humor british

Reconozco  que cualquier libro que publique la Editorial Impedimenta va a tener muchas posibilidades para que caiga en mis manos y sea devorado con una cierta emoción sobre lo que me espera a lo largo de esas hojas. No sé si os ocurre con alguna otra editorial (a mi con alguna otra también, algún otro día comentaré), lo que es, a mí Impedimenta me tiene embriagado con su buen hacer, con las obras y escritores elegidos, con sus traducciones de una calidad impresionante, con sus maravillosas portadas y con el gusto de sus ediciones.

El caso es que estando un día en mi librería favorita, esa que todas y todos tenemos y a la que en mi caso voy a perderme como si estuviese en casa rodeado de escritores, empecé a hojear algunas de las novedades e irremediablemente mis ojos se posaron en diferentes portadas de libros editados por Impedimenta fijándome en el título de uno especialmente: Caída y auge de Reginald Perrin.

El autor de esta novela desternillante es David Nobbs, del condado de Kent, estudiante de Lenguas Clásicas en Cambridge, reportero en un pequeño periódico de Sheffield y según sus propias palabras, lo que indica que es capaz de reírse hasta de sí mismo, el periodista más pésimo de la historia de Inglaterra. Entre pinta y pinta de cerveza se dedicaba a escribir obras de teatro impublicables. Posteriormente empezó a colaborar como guionista en varios programas humorísticos de la BBC gracias a una vis cómica a prueba de bombas con la que estaba dotado. El éxito le llegó, precisamente, con esta maravilla de novela que comento en la entrada. Una novela que tuvo dos secuelas inmediatas, creó escuela entre los autores británicos y cuyo personaje fue rescatado en 1995. El señor Nobbs se dedica actualmente a descubrir pubs rurales (¡qué suerte!) y a ejercer de hincha acérrimo, esto es, de hooligan, del Hereford United.

Vayamos con la novela. Reginald Perrin es un hombre gris, de esos señores grises de traje gris, paraguas negro, corbata gris y cara gris. De esos que todas las mañanas repiten la misma escena, con sus mujeres poniéndoles unos huevos y café para desayunar, sus mujeres llevándoles el paraguas y el maletín hasta la puerta, con sus mujeres limpiándoles la hombrera de migas o pelusilla. Perrin es de esos hombres grises que hacen todos los días el mismo trayecto, a la misma hora, para llegar a coger el mismo tren que llega siempre 11 minutos tarde. Es de esos hombres grises que todas las mañanas hace el crucigrama del periódico ( o por lo menos lo intenta), empieza su jornada redactando cartas sin sentido a su secretaria, aguanta diariamente las reuniones con su jefe, come todos los días en el mismo restaurante barato de al lado de la oficina y vuelve a casa a la misma hora, en el mismo tren que nuevamente llega siempre y todos los días 11 minutos tarde. Reginald Perrin es de esos hombres grises que incluso mantienen relaciones sexuales con su mujer cuando el calendario así lo señala.

Reginald Perrin es un hombre gris hasta que un día decide dejar de serlo. Y esa es la historia de esta novela. Un libro con el que incluso desperté una noche a toda mi familia por culpa de las carcajadas… Carcajadas que no cesaron ni ante las protestas de quienes acababa de despertar. Desde aquí, publicamente, os pido perdón… Pero por favor, no dejéis de leer esta novela y arriesgaros a que os miren con cara rara durante unos días.

En los años 70 la BBC grabó para una serie la novela, que tuvo su continuidad en otras dos temporadas más. Así empezaba la que está considerada una de las mejores series de comedia de la historia de la televisión británica:

también en el pacífico

Casi diez años después de Hermanos de sangre, Steven Spielberg y Tom Hanks volvieron a producir una serie de la cadena HBO (se que me repito, ¡pero qué bien hace las series esta cadena!) sobre la II Guerra Mundial, esta vez centrada en las diferentes batallas que hubo en la zona del Pacífico. La serie se tituló The Pacific y estuvo protagonizada por, entre otros, James Badge Dale, Jon Seda y Joseph Mazzello, que durante diez capítulos nos contarán las vivencias que diferentes soldados del Ejército de los EEUU plasmaron en sus memorias.

La serie, como ya he dicho, nos irá contando en los diferentes capítulos la crueldad de la guerra en esa parte del Pacífico y las sangrientas batallas que allí ocurrieron (Guadalcanal, Cabo Gloucester, Peleliu, Iwo Jima y Okinawa). Quizás en esta serie no se hace tanto hincapié en los personajes, tal y como se hacía en su predecesora Hermanos de sangre, pero tiene unos hilos conductores basados principalmente en las experiencias de tres de los marines que allí estuvieron, Eugene Sledge y Robert Leckie y John Basilone.

El cuidado con que está hecha esta serie se puede ver desde los títulos de credito, con una magnífica introducción en donde los dibujos a carboncillo cobran vida mientras ese mismo carboncillo, en macro, avanza sobre el papel plasmando los dibujos de esa historia dantesca que fue la guerra en el Pacífico. En esa misma introducción podéis ver una de las maravillas de la serie que no es otra que la música de la serie, compuesta por el genial Hans Zimmer. La banda sonora es elegante y bella con un marcado tono melancólico y con momentos en donde el horror de la batalla se plasma en sus notas, aunque también nos quedan momentos de esperanza como ver un atardecer en el Pacífico.

La puesta en escena de la serie es muy cuidada y podremos ver batallas, bombas, tiros, explosiones y muerte, pero una de las cosas que más me impactó a mi fue la descripción de la miseria humana, una miseria humana que campa a sus hanchas por los campos de batalla, una miseria humana a la que todo el mundo parece acostumbrarse y junto con ese lado trágico de la naturaleza humana aparecen destellos de luz y de generosidad que te emocionan desde lo más profundo. Si las escenas de las batallas son espectaculares el tono general de la serie no lo es menos y sobre todo nos impacta (o por lo menos a mi me impactó en su momento) la crueldad y el horror de una guerra en donde no sólo los cañones, metralletas y balas mataban, si no la propia naturaleza de esas selvas del Pacífico, con unos calores axfisiantes, agua no potable, enfermedades varias, la añoranza de tu familia, de los tuyos, la anulación como persona, el sentirte marioneta de alguien a quien no conoces… la tragedia, la crueldad, el horror de la guerra en su máxima expresión.

Para quienes queráis verla la emiten los jueves por la noche en Antena 3. No os podéis perderla.

P.D. El contrapunto a este punto de vista norteamericano es la película de Clint Eastwood Cartas desde Iwo Jima, en donde narra las mismas batallas que en esta serie pero desde el punto de vista japonés. Es necesaria conocer toda la historia, no sólo una parte de ella. ¿No os parece?

humor rural e inglés

La pasada semana estuve leyendo tranquilamente una novela que la fantástica editorial Impedimenta publicó el año pasado. La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, con traducción de José C. Vales. Esta novela fue la ganadora del Premio Femina-Vie Heureuse en 1933 y está considerada la novela cómica inglesa más perfecta del siglo XX. Vayamos por partes.

Stella Gibbons nació en Londres en 1902. Fue la mayor de tres hermanos. Sus padres, ejemplo de la clase media inglesa suburbana, le dieron una educación típicamente femenina. Su padre, un individuo bastante singular, ejercía como médico en los barrios periféricos más pobres de Londres, aunque tenía tendencias suicidas, le encantaba el alcohol y el láudano, y era dado a los ataques de odio hacia el género femenino en general. Esta turbulenta infancia marcó a Stella Gibbons, que utilizó parte de ese material para crear a los grotescos Starkadder, protagonistas de su obra maestra, La hija de Robert Poste. En 1921, Stella se matriculó en periodismo, y luego empezó a trabajar en la British United Press. En 1926, Maudie, la madre de Stella, murió, y su padre la siguió pocos meses después. En 1930, mientras trabajaba en el Evening Standard, publicó un libro de poemas, The Mountain Beast, que recibió elogios de la mismísima Virginia Woolf. La hija de Robert Poste fue publicada en 1932 y su éxito fue instantáneo (aunque fuera prohibida en la recién nacida República de Irlanda por su velada defensa de la contracepción). En 1934 la novela fue galardonada con el Prix Femina-Vie Heureuse. De hecho, Gibbons es conocida casi exclusivamente por esta obra, que conoció varias secuelas y adaptaciones cinematográficas, y que está considerada la novela cómica más perfecta de la narrativa inglesa del XX. Stella Gibbons es autora de veinticinco novelas, entre las que destacan Basset (1933), Enbury Heath (1935), Nightingale Wood (1938) o Here Be Dragons (1956), amén de tres volúmenes de relatos y cuatro libros de poesía, la mayoría de ellos muy vendidos y celebrados en el mundo anglosajón. Estuvo casada durante más de veinticinco años con el actor y cantante Allan Webb, que murió en 1959. Dejó de publicar en 1972, aunque escribió dos novelas que fueron publicadas a su muerte, hecho que aconteció en 1989 en Londres. Está enterrada en el cementerio de Highgate.

En cuanto a la novela nos narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación «cara, deportiva y larga», se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm (título original de la obra), en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año «cuando florece la parravirgen»; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera». Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su “aventura”.

Todos los personajes son caricaturas de grupos de personas británicas de la época desde la protagonista Flora, típica niña bien que se quiere comer el mundo y arreglar la vida de los demás, pasando por el predicador, el escritor, la criada a jornal, la matriarca, etc. La burla continúa con los pasajes almibarados y churriguerescos que adoban el texto de vez en cuando, los cuales hábilmente señalados con tres asteriscos nos hacen reír pero que de perversos no son casi exagerados. Las frases hechas y repetitivas desde el “vi algo sucio en la leñera” hasta el “siempre ha habido Starkadder en Cold Comfort” resaltan los aspectos absurdos de esa sabiduría popular al igual que los libros de autoayuda inventados sirven para que la protagonista avíe el entuerto. Los nombres también son jocosos, todos implican burla en el original y retratan a los personajes y los lugares donde más les duele. Desde la señora escarabajo hasta la familia víbora.

El que sea una novela tremendamente divertida y la novela cómica inglesa más desternillante del siglo XX pues que os voy a decir. He leído cosas más divertidas. Cuando al principio de la entrada he puesto el nombre del traductor no ha sido gratuito. Creo, sin temor a equivocarme, que esta novela será tremendamente más divertida en su original inglés y desternillante si quien lo lee pertenece al medio rural inglés (y si me apuras galés). El hecho es que Gibbons utilizó un vocabulario muy específico lleno de recursos literarios y lingüísticos que más a mano tenía (dudo que la mayoría de los ingleses de hoy en día pillen todas las notas humorísticas que tiene el libro). Esos recursos son un verdadero contratiempo a la hora de verterlos a otra lengua, precisamente porque el buen humor se halla en ocasiones en matices cuya traducción no siempre es posible. Es una novela escrita a comienzos de los años treinta, con un lenguaje muy concreto y haciendo referencia a un montón de aspectos sociales y culturales que nosotros no logramos comprender. De todos modos la traducción y las notas a pie de página (inevitables en este caso) de José C. Vales son una maravilla y dentro de la dificultad señalada creo que ha hecho un trabajo impecable de una dificilísima traducción.

Yo puedo decir que he disfrutado con la novela y conforme transcurría la historia cada vez más, ya que el propio desarrollo de los acontecimientos que ocurren en la granja Cold Conform de los Starkadder hacen que sonrías a cada página que pasas. Me queda la pena de haberme perdido un montón de matices que seguramente están en la versión original. Nuevamente la edición de Impedimenta es una gozada aunque en esta ocasión hubo un momento en que me despisté ya que alguna fecha de la historia está mal transcrita.

Si la veis en la librería, en la biblioteca, la tiene algún amigo o amiga, vuestra tía o la vecina, no lo dudéis. Cogedlo, compradlo, tomadlo prestado y disfrutar de su lectura. Si tenéis el amplio conocimiento de inglés necesario para leer esta novela en su versión original, leedla… y me contáis.

La novela ha sido adaptada por la BBC en dos ocasiones, siendo la primera en 1968 en forma de miniserie de tres capítulos y la segunda en una película para la televisión en 1995. Os dejo con el trailer de esa segunda versión (que tendré que ver sí o sí):

la aristocracia, el servicio y sus proyectos

No he podido resistirme a escribir esta entrada fuera de tiempo, fuera del calendario que me había marcado y fuera incluso de mi propio tiempo. Espero que esto no sea excusa para presentar un post mal escrito o sin interés. El caso es que ayer, rompiendo una de mis pautas casi casi más sagradas, estuve pegado a la televisión viendo una serie desde las diez de la noche hasta pasadas las doce (malditas interrupciones publicitarias, está claro que el próximo capítulo lo veré tranquilamente en la gran pantalla de mi ordenador cuando yo quiera y sin aguantar anuncios de nadie). Ayer estrenaron en Antena 3 la serie británica Downton Abbey, una lujosa serie en su realización, en su presentación y en su interpretación que increíblemente no es la adaptación de ninguna gran novela ni tampoco (y esto es quizás más increíble) no es una producción de la BBC, si no de la cadena ITV. Esto te rompe los primeros esquemas ya que te das cuenta que los grandes dramas de época ingleses no son propiedad ni de la literatura ni de la todopoderosa BBC.

Lo más curioso del tema es que te engancha desde el primer minuto y al terminar el primer capítulo te das cuenta de que has empezado a coger cariño a la multitud de personajes que salen en la serie e incluso te acuerdas de algunos de los nombres. La serie acabó su primera temporada (habrá una segunda) a mediados de noviembre del año pasado y se convirtió en uno de los éxitos más grandes de la televisión británica llegando a tener más de diez millones de telespectadores en el séptimo y último capítulo. Y es que cada episodio llena (o por lo menos así me ha pasado con el primero y con el segundo). Te deja con ganas de otro pero no ahora, sino mañana. Es como que hay que dejarlos reposar. Y es verdad lo que digo al principio: te encariñas con esa gente, los conoces a todos (¡y son dieciocho!) y no hay ni una sola escena que quieras pasar de largo. Es como el clímax de las historias corales, aunque en este caso son las mujeres (las increíbles mujeres de 1912) las que se llevan todas las palmas. He disfrutado con el personaje del mayordomo (tal y como tienen que ser los verdaderos mayordomos!), la condesa viuda es genial y el lacayo Thomas me recuerda a no sé quien…

La historia es simple y encantadora y tiene todos los ingredientes de un culebrón (lástima que esta palabra esté tan desprestigiada) o de un folletín de época. El extraordinario guión original es obra de Julian Fellowes (entre otras cosas, guionista de Gosford Park, para que os situéis) y está ambientado en la casa de la familia Crowley, en los años previos a la primera guerra mundial. La trama de la serie arranca en 1912 y en el momento en el que se hunde el Titanic, un hecho que llevará a la preocupación a la adinerada familia Crawley, ya que en la tragedia del barco ha muerto el que podría haber sido heredero de su fortuna familiar lo que les lleva a comenzar a buscar a un nuevo candidato. Pero Downton Abbey, el espectacular castillo que da título a la serie, es el hogar no sólo de esta familia aristocrática, sino también de todo su personal de servicio. Mientras los Crowley viven en las zonas nobles de la abadía, mayordomos, doncellas, cocineras y demás sirvientes trabajan como hormiguitas para asegurarse de que todo funcione. Unos arriba y otros abajo, como en esa otra gran serie, la que nos viene a la mente a todos cuando vemos por primera vez Downton Abbey.

La que por ahora es la serie británica con el coste por minuto más alto de la historia, también es posiblemente la más lujosa y, sin duda, una de las de mayor éxito. Y no solo eso, si no también una serie con unas interpretaciones extraordinarias. La serie cuenta con un reparto de secundarios de lujo del cine británico como Maggie Smith, que cuenta con dos Oscar por sus papeles en Una habitación con vistas (oh qué maravilla de película!) y Los mejores años de Miss Brody y cinco Bafta, entre otros muchos galardones o Jim Carter, ganador del Premio del Sindicato de Actores por Shakespeare in love.

La banda sonora está firmada por el compositor John Lunn que tiene en su haber varias bandas sonoras para producciones televisivas casi todas ellas británicas. El tema de entrada, con ese piano, es una melodía preciosa que me recuerda en algún momento a un conocido vampiro moderno tocando el piano… (en que estaré pensando yo…). Aquí os dejo un enlace con más información sobre su trabajo.

planeta humano

Uno de los últimos descubrimientos que he tenido con el medio televisivo ha sido una serie documental co-producida por la BBC y Discovery Channel y titulada Human Planet. Y es esa precisamente la peculiaridad de esta serie documental, la relación del ser humano con el planeta Tierra en los diferentes escenarios que en ella se pueden dar y su adaptación al medio natural que le (nos) ha tocado vivir.

Anunciada en 2007, los equipos de producción de la BBC pasaron dos años de grabación de más de 70 historias humanas en algunos de los lugares más remotos de la Tierra y abarcando más de  40 países. Cada episodio de la serie se centra en el ser humano y el medio habitado, incluyendo desiertos, selvas, el Ártico , las praderas, ríos, montañas, océanos, y el paisaje urbano.

Por primera vez en una serie documental producida por la BBC han tenido un fotógrafo en exclusiva durante la grabación. De esta impresionante dirección de fotografía se ha encargado el zoólogo y fotógrafo británico, durante muchos años reportero gráfico, Timothy Allen. Digna acompañante de tan emocionante experiencia visual es la banda sonora original compuesta por el también británico Nitin Sawhney (compositor premiado por alguno de sus álbumes de estudio, y habitual de la televisión, publicidad e incluso videojuegos).

La retransmisión de Human Planet en el Reino Unido comenzó el pasado 13 de enero a través de la BBC One y durará ocho semanas. Posteriormente se realizará el lanzamiento internacional de la serie documental. En Internet está disponible para ver (en inglés, naturalmente, aunque también subtitulada).

Ver las peripecias de dos percebeiros jugándose la vida contra el mar y las rocas para coger percebes, o la vida de los esquimales en invierno, el uso de águilas para cazar por parte de unos mongoles, el viaje de unas beduínas a través del Sahara en busca de un pozo de agua para vender sus camellos, la pesca a pleno pulmón en aguas del Pacífico, la fiesta de un pueblo del desierto por la llegada del agua, una tormenta del desierto mientras un pastor intenta llevar sus vacas a una laguna, los ritos amorosos en Nigeria a través de danzas y ritos milenarios… todo narrado por la voz de John Hurt… La verdad es que es totalmente recomendable para ver. Unas imágenes espectaculares, unas historias humanas preciosas y para quedarte sin habla y una música maravillosa. Os dejo el trailer para que abráis boca y os quedéis prendados con las imágenes. ¿Conocíais la serie documental? ¿Os está gustando?

proyectos 2011

Ha comenzado el año y es el momento de hacer recuento de todos esos proyectos que tenemos para el 2011, esas ideas que nos suelen rondar por la cabeza a comienzos de cada año y que después poco a poco (o a grandes zancadas) se pierden en la memoria más profunda, en ese espacio al que ya no podemos llegar. Por eso he decidido compartir con vosotros mis proyectos para 2011 y así tenerlos a la vista. Veremos que tal dentro de un año. Son proyectos para vivir una vida mejor, más sana y apetecible. Allá van:

El orden de los factores no altera el producto.

1. Hacer ejercicio diario. Bicicleta, salir a correr y disfrutar de las calles vacías mientras levanta el día, saltar y recorrer los parques de la ciudad e ir notando como poco a poco mi cuerpo va adquiriendo el estilo perdido. Creo que lo agradecerán no solo mi cuerpo, ni mi mente, si no el resto de personas que están a mi alrededor.

2. Comer tranquilamente. Tengo un problema, como demasiado deprisa. Mi dieta es bastante buena (habrá que mejorarla y bajar la carne, subir el pescado y dejar los dulces) pero no mastico apenas. Mi meta es disfrutar más tranquilamente de la comida. En cuanto a la bebida, no soy persona de beber alcohol diariamente, así que seguiré bebiendo moderadamente pero no porque me lo obliguen las situaciones sociales ni las fechas.

3. Disfrutar de la lectura. Ser capaz de poder dejar un libro si no me gusta (creo que este objetivo va a ser muy difícil de cumplir) y dejarme aconsejar por amigos y conocidos. Visitar más la biblioteca porque así mi bolsillo me lo agradecerá y mis estanterías también. Alternar la narrativa actual con los clásicos.

4. Gozar más con los amigos, con la familia, disfrutar de las buenas conversaciones, de los momentos que compartimos. Escucharme más a mi mismo.

5. Viajar, aunque sea a un pueblo cercano y descubrir nuevos lugares, gentes, fiestas, culturas.

6. Seguir disfrutando tal y como lo hago con la música. Seguir con mi propia banda sonora.

7. Pasear, andar por la ciudad, utilizar el transporte público, utilizar la bici, descubrir nuevos rincones de mi propio lugar, su historia, mi historia, mi cultura.

8. Hacer una contención del gasto superfluo. Por mi bolsillo, por mi y por el resto.

9. Abrirme a conocer gente nueva, no cerrarme a ello, dejar de lado mi timidez natural y mi comodidad personal.

10. Continuar con esta aventura del blog, aprendiendo de los que llevan varios años y de la gente nueva que lo hace tan bien.

Y vosotros, ¿tenéis proyectos para este 2011?

las señoras de cranford

 

¡Cómo he disfrutado con estas señoras! Me he reído como pocas veces me he reído con un libro. Imaginaros un pueblo inglés de las primeras décadas del siglo XIX en donde la mayoría de las casas de buena posición son propiedad de mujeres y en donde quien marca la vida social de ese pueblo (la vida social oficial, se entiende) son estas mujeres. Imaginaros todo eso a finales del reinado de Guillermo IV y a comienzos de lo que se ha venido a llamar época victoriana y con las pautas de educación, decoro y etiqueta que imperaban entonces y que en la actualidad nos parecen en muchos casos ridículas.

El libro que ahora se ha editado en castellano lleva el título de Crónicas de Cranford y son en realidad tres libros escritos por la autora Elizabeth Gaskell, Confesiones del señor Harrison, Cranford y Lady Ludlow. La señora Gaskell, que normalmente es recordada por su biografía de Charlotte Brontë, era una escritora y novelista inglesa que, entre otros, se relacionaba con Charles Dickens, John Ruskin, Harriet Beecher Stowe y el escritor estadounidense Charles Eliot Norton que la visitaban en su casa de Manchester, en donde realizaban sobremesas literarias. Aparte de las tres novelas recogidas en la edición comentada son conocidas otras obras suyas como Mary Barton, Norte y Sur, Los amores de Sylvia o la referida Vida de Charlotte Brontë.

Reunir estas tres novelas en un solo libro tenía su dificultad ya que las tres son el resultado de técnicas literarias muy diferentes, están ambientadas en épocas y lugares muy dispares y, así como en el primero la voz narrativa es masculina, los dos siguientes están contados por una mujer. Pero todos esos rasgos diferenciadores carecen de importancia porque, según avanza en la sucesión de relatos que componen cada libro, al lector ya no le importa quién está contando en realidad cada historia o dónde y cuándo transcurre la misma porque quien habla de verdad es la sensibilidad de una época, los fundamentos de una cultura, los compromisos morales de una religión, los usos y costumbres de unas personas inmersas en un mundo que está siendo arrasado (los cambios de la llegada del ferrocarril, relatados en la obra, supusieron una auténtica revolución en todos los sentidos) y que se aferran a sus míseros signos de identidad para no verse empujados hasta las  cloacas por los embates de la nueva era.

Y este buen empaste tiene razón hasta la solapa del propio libro que nos dice “Las historias que cuenta Crónicas de Cranford enlazan brillantemente unas con otras, como las cerezas extraídas de un cesto. Casi todas pueden ser leídas como cuentos independientes, pero en su conjunto forman una narración suficientemente sólida como para estar muy lejos de ser consideradas una mera sucesión de relatos. Si algo unifica todas las historias que se cuentan es, sin duda, la ternura que late en cada una de ellas: la de la mujer madura que recupera a un amor de juventud al que abandonó para cuidar a su hermana enferma; la solterona que, ablandada por la muerte de un viejo amor, autoriza a su criada a responder a los requiebros de un pretendiente; la del chiquillo descarriado que huye de la casa tras una inopinada paliza de su padre, de la que el hombre se arrepiente de por vida…”.

Y después de la lectura, la serie, otra delicia, increíblemente bien hecha, extraordinariamente bien interpretada, sublime en su ambientación. Pero todos estos adjetivos superlativos los dejaremos para otra entrada donde comentaré la serie. Por ahora, disfrutad de la lectura. Que no es poco.