busquéis en Youtube os encontraréis con muchas de ellas, a mi particularmente me gustan las versiones acústicas pero la versión que he elegido para la entrada de hoy es la de aquél 18 de noviembre de 1975, con un Springsteen muy joven, todavía con esa barba desaliñada de sus comienzos, ese aire dejado y esa capacidad para crear canciones con una música y una letra como la de Thunder Road que te ponen los pelos de punta… Señoras y señores, con todos ustedes, desde Hammersmith Odeon, Londres, The Boss!!

música para una batalla en guadalcanal

En 1998 el director Terrence Malick versionó para la gran pantalla la novela de James Jones, La delgada línea roja y fue presentada mundialmente en el Festival de Cine de Berlín del año siguiente en sonde se alzó con el Oso de Oro a la Mejor Película.

Malick está considerado por gran parte de la crítica como uno de los grandes directores de su generación, a pesar de contar con muy pocos títulos en su haber. De 1973 a 2005 realizó cuatro películas, todas ellas consideradas obras maestras en diferentes aspectos en la totalidad de la obra (1973. Malas tierras, 1978. Días del cielo, 1998. La delgada línea roja y 2005. El nuevo mundo) y en 2011 estrenará su quinto largometraje, El árbol de la vida. En 2012 estrenará su sexta película, que todavía no tiene título y parece ser que está en proyecto la realización de una película sobre la vida del músico Jerry Lee Lewis.

Jones es un autor estadounidense que se inspiró en sus vivencias de la Segunda Guerra Mundial para escribir las que serían sus obras más famosas (De aquí a la eternidad y La delgada línea roja).

La película de la que hablo narra la historia de las tropas norteamericanas en la Batalla de Guadalcanal, campaña desarrollada entre mediados de 1942 y principios de 1943 en las islas del Pacífico, en el sur de las Islas Salomon, siendo la mayor ofensiva lanzada contra el Imperio japonés en el desarrollo de la II Guerra Mundial. El argumento por lo tanto es totalmente cinematográfico. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de marines son enviados a una misión destinada a frenar el avance japonés en el Pacífico. La desesperada lucha y los horrores de la guerra hacen mella en la moral de los soldados y todos ellos reflexionan sobre el sentido de sus vidas y su necesidad de supervivencia.

El compositor elegido para poner música a esta película fue, ni más, ni menos, que Hans Zimmer, músico de origen alemán que se ha caracterizado por saber compaginar y unir la música espectacular para películas grandiosas con partituras muy elaboradas. El oscarizado autor realizó con esta partitura una de sus mejores bandas sonoras (y posiblemente la mejor hasta esa fecha), partitura en apariencia densa y compleja, tanto por su estructura como por su melódica. Sin embargo, está ordenada en base a tres ideas que se describen con la música a lo largo de la película: la opresión de los soldados en el frente de batalla, la desolación por las pérdidas humanas y un sentido de liberación espiritual, que es la que conocen gracias a las reflexiones que hacen ante la situación límite en la que se encuentran. La banda sonora expresa también el terror y la angustia pero también hay instantes más esperanzadores que se consiguen mediante un adagio y con el empleo de un cántico nativo. El compositor recurre a una orquesta sinfónica ampliada con instrumentos orientales (como el koto, la flauta shakahachi, etc.) y sintetizador.

Creo que esta banda sonora es un auténtico legado espiritual, una pieza de un fascinante poder evocador e inevitable genialidad. La música es desgarradora y ciertamente pesimista, pero hay esperanza, y mucha, en sus notas. Hay momentos tremendamente terribles, oscuros, como terrible y oscura debe de ser una batalla, pero quizás lo más curioso después de escuchar la banda sonora sea el sentimiento de esperanza que se te queda en el cuerpo. Las batallas, dentro de su crueldad, de su terror, de su maldad están protagonizadas por seres humanos que como tales tienen sus sentimientos, sus pensamientos, sus temores y sus esperanzas y esto último es el componente final de esta extraordinaria música.

De los cortes de la banda sonora el más reseñable es, desde luego, el tercero, el titulado Journey to the line, el más bello e importante de la película (y de los más bellos e importantes de la carrera de Zimmer) y uno de los más respetados por el director de la película, Malick. Suena en dos ocasiones, en dos momentos importantes de la película y estoy seguro que es gracias a esta música, entre otras cosas, por lo que la película de Malick es una auténtica obra maestra. El corte es un crescendo emocional indescriptible. Comienza con unas notas a cuerda, que asemejan un reloj acelerado, y con más notas de violines, ayudadas por lo que parecen trompetas, alcanza una de las cotas de paroxismo más conmovedoras de la entera historia del cine. En realidad, su razón de ser, es la de atrapar todo el dolor y toda la belleza del mundo, y convertirlas en notas musicales. Nada menos. Música para romper el corazón. su parte final, sólo con violines, es el broche perfecto para esta pieza excepcional de arte musical.

El segundo corte con el que me quedo es God U tekem laef blong mi, pieza capital para comprender la película, interpretada por los aborígenes de las islas Solomon. Una preciosa oración cantada en “pidgin-english”, con lo que el vocabulario británico está ligeramente alterado. El título de esta canción en concreto, sería algo como ‘God you take my life’, es decir, Dios llévate mi alma. Muy diferente a todo lo propuesto por Zimmer, se engarza sin embargo con gran perfección con el tono de lo que quiere contar Malick. Insuperable.

¿Qué os parece esta música? ¿La conocíais? ¿Y la película?

Para quienes queráis escuchar la banda sonora completa aquí os dejo el enlace a la lista que he creado en Spotify: música para una batalla en guadalcanal.

maravillosos ejercicios

BWV 988, originalmente Aria con variaciones diversas para clave con dos teclados, para el mundo y la posteridad Variaciones Goldberg. Esta obra, compuesta por Johann Sebastian Bach en 1741 en Leipzig, cuando era Maestro cantor de la iglesia de Santo Tomás, fue publicada como la cuarta parte de los Clavier-Übung, los Ejercicios para teclado, que es un auténtico compendio demostrativo de la genialidad del compositor alemán para teclado, unos ejercicio para aficionados competentes y exigentes, en palabras del propio compositor.

La historia de la composición de esta obra es bastante conocida. Las variaciones fueron encargadas a Bach por el conde Hermann Carl von Keyserlingk de Dresde para que el clavicordista de su corte, Johann Gottlieb Goldberg, lo entretuviese con ellas durante las noches de insomnio del conde. El conde recompensó de forma generosa a Bach con una copa de oro que contenía un centenar de louis d’or, el equivalente a 500 táleros, casi el sueldo de un año como “kantor” de la Thomaskirche de la misma ciudad de Dresde. Las Variaciones Goldberg fueron publicadas en 1741, el mismo año de su composición, o en 1742, en vida de su creador, lo cual no fue habitual. El editor fue Balthasar Schmid, de Nüremberg, un amigo de Bach. Schmid imprimió la obra mediante grabado en planchas de cobre, en vez de utilizar tipos movibles; las notas de la primera edición son manuscritas por el mismo Schmid y contiene varios errores de imprenta. Sobreviven como mínimo diecinueve copias de la primera edición, que se conservan en museos y en colecciones de libros raros. De estas, la más valiosa, porque incluye correcciones y adiciones realizadas por el mismo compositor, está en París, en la Biblioteca Nacional de Francia. Estas copias son la única información disponible en la práctica cuando los editores modernos pretenden ser fieles a la intención de Bach. La partitura completa manuscrita original no ha sobrevivido. Una copia manuscrita del aria fue encontrada en la copia de 1725 del cuaderno de la segunda esposa de Bach, Anna Magdalena. Christoph Wolff opina que Anna Magdalena copió el aria de la partitura autógrafa alrededor de 1740; aparece en dos páginas no impresas del cuaderno.

Las Variaciones Goldberg se componen de un tema único, llamado aria, treinta variaciones y un reprise del aria o Aria da Capo. Lo que liga a todas ellas no es una melodía común, sino un fondo de variaciones armónicas de las que es objeto la línea del bajo. Las melodías pueden variar, pero subyace siempre un tema constante. Si bien pueden rastrearse precedentes en el desarrollo de variaciones sobre un tema, Bach lleva la forma a tan alto nivel que sólo obras muy posteriores pueden considerarse equiparables, como por ejemplo, las Variaciones Diabelli de Beethoven. Así, después de la exposición del aria al principio de la pieza, se suceden las treinta variaciones. Es por esta razón que esta obra es considerada por algunos autores como una chacona –la diferencia consiste en que el tema en una chacona se extiende normalmente sólo cuatro compases, mientras el aria se extiende a lo largo de dos secciones de dieciséis compases, con repetición, cada una.

Hablar de Glenn Gould y de las Variaciones Goldberg de Bach casi parecen la misma cosa, pues el pianista ha entrado en la leyenda con esta obra. En enero de 1955, con 22 años, el director de la entonces Columbia Masterworks (luego CBS y ahora Sony Classical), David Oppenheim, escuchó a Gould interpretar esta obra en un recital en Nueva York; sólo por lo entonces escuchado, al día siguiente estaba firmado el contrato. Unos meses después, Gould grababa su primer disco para Columbia, para el que eligió (cómo no) las Goldberg, un programa arriesgado pues en aquella época Bach no era un autor “clásico” tan difundido entre el gran público como Beethoven o Tchaikovsky, y la mayoría de la gente lo consideraba un autor “para especialistas” o para eruditos; muchos de estos escépticos serían convertidos por Gould en “creyentes” en la causa de Bach.

La sesión de grabación de este primer disco ha pasado también a la leyenda: Gould se presentó en el estudio con abrigo, bufanda y guantes pese a que era un cálido día de verano, y llevaba dos botellas de agua y toallas de baño, pues antes de la grabación deseaba sumergir las manos en agua caliente durante 20 minutos, un ritual que repetiría en todas sus actuaciones; también llevaba sus cajas de pastillas con fármacos de todo tipo y su silla personal, para poder sentarse ante el piano a una altura más baja de lo normal. Todos estos elementos se convirtieron en inseparables de la actividad de Gould como pianista, y el más característico fue siempre el canturreo de la música mientras estaba tocando, algo que se percibe con mucha frecuencia en sus grabaciones.

Para cualquiera que desee hacerlo existe un estuche conmemorativo con las grabaciones completas de esta obra por el genial pianista. Y versiones de esta maravilla hay muchas y acepto que para gustos los colores pero mi oído está hecho a la genialidad de Gould ya que mi padre tenía un disco de vinilo de esta versión que nos ponía de pequeños muchas tardes o las mañanas de los sábados. Luego descubrí otras versiones, otras manera de enfocar las variaciones, algunas de ellas verdaderamente extraordinarias, con instrumentos de época, con otros instrumentos como el harpa, la guitarra, el violín o la flauta traversera, pero siempre estará Gould ahí.

Y en Spotify también está en la lista que he creado con la edición conmemorativa de las grabaciones originales. La de 1955, la de 1981, una entrevista del año 81 y la grabación con sonido de fondo y comentarios de 1955. Muy interesante aparte de bellísima. maravillosos ejercicios

música para una esquizofrenia

Quien más quien menos si ha visto alguna película de Tim Burton se ha fijado en la música que acompaña a las fantásticas escenas que suele inventar el director californiano. En la película en que se estrenó como productor y director, La gran aventura de Pee-Wee, lo hizo acompañado de un gran amigo suyo que sería quien compusiera la música, Danny Elfman. Fue el comienzo de una maravillosa sociedad. Tras esta película Elfman ha realizado las bandas sonoras del resto de las películas de Burton (salvo en dos ocasiones) y siempre, siempre, su música ha dado de qué hablar.

Cuando se estrenó Batman todo el mundo tenía en mente las maravillosas fanfarrias que John Williams compuso para Superman y en cambio Elfman nos sorprendió con la parte más oscura del personaje de cómic. De la misma manera Pesadilla antes de Navidad dejó de lado la música tipica de Disney para meterse de lleno otra vez en el lado oscuro de la música. A partir de entonces sus bandas sonoras siempre han tenido una gran acogida y se han caracterizado por su frescura, originalidad y sorprendente uso de la música para la gran pantalla. Buena muestra de su trabajo de composición lo tenemos con las bandas sonoras de Eduardo Manostijeras, Los Simpson, Spiderman, Dick Tracy, El indomable Will Hunting o más recientemente Alicia en el País de las Maravillas.

La música de la que quiero hablaros hoy no es, casualmente, ninguna banda sonora, aunque, evidentemente, lleva en su partitura todo el buen hacer de Elfman para el séptimo arte. Se trata de una composición en forma de Serenata, en forma de concierto, con siete movimientos diferentes. La composición lleva el título de Serenada Schizophrana y fue creada en 2006.

La verdad es que el nombre lo dice todo. Una serenata basada en la esquizofrenia de su compositor, que adopta una personalidad distinta para cada movimiento. Y estas personalidades provienen de todas las influencias que Elfman enumera en el libreto interior del disco: obviamente Bernard Herrmann y Nino Rota, soprendentemente Phillip Glass, Carl Off, Sergei Prokofiev, Bela Bartok, Igor Stravinski, Dmitri Shostakovich, Dimitri Tiomkin, Max Steiner, Duke Ellington, Erich Wolfgang Korngold y Harry Partch (con el que Elfman guarda sorprendentes similitudes en cuanto a su carácter extravagante, y en cuanto a la búsqueda de sonidos que rompan con lo convencional). Serenada Schizophrana está formada por 7 movimientos, como he apuntado, siendo el último corte del disco, el octavo, un bonus track con el saxo como protagonista. La obra le fue encargada al compositor por la American Composers Orchestra y utilizada en la película IMAX Deep Sea 3D con muy buenos resultados, lo que sirvió de acicate para la composición del concierto en un disco.

I. Pianos:

El primer movimiento titulado Pianos nos recuerda extraordinariamente a la música de Bernard Herrmann en Con la muerte en los talones, de Hitchcock, con unos violines que marcan la melodía y un piano que actúa a modo de percusión. El segundo, Blue Strings, es una preciosa pieza sutil y vaporosa que dura cerca de diez minutos y llegamos al tercer movimiento, A Brass Thing, que nos recuerda a otras composiciones cinematográficas de Elfman, con sus marchas semi militares-circenses. El cuarto movimiento, The Quadruped Patrol, es un auténtico juego mental que experimenta con nuestra psicología haciéndonos ver un extraño ser gracias a los vientos, las cuerdas y las voces humanas. Maravilloso. Y así llegamos al quinto movimiento, I Forget, que es el verdadero corazón de la serenata sustentado en ocho voces femeninas que de una manera muy operística, recordándonos a Orff, nos cantan en castellano algo que no sabemos que quiere decir ya que parte de esa esquizofrenia se apoya en el fallo de la dicción de las propias cantantes. Una locura extraordinaria. El sexto movimiento, Belles and Whistles, tiene un estilo muy fiel del propio compositor, sin influencias de ningún otro compositor, donde los instrumentos y las voces se unen para ofrecer un apoteósico final de la obra, pero queda el séptimo movimiento, End Tag, una diminuta y delicada última pieza.

V. I Forget:

No sé muy bien cómo se puede calificar esta música, ni creo verdaderamente que se pueda clasificar de alguna manera… ¿música vanguardista? ¿música moderna? ¿contemporánea? Quizás el mejor adjetivo sea el que el propio autor le puso. ¿No os lo parece?

música para un dragón

Cualquier aficionado a la música cinematográfica podría decirnos que en el sentir general hay una banda sonora de las películas de 2010 que sobresale por encima de las demás, una banda sonora de auténtica música, con unas melodías preciosas y que fue creada para una película de animación. La película es How to train your Dragon (Cómo entrenar a tu Dragón), de Dean DeBlois y Chris Sanders, la partitura es obra de John Powell.

Si buscamos en nuestra memoria todo el mundo tenemos una película que en nuestra niñez, o en nuestra adolescencia nos hizo amar esa vertiente artística que se llama cinematografía. En mi caso mi memoria está compuesta de muchas, muchísimas películas y no me podría decantar por ninguna. Ver Mary Poppins con todos mis primos en el salón de casa de mis abuelos, o ir por vez primera al cine yo solo con unos amigos para ver, nada más y nada menos, que ET el extraterrestre, llorar cada vez que vi en el cine (creo que fueron tres veces seguidas) El club de los poetas muertos y sentir que olía los montes y campos cuando vi en el cine Tasio. A esto se le lama magia y pocas veces, menos de las que quisiéramos, ocurre cuando vamos al cine. La magia del cine está ahí muchas veces, es verdad, pero esa magia tiene que llegarte a ti concretamente y eso es lo difícil. A lo largo de mi vida no son muchas las ocasiones en las que he sentido esa magia. Películas que me hayan gustado ha habido muchas, películas que me hayan entusiasmado unas cuantas, pero películas que me hayan hecho sentir esa magia de la que hablaba unas pocas. Ultimamente una de ellas ha sido Avatar, que no es que tenga un guión extraordinario, pero el conjunto de pedazos que hacen la película me llegó de una manera que se podría clasificar de mágica. Esos pedazos están compuestos de la historia que se nos cuenta, de los personajes, de los diálogos, de la fotografía, de las interpretaciones y de la música… y es que una música es importante en una película hasta el punto de tener el poder de cambiar nuestra impresión de la misma según el tipo de música que sea, de los momentos en que esta música suena, de su tratamiento, etc.

Cómo entrenar a tu Dragón es una película que nos acerca irremediablemente a nuestra infancia. Estoy seguro que cualquier niño o niña que vea esta película quedará profundamente marcado por ella tal y como cada uno de nosotros fuimos marcados por otras películas en nuestras propias infancias. Es una película con un nivel narrativo extraordinario, una clásica historia sobre la superación de un niño ante un problema de gran magnitud , con unas imágenes tremendamente bellas.

Si visualmente y a nivel argumental la película cumple, aportando su parte para conseguir esa magia de la que hablaba, la banda sonora de John Powell consigue finalmente tener un producto mágico, perfecto para anclarse en el corazón de grandes y pequeños. John Powell presenta una de sus más conseguidas bandas sonoras y eso es decir mucho, pues solo en el campo de la animación ha presentado partituras tan magistrales como la de Happy Feet o tan descomunales como Horton.

Como Entrenar tu Dragón es un cúmulo de grandes momentos, de leitmotivs asignados a situaciones, lugares y personajes. Esa complejidad, no se pierde en números sueltos de la partitura y eso consigue hacernos identificar fácilmente el hilo musical que consigue uno de sus valores más evidentes, la cohesión temática que hace que la composición funcione por igual en una escucha aislada como en una compartida con las imágenes. La partitura es tan rica que no dejaremos de escucharla fuera de las imágenes y nos hará vibrar en muy diferentes secciones de la película. Test Drive es una de ellas, una inyección de fuerza, jovialidad y libertad que nos acompaña en nuestro vuelo junto a Hiccup la primera vez que cabalga a lomos de Toothless, el “dragón furia nocturna” que finalmente se encariñará con nuestro protagonista. Volamos a ras de las olas del mar, con la fuerza y el ritmo que pocos compositores a día de hoy saben imprimirle a las imágenes con su música. Y luego esos bellos temas asignados a personajes, como Romantic Fight ligado al personaje de Astrid, que el compositor fusiona mas avanzado el corte con el tema de Hiccup. Otro de esos temas que hacen enorgullecernos de tener una pasión tan rica y bella en formas como es la música de cine. El asignado a los Vikingos y su aldea en This is Berk justo al principio del relato, con un sonido característico del compositor mezclado con ese punto celta que viene enlazado con la trama y que añade esa pincelada melódica que hace subir enteros a la partitura en una escucha aislada. Powell no olvida el lado más poderoso y épico de los vikingos con esos ritmos marcados por una percusión abrumadora y el coro de hombres. Testosterona pura y dura que conecta perfectamente con la mentalidad de estos personajes, totalmente concentrada en la personalidad del padre de Hiccup, el jefe Stoick. El corte que le sigue tiene ese halo de sonido clásico pasado por el tamiz de la época actual e incluso hay momentos en que te parece estar viendo a Ben-Hur a bordo de la galera remando al ritmo del tambor romano. Dragón Battle describe musicalmente la amenaza de los dragones y la lucha valerosa de toda la aldea para defenderse.

Pero sin duda el momento, aquel que te hace caminar directamente hacia tu niñez, que te desnuda de esas barreras que hemos ido creando con la edad y con años y años de ver todo tipo de películas, es Forbidden Friendship. Magia en estado puro. Fusión de imágenes, montaje y música a un grado tan perfecto que muy pocas veces se puede contemplar. Os aseguro que ni en la mejor de mis perspectivas pensaba encontrarme con una escena tan llena de información pero a la vez tan sencilla como esta, un canto a la amistad y esa inocencia mágica de la que os hablaba al principio de esta entrada.

No queda ahí el trabajo de Powell, pues el músico nos reserva momentos espectaculares en, por otro lado, escenas tan épicas como las finales, una batalla que para nada tiene que envidiarle a películas de temáticas similares como las de El Señor de los Anillos.

Al terminar la película uno esta conectado con su yo mas puro, ese niño que temblaba de emoción al ver como los malos perdían la batalla final gracias a la habilidad de un joven de pueblo. Y mucha culpa la tiene John Powell. John Powell es un genio, uno de los compositores que más ha demostrado que una carrera puede ser objeto de evolución y mejora. Sin duda uno de los 5 mejores músicos de cine de la actualidad, que nos ha regalado la mejor banda sonora del 2010.

En definitiva, una música para disfrutarla con las imágenes, viendo la película, pero también una música para soñar mientras la escuchas tranquilamente en el sillón de tu casa, o conduciendo una mañana de domingo soleada por una carretera secundaria, sin más acompañantes que la escarcha matinal que poco a poco se funde en los tímidos rayos de sol que se atreven a ir apareciendo tras los montes y colinas… me voy a pasear con la música de Powell en el iPod!

Os dejo con el enlace de mi Spotify para que escuchéis la banda sonora completa:

música para un dragón

desgraciado bufón!

El pasado martes estuve en la representación de Rigoletto, ópera entres actos de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave, basada en la obra de Victor Hugo Le Roi s’amuse y estrenada en el teatro La Fenice de Venecia el 11 de marzo de 1851. Con esta presentación no me negaréis que no es como para profundizar un poco en ella, ¿no?

A primeros de 1850, el teatro La Fenice invitó a Verdi a componer una nueva ópera para ser estrenada allí. Verdi eligió el drama Le roi s’amuse (El rey se divierte) del Víctor Hugo, aún a sabiendas de que esta obra había estado censurada en París, acusándola de manifestar el libertinaje de un rey. Por eso mismo, Verdi aceptó desde un principio modificar los nombres y los lugares siempre que pudiera conservar el núcleo del drama. Tres meses antes del estreno llegó de nuevo la censura que vetó el libreto. El comunicado decía así: «El gobernador militar de Venecia, señor Gorzowski, deplora que el poeta Piave y el célebre músico Verdi no hayan sabido escoger otro campo para hacer brotar sus talentos, que el de la repugnante inmoralidad y obscena trivialidad del argumento del libreto titulado La maledizione. Su Excelencia ha dispuesto pues vetar absolutamente la representación y desea que yo advierta a esta Presidencia de abstenerse de cualquier ulterior insistencia al respecto». El asunto se resolvió gracias a la diplomacia de los administradores del teatro. Se trasladaron a Busseto y allí se pusieron de acuerdo con Verdi y el libretista para que se cambiasen al menos cinco puntos:

  • Trasladar la acción de la Corte de Francia a una Corte menor.
  • Cambiar los nombres de los protagonistas inventados por Víctor Hugo.
  • Cambiar la escena en que el libertino posee una llave para acceder al cuarto de la protagonista por otra distinta que respete la necesaria decencia.
  • La visita del rey (duque finalmente) a la taberna será casual y no dictada por bajos propósitos.

Verdi aceptó estos condicionantes y el contrato se firmó. Las firmas fueron tres: Verdi, Piave y Guglielmo Brenna, secretario de La Fenice. Así fue cómo nació la ópera Rigoletto que hoy se conoce. Verdi se propuso en esta obra conciliar la estructura tradicional del melodrama con la complejidad del protagonista, Rigoletto, y eso no lo pudo cambiar la censura con sus condiciones. El bufón Rigoletto es un personaje verdiano, que se mueve entre el afecto por su hija y el odio por el Duque y los cortesanos. Es exactamente lo que Verdi quería realizar.

El argumento de la ópera es totalmente verdiano, como hemos dicho. El amor, la pasión, el drama, la tragedia, las relaciones y el engaño están presentes en el desarrollo de esta magnífica ópera.

El duque de Mantua y su bufón (Rigoletto) secuestran a la hija del conde de Monterone. La secuestrada decide suicidarse antes de ser sometida a las torturas de ambos personajes, con este antecedente comienza la ópera:

  • Acto I: en el salon del palacio del duque.

El señor de Mantua ante sus invitados se vanagloria de que ha intentado seducir a una muchacha mientras estaba disfrazado. Mientras tanto trata de insinuarse a la condesa de Ceprano en presencia de su marido. Mientras esto ocurre Rigoletto se va burlando de todos los invitados tratando de humillarlos. Al burlarse el bufón del conde de Monterone, éste lo maldice. Marullo comenta a los asistentes de la existencia de una amante secreta de Rigoletto, de esta manera todos tratan de devolver al fufón sus insultos.

En las cercanías de la casa de Rigoletto, el bufón encuentra por la calle a Sparafucile, asesino a sueldo, del que toma su dirección por si lo necesita en un futuro. Rigoletto llega a su casa a ver a Gilda, la hija que mantiene en secreto, a su vez ella le oculta que se ve desde hace tiempo con un joven estudiante, que no es otro que el duque disfrazado. Los cortesanos secuestran a Gilda simulando raptar a la condesa Ceprano, Rigoletto participa en los hechos y sólo se da cuenta del error cuando ya es tarde.

  • Acto II: en el palacio del duque

Rigoletto, desesperado, quiere parar la historia como sea, pero no lo consigue. Decide por fin contar a su hija toda la verdad y quien es en verdad el duque, la muchacha no hace caso al padre al sentirse enamorada de ese personaje. Rigoletto jura venganza.

  • Acto III: a orillas del río Mincio.

Rigoletto se dirige a casa de Sparafucile, de quien contrata sus servicios. El bufón enseña a su hija la verdadera naturaleza del duque al contratar también a la hermana del sicario, una prostituta, con el fin de que la hija vea cual fácil es mantener relaciones con el duque. Rigoletto recomienda a su hija que huya a Verona disfrazada de chico. Gilda, no obstante regresa a ala posada y se entera de los planes de asesinato de su padre. Maddalena, la prostituta queda prendada del duque y suplica a su hermano que perdone su vida, a cambio ha de matar al primer extraño que entre por la puerta. El primero en atravesar la puerta será Gilda, con lo que es herida de muerte. Sparafucile, entrega a Rigoletto un saco en donde cree que se encuentra el duque de Mantua. Éste se dispone a abrirlo cuando ve aparecer al duque vivo. En el saco sólo se encontrará su hija agonizante que morirá en sus brazos. Rigoletto se lamenta de la maldición del conde de Monterone.

¿A qué momentos vocales, a qué números o escenas de Rigoletto se debe prestar una especial atención? En realidad la ópera es tan compacta y goza de tal dosis de perfección que requiere, en primer lugar, una apreciación de su totalidad. Es, sin duda, una de las ópera que hacen justicia a la voz de barítono pues el personaje de Rigoletto es quizás, si no el mejor, uno de los mejores para esta voz. Del primer acto, no obstante, se deben subrayar la balada del Duque Questa o quella y el aria de Gilda  Caro nome. Son dos momentos de definición de los personajes: libertino y mujeriego, el primero; sensible y enamoradiza la segunda.

En el segundo acto un punto de concentración especial se debe reservar para el cantabile Parmi veder le lagrime, del Duque de Mantua, y para la turbulenta aria de Rigoletto  Cortigiani, vil razza dannata, con dos tipos de sentimientos emocionales y de tratamientos orquestales muy diferentes motivados por la figura de Gilda.

En el tercer acto se sitúa el momento más popular de toda la ópera, la canzone para tenor La donna è mobile, que hizo exclamar a Stravinsky que había en ella más invención artística que en toda la Tetralogía wagneriana, y uno de los cuartetos más bellos de toda la historia de la ópera, Bella figlia dell’amore, con la perfecta definición de cuatro estados de ánimo contrapuestos arropados por un gran sentido de la  unidad armónica y musical. No es extraño que Verdi manifestase en una ocasión que Rigoletto era “su mejor ópera”. En cualquier caso es una de las creaciones más emblemáticas, desgarradas e inspiradas de su autor y, por extensión natural, de toda la historia de la lírica.

Y os dejo finalmente con el que para mi es lo mejor de esta ópera. Solo por este maravilloso cuarteto merece la pena escucharla. Y qué voy a deciros del video que os he puesto… pues que es uno de los momentos sublimes de toda la historia de la ópera. ¡La carne de gallina!