música para una batalla en guadalcanal

En 1998 el director Terrence Malick versionó para la gran pantalla la novela de James Jones, La delgada línea roja y fue presentada mundialmente en el Festival de Cine de Berlín del año siguiente en sonde se alzó con el Oso de Oro a la Mejor Película.

Malick está considerado por gran parte de la crítica como uno de los grandes directores de su generación, a pesar de contar con muy pocos títulos en su haber. De 1973 a 2005 realizó cuatro películas, todas ellas consideradas obras maestras en diferentes aspectos en la totalidad de la obra (1973. Malas tierras, 1978. Días del cielo, 1998. La delgada línea roja y 2005. El nuevo mundo) y en 2011 estrenará su quinto largometraje, El árbol de la vida. En 2012 estrenará su sexta película, que todavía no tiene título y parece ser que está en proyecto la realización de una película sobre la vida del músico Jerry Lee Lewis.

Jones es un autor estadounidense que se inspiró en sus vivencias de la Segunda Guerra Mundial para escribir las que serían sus obras más famosas (De aquí a la eternidad y La delgada línea roja).

La película de la que hablo narra la historia de las tropas norteamericanas en la Batalla de Guadalcanal, campaña desarrollada entre mediados de 1942 y principios de 1943 en las islas del Pacífico, en el sur de las Islas Salomon, siendo la mayor ofensiva lanzada contra el Imperio japonés en el desarrollo de la II Guerra Mundial. El argumento por lo tanto es totalmente cinematográfico. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de marines son enviados a una misión destinada a frenar el avance japonés en el Pacífico. La desesperada lucha y los horrores de la guerra hacen mella en la moral de los soldados y todos ellos reflexionan sobre el sentido de sus vidas y su necesidad de supervivencia.

El compositor elegido para poner música a esta película fue, ni más, ni menos, que Hans Zimmer, músico de origen alemán que se ha caracterizado por saber compaginar y unir la música espectacular para películas grandiosas con partituras muy elaboradas. El oscarizado autor realizó con esta partitura una de sus mejores bandas sonoras (y posiblemente la mejor hasta esa fecha), partitura en apariencia densa y compleja, tanto por su estructura como por su melódica. Sin embargo, está ordenada en base a tres ideas que se describen con la música a lo largo de la película: la opresión de los soldados en el frente de batalla, la desolación por las pérdidas humanas y un sentido de liberación espiritual, que es la que conocen gracias a las reflexiones que hacen ante la situación límite en la que se encuentran. La banda sonora expresa también el terror y la angustia pero también hay instantes más esperanzadores que se consiguen mediante un adagio y con el empleo de un cántico nativo. El compositor recurre a una orquesta sinfónica ampliada con instrumentos orientales (como el koto, la flauta shakahachi, etc.) y sintetizador.

Creo que esta banda sonora es un auténtico legado espiritual, una pieza de un fascinante poder evocador e inevitable genialidad. La música es desgarradora y ciertamente pesimista, pero hay esperanza, y mucha, en sus notas. Hay momentos tremendamente terribles, oscuros, como terrible y oscura debe de ser una batalla, pero quizás lo más curioso después de escuchar la banda sonora sea el sentimiento de esperanza que se te queda en el cuerpo. Las batallas, dentro de su crueldad, de su terror, de su maldad están protagonizadas por seres humanos que como tales tienen sus sentimientos, sus pensamientos, sus temores y sus esperanzas y esto último es el componente final de esta extraordinaria música.

De los cortes de la banda sonora el más reseñable es, desde luego, el tercero, el titulado Journey to the line, el más bello e importante de la película (y de los más bellos e importantes de la carrera de Zimmer) y uno de los más respetados por el director de la película, Malick. Suena en dos ocasiones, en dos momentos importantes de la película y estoy seguro que es gracias a esta música, entre otras cosas, por lo que la película de Malick es una auténtica obra maestra. El corte es un crescendo emocional indescriptible. Comienza con unas notas a cuerda, que asemejan un reloj acelerado, y con más notas de violines, ayudadas por lo que parecen trompetas, alcanza una de las cotas de paroxismo más conmovedoras de la entera historia del cine. En realidad, su razón de ser, es la de atrapar todo el dolor y toda la belleza del mundo, y convertirlas en notas musicales. Nada menos. Música para romper el corazón. su parte final, sólo con violines, es el broche perfecto para esta pieza excepcional de arte musical.

El segundo corte con el que me quedo es God U tekem laef blong mi, pieza capital para comprender la película, interpretada por los aborígenes de las islas Solomon. Una preciosa oración cantada en “pidgin-english”, con lo que el vocabulario británico está ligeramente alterado. El título de esta canción en concreto, sería algo como ‘God you take my life’, es decir, Dios llévate mi alma. Muy diferente a todo lo propuesto por Zimmer, se engarza sin embargo con gran perfección con el tono de lo que quiere contar Malick. Insuperable.

¿Qué os parece esta música? ¿La conocíais? ¿Y la película?

Para quienes queráis escuchar la banda sonora completa aquí os dejo el enlace a la lista que he creado en Spotify: música para una batalla en guadalcanal.

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maravillosos ejercicios

BWV 988, originalmente Aria con variaciones diversas para clave con dos teclados, para el mundo y la posteridad Variaciones Goldberg. Esta obra, compuesta por Johann Sebastian Bach en 1741 en Leipzig, cuando era Maestro cantor de la iglesia de Santo Tomás, fue publicada como la cuarta parte de los Clavier-Übung, los Ejercicios para teclado, que es un auténtico compendio demostrativo de la genialidad del compositor alemán para teclado, unos ejercicio para aficionados competentes y exigentes, en palabras del propio compositor.

La historia de la composición de esta obra es bastante conocida. Las variaciones fueron encargadas a Bach por el conde Hermann Carl von Keyserlingk de Dresde para que el clavicordista de su corte, Johann Gottlieb Goldberg, lo entretuviese con ellas durante las noches de insomnio del conde. El conde recompensó de forma generosa a Bach con una copa de oro que contenía un centenar de louis d’or, el equivalente a 500 táleros, casi el sueldo de un año como “kantor” de la Thomaskirche de la misma ciudad de Dresde. Las Variaciones Goldberg fueron publicadas en 1741, el mismo año de su composición, o en 1742, en vida de su creador, lo cual no fue habitual. El editor fue Balthasar Schmid, de Nüremberg, un amigo de Bach. Schmid imprimió la obra mediante grabado en planchas de cobre, en vez de utilizar tipos movibles; las notas de la primera edición son manuscritas por el mismo Schmid y contiene varios errores de imprenta. Sobreviven como mínimo diecinueve copias de la primera edición, que se conservan en museos y en colecciones de libros raros. De estas, la más valiosa, porque incluye correcciones y adiciones realizadas por el mismo compositor, está en París, en la Biblioteca Nacional de Francia. Estas copias son la única información disponible en la práctica cuando los editores modernos pretenden ser fieles a la intención de Bach. La partitura completa manuscrita original no ha sobrevivido. Una copia manuscrita del aria fue encontrada en la copia de 1725 del cuaderno de la segunda esposa de Bach, Anna Magdalena. Christoph Wolff opina que Anna Magdalena copió el aria de la partitura autógrafa alrededor de 1740; aparece en dos páginas no impresas del cuaderno.

Las Variaciones Goldberg se componen de un tema único, llamado aria, treinta variaciones y un reprise del aria o Aria da Capo. Lo que liga a todas ellas no es una melodía común, sino un fondo de variaciones armónicas de las que es objeto la línea del bajo. Las melodías pueden variar, pero subyace siempre un tema constante. Si bien pueden rastrearse precedentes en el desarrollo de variaciones sobre un tema, Bach lleva la forma a tan alto nivel que sólo obras muy posteriores pueden considerarse equiparables, como por ejemplo, las Variaciones Diabelli de Beethoven. Así, después de la exposición del aria al principio de la pieza, se suceden las treinta variaciones. Es por esta razón que esta obra es considerada por algunos autores como una chacona –la diferencia consiste en que el tema en una chacona se extiende normalmente sólo cuatro compases, mientras el aria se extiende a lo largo de dos secciones de dieciséis compases, con repetición, cada una.

Hablar de Glenn Gould y de las Variaciones Goldberg de Bach casi parecen la misma cosa, pues el pianista ha entrado en la leyenda con esta obra. En enero de 1955, con 22 años, el director de la entonces Columbia Masterworks (luego CBS y ahora Sony Classical), David Oppenheim, escuchó a Gould interpretar esta obra en un recital en Nueva York; sólo por lo entonces escuchado, al día siguiente estaba firmado el contrato. Unos meses después, Gould grababa su primer disco para Columbia, para el que eligió (cómo no) las Goldberg, un programa arriesgado pues en aquella época Bach no era un autor “clásico” tan difundido entre el gran público como Beethoven o Tchaikovsky, y la mayoría de la gente lo consideraba un autor “para especialistas” o para eruditos; muchos de estos escépticos serían convertidos por Gould en “creyentes” en la causa de Bach.

La sesión de grabación de este primer disco ha pasado también a la leyenda: Gould se presentó en el estudio con abrigo, bufanda y guantes pese a que era un cálido día de verano, y llevaba dos botellas de agua y toallas de baño, pues antes de la grabación deseaba sumergir las manos en agua caliente durante 20 minutos, un ritual que repetiría en todas sus actuaciones; también llevaba sus cajas de pastillas con fármacos de todo tipo y su silla personal, para poder sentarse ante el piano a una altura más baja de lo normal. Todos estos elementos se convirtieron en inseparables de la actividad de Gould como pianista, y el más característico fue siempre el canturreo de la música mientras estaba tocando, algo que se percibe con mucha frecuencia en sus grabaciones.

Para cualquiera que desee hacerlo existe un estuche conmemorativo con las grabaciones completas de esta obra por el genial pianista. Y versiones de esta maravilla hay muchas y acepto que para gustos los colores pero mi oído está hecho a la genialidad de Gould ya que mi padre tenía un disco de vinilo de esta versión que nos ponía de pequeños muchas tardes o las mañanas de los sábados. Luego descubrí otras versiones, otras manera de enfocar las variaciones, algunas de ellas verdaderamente extraordinarias, con instrumentos de época, con otros instrumentos como el harpa, la guitarra, el violín o la flauta traversera, pero siempre estará Gould ahí.

Y en Spotify también está en la lista que he creado con la edición conmemorativa de las grabaciones originales. La de 1955, la de 1981, una entrevista del año 81 y la grabación con sonido de fondo y comentarios de 1955. Muy interesante aparte de bellísima. maravillosos ejercicios

la princesa prometida

Cualquiera que tengamos ya cierta edad, e incluso la siguiente generación, seguramente hayamos visto en alguna ocasión una película fantástica titulada La princesa prometida (The Princess Bride). Algunos incluso tenemos la maravillosa banda sonora. Muy pocos hemos leído el libro.

Este cuento fantástico, de Amor verdadero, de duelos y espadachines, piratas y príncipes con una maldad difícil de superar, con magia y ungüentos mágicos, con dosis de inteligencia, con acertijos y con una historia preciosa, fue escrito en 1973 por el famoso guionista William Goldman, autor de, entre otras, El indomable Will Hunting, Algunos hombres buenos, Cámara de gas, Misery, Todos los hombres del presidente o Dos hombres y un destino. El cuento está escrito como si se tratase de un compendio de la obra más extensa del mismo nombre escrita por un escritor florinés (de un lugar llamado Florín) llamado Simon Morgenstern (lo que parece ser un pequeño homenaje al filólogo alemán Johann Carl Simon Morgenstern, que acuñó el término “novela de formación” que hace referencia a las obras en donde se muestra el desarrollo físico, moral, psicológico y/o social de un personaje, generalmente desde la infancia hasta la madurez. Esta supuesta paternidad de la obra original le hace crear un cuento en dos niveles, uno el compendio mismo de la obra de Morgenstern y otro sus comentarios.

La historia trata principalmente del Amor verdadero entre los dos personajes principales, Buttercup y Westley. Resumidamente el argumento es el siguiente: Buttercup vive en una granja y es una joven bellísima. En esa granja tiene un mozo de cuadras llamado Westley que está profunda y secretamente enamorado de ella, aunque la joven no hace más que tratarle mal. Un buen día, cuando ella se da cuenta que está enamorada de él, se lo dice, y al día siguiente el se va a América a hacerse rico jurándole que va a volver. Un desgraciado día llegan noticias de que el barco donde viajaba Westley se ha hundido… tras esto llegará un príncipe muy asqueroso con el que se prometerá, llegará un secuestro en el que intervienen el espadachín más diestro del mundo, el hombre más fuerte del mundo y el hombre más sagaz del mundo…. y como quizás alguien se anime a leer el libro tras esta entrada, no os voy a contar mucho más.

Yo el libro lo leí después de ver la película y no me defraudó en absoluto ya que… el guión de la película también lo hizo el mismo Goldman. La película, que es una película sin mayores pretensiones que entretener, se hizo muy famosa entre la gente joven y el boca a boca hizo el resto. Lo curioso es que mientras estuvo en los cines pasó sin pena ni gloria. Está protagonizada por Cary Elwes y Robin Wright. Tiene muchas partes famosas aunque algunas de ellas han superado a las demás, como la escena del duelo en los Acantilados de la Locura o la escena de la venganza del espadachín Iñigo Montoya diciendo aquello de “Hola, me llamo Iñigo Montoya, tu mataste a mi padre, prepárate a morir!” . La película se rodó en diferentes escenarios de Inglaterra e Irlanda. Los Acantilados de la Locura no son otros que los famosos Acantilados de Moher, en Irlanda.

La banda sonora, así mismo, es también una música muy bella creada por el guitarrista Mark Knopfler, cuya elección fue exclusiva del director de la película Rob Reiner, quien creía que el músico escocés sería el único en conseguir llevar la original historia de amor a una partitura. Y no se equivocó. En la banda sonora el compositor recurre mayoritariamente a instrumentos acústicos y sintetizador, para la recreación de una atmósfera etérea y de fantasía. Se prima lo romántico y se enfatiza la acción. La canción Storybook Love, incluída en la banda sonora y escrita e interpretada por Willy DeVille, fue nominada en el apartado de Mejor Canción en los Oscars de 1987, aunque ese año fue el de Dirty Dancing. Os dejo con un video de Willy DeVille cantando en un concierto unplugged la preciosa canción (el tio la verdad es que se suelta un rollo de un minuto hablando, pero después comienza la canción):

En fin, tres artes para un solo tema. Literatura, Cinematografía y Música. No sabía muy bien en que apartado de los cuadernos de Moleskine meterlo, pero al final me decanto por Book Journal, ya que de la novela surgió el resto, no os parece? Conocíais la obra, la película o la banda sonora? Qué os parece? Yo creo que la próxima vez que tenga que ir a un hospital a visitar a algún niño (espero que no esto no ocurra) creo que le llevaré el libro, para que sueñe igual que yo hice.

Para quienes queráis escuchar la banda sonora al completo, con la música de Knopfler os dejo el enlace de Spotify:

la princesa prometida

música para un dragón

Cualquier aficionado a la música cinematográfica podría decirnos que en el sentir general hay una banda sonora de las películas de 2010 que sobresale por encima de las demás, una banda sonora de auténtica música, con unas melodías preciosas y que fue creada para una película de animación. La película es How to train your Dragon (Cómo entrenar a tu Dragón), de Dean DeBlois y Chris Sanders, la partitura es obra de John Powell.

Si buscamos en nuestra memoria todo el mundo tenemos una película que en nuestra niñez, o en nuestra adolescencia nos hizo amar esa vertiente artística que se llama cinematografía. En mi caso mi memoria está compuesta de muchas, muchísimas películas y no me podría decantar por ninguna. Ver Mary Poppins con todos mis primos en el salón de casa de mis abuelos, o ir por vez primera al cine yo solo con unos amigos para ver, nada más y nada menos, que ET el extraterrestre, llorar cada vez que vi en el cine (creo que fueron tres veces seguidas) El club de los poetas muertos y sentir que olía los montes y campos cuando vi en el cine Tasio. A esto se le lama magia y pocas veces, menos de las que quisiéramos, ocurre cuando vamos al cine. La magia del cine está ahí muchas veces, es verdad, pero esa magia tiene que llegarte a ti concretamente y eso es lo difícil. A lo largo de mi vida no son muchas las ocasiones en las que he sentido esa magia. Películas que me hayan gustado ha habido muchas, películas que me hayan entusiasmado unas cuantas, pero películas que me hayan hecho sentir esa magia de la que hablaba unas pocas. Ultimamente una de ellas ha sido Avatar, que no es que tenga un guión extraordinario, pero el conjunto de pedazos que hacen la película me llegó de una manera que se podría clasificar de mágica. Esos pedazos están compuestos de la historia que se nos cuenta, de los personajes, de los diálogos, de la fotografía, de las interpretaciones y de la música… y es que una música es importante en una película hasta el punto de tener el poder de cambiar nuestra impresión de la misma según el tipo de música que sea, de los momentos en que esta música suena, de su tratamiento, etc.

Cómo entrenar a tu Dragón es una película que nos acerca irremediablemente a nuestra infancia. Estoy seguro que cualquier niño o niña que vea esta película quedará profundamente marcado por ella tal y como cada uno de nosotros fuimos marcados por otras películas en nuestras propias infancias. Es una película con un nivel narrativo extraordinario, una clásica historia sobre la superación de un niño ante un problema de gran magnitud , con unas imágenes tremendamente bellas.

Si visualmente y a nivel argumental la película cumple, aportando su parte para conseguir esa magia de la que hablaba, la banda sonora de John Powell consigue finalmente tener un producto mágico, perfecto para anclarse en el corazón de grandes y pequeños. John Powell presenta una de sus más conseguidas bandas sonoras y eso es decir mucho, pues solo en el campo de la animación ha presentado partituras tan magistrales como la de Happy Feet o tan descomunales como Horton.

Como Entrenar tu Dragón es un cúmulo de grandes momentos, de leitmotivs asignados a situaciones, lugares y personajes. Esa complejidad, no se pierde en números sueltos de la partitura y eso consigue hacernos identificar fácilmente el hilo musical que consigue uno de sus valores más evidentes, la cohesión temática que hace que la composición funcione por igual en una escucha aislada como en una compartida con las imágenes. La partitura es tan rica que no dejaremos de escucharla fuera de las imágenes y nos hará vibrar en muy diferentes secciones de la película. Test Drive es una de ellas, una inyección de fuerza, jovialidad y libertad que nos acompaña en nuestro vuelo junto a Hiccup la primera vez que cabalga a lomos de Toothless, el “dragón furia nocturna” que finalmente se encariñará con nuestro protagonista. Volamos a ras de las olas del mar, con la fuerza y el ritmo que pocos compositores a día de hoy saben imprimirle a las imágenes con su música. Y luego esos bellos temas asignados a personajes, como Romantic Fight ligado al personaje de Astrid, que el compositor fusiona mas avanzado el corte con el tema de Hiccup. Otro de esos temas que hacen enorgullecernos de tener una pasión tan rica y bella en formas como es la música de cine. El asignado a los Vikingos y su aldea en This is Berk justo al principio del relato, con un sonido característico del compositor mezclado con ese punto celta que viene enlazado con la trama y que añade esa pincelada melódica que hace subir enteros a la partitura en una escucha aislada. Powell no olvida el lado más poderoso y épico de los vikingos con esos ritmos marcados por una percusión abrumadora y el coro de hombres. Testosterona pura y dura que conecta perfectamente con la mentalidad de estos personajes, totalmente concentrada en la personalidad del padre de Hiccup, el jefe Stoick. El corte que le sigue tiene ese halo de sonido clásico pasado por el tamiz de la época actual e incluso hay momentos en que te parece estar viendo a Ben-Hur a bordo de la galera remando al ritmo del tambor romano. Dragón Battle describe musicalmente la amenaza de los dragones y la lucha valerosa de toda la aldea para defenderse.

Pero sin duda el momento, aquel que te hace caminar directamente hacia tu niñez, que te desnuda de esas barreras que hemos ido creando con la edad y con años y años de ver todo tipo de películas, es Forbidden Friendship. Magia en estado puro. Fusión de imágenes, montaje y música a un grado tan perfecto que muy pocas veces se puede contemplar. Os aseguro que ni en la mejor de mis perspectivas pensaba encontrarme con una escena tan llena de información pero a la vez tan sencilla como esta, un canto a la amistad y esa inocencia mágica de la que os hablaba al principio de esta entrada.

No queda ahí el trabajo de Powell, pues el músico nos reserva momentos espectaculares en, por otro lado, escenas tan épicas como las finales, una batalla que para nada tiene que envidiarle a películas de temáticas similares como las de El Señor de los Anillos.

Al terminar la película uno esta conectado con su yo mas puro, ese niño que temblaba de emoción al ver como los malos perdían la batalla final gracias a la habilidad de un joven de pueblo. Y mucha culpa la tiene John Powell. John Powell es un genio, uno de los compositores que más ha demostrado que una carrera puede ser objeto de evolución y mejora. Sin duda uno de los 5 mejores músicos de cine de la actualidad, que nos ha regalado la mejor banda sonora del 2010.

En definitiva, una música para disfrutarla con las imágenes, viendo la película, pero también una música para soñar mientras la escuchas tranquilamente en el sillón de tu casa, o conduciendo una mañana de domingo soleada por una carretera secundaria, sin más acompañantes que la escarcha matinal que poco a poco se funde en los tímidos rayos de sol que se atreven a ir apareciendo tras los montes y colinas… me voy a pasear con la música de Powell en el iPod!

Os dejo con el enlace de mi Spotify para que escuchéis la banda sonora completa:

música para un dragón

la música del rey

Bueno, pues por fin el pasado fin de semana pude ver El discurso del rey, de Tom Hooper. No me esperaba lo que vi. En principio iba sin mayor conocimiento del tipo de película que podía ser. No había leído nada sobre ella (salvo los inevitables comentarios de la gente cercana) y solo sabía que se trataba de algo relacionado con la tartamudez de un rey inglés. Iba también con las recomendaciones de mucha gente, algunas de ellas amigas y amigos de este blog. Gracias.

Me gustó. Me gustó y mucho. La historia de la Inglaterra de principios del XX, con un George V autoritario con sus hijos y chapado a la antigua que tiene que hacer frente a los cambios y modernizaciones de la propia sociedad (en este caso hay una frase suya muy buena en la que le dice a su hijo Bertie, futuro George VI, que antes los reyes con vestir armaduras, montar bien a caballo y saludar les bastaba y el pueblo les quería y les veía como a reyes, pero con la llegada de la radio se han convertido en meros actores que tienen que representar lo que son). Un David, futuro Edward VIII, en plan dandy, sin mayores preocupaciones que ir de fiesta en fiesta y enamorado de una mujer mayor, estadounidense y divorciada. Una Elizabeth Bowes-Lyon, futura Reina Madre, controladora de todos los detalles y aristócrata hasta para ir al baño, interpretada magistralmente por Helena Bonham Carter. Aparecen también las princesas Elizabeth, futura Elizabeth II y su hermana Margarita.

El personaje central, uno de los dos, de la familia real en esta película es Bertie, llamado así en familia, futuro rey George VI e interpretado maravillosamente por Colin Firth. Un hombre que desde niño ha sufrido por su tartamudez, ha sufrido a su hermano David, ha sufrido incluso a sus niñeras. Un hombre al que hablar en público se le antojaba el mayor de los sufrimientos que podía tener. Un hombre, que de buenas a primeras en un año muere su padre el rey y abdica su hermano el rey, con lo cual es proclamado rey. La escena en la que llora aterrorizado diciendo que el es solo un oficial del ejército y que no es rey, mientras su esposa le abraza, es una escena totalmente conmovedora, de un hombre ante su destino, un destino que el no ha elegido.

El segundo gran protagonista es Lionel Logue, con el inigualable Geoffrey Rush en el papel de un excéntrico terapeuta de trastornos del habla que con sus métodos poco ortodoxos devolverá al, primero Duque de York y después rey George, su voz personal y su voz ante el pueblo, llegando a pronunciar el conmovedor discurso donde anuncia la guerra con Alemania.

¿Y la música? Agradable y bella partitura, muy sencilla en su estructura y en sus pretensiones, que se sustancian en la recreación de un ambiente amable y elegante, con un destacado tema principal. La película, una de las favoritas para la noche de los Oscars, tiene una banda sonora que también está nominada en el apartado a mejor banda sonora original. Y no es precisamente nada mala, aunque no creo que sea la mejor de Alexandre Desplat (¿hay otro compositor en 2010?) en este año, honor que le dejo a Harry Potter. En El discurso del rey sale el más puro Desplat: elegante, delicado y a veces juguetón… y ahora además con el punto “british” requerido para la película. El peso principal lo lleva el piano, que pasa de momentos alegres a más dramáticos en el mismo corte de la banda sonora. Llaman la atención la corta duración, apenas 32 minutos de música original más dos cortes de música de Beethoven (concretamente el allegreto de la Séptima sinfonía y un movimiento del concierto Emperador) y que sea la prestigiosa compañía Decca la que lance el disco.

Y aquí os dejo el enlace de Spotify para que disfrutéis de esta maravillosa música: la música del rey

john barry 1933-2011

¡Quien me iba a decir que la entrada número 100 de este blog sin mayores pretensiones que compartir música, cine y literatura iba a ser una noticia luctuosa! Bueno, pues resulta que acabo de conocer la noticia de la muerte de uno de mis compositores favoritos de bandas sonoras y de música en general. John Barry murió ayer a la edad de 78 años de un ataque al corazón.

Nació en York, Yorkshire, Gran Bretaña el 3 de noviembre de 1933. El Jazz influyó en sus primeras composiciones y se refleja perfectamente también en la música interpretada por su primer grupo, The John Barry Seven, donde conoció al compositor Adam Faith y junto a ellos compuso canciones y piezas para varios filmes. Estos logros captarón la atención de los productores del filme Dr. No, Albert R Broccolli y Harry Saltzman quienes mostraban un disgusto por la partitura escrita por el compositor Monty Norman. Despidieron a Norman y encomendarón a Barry componer el resto de la partitura del filme, aparte de arreglar y hacerle modificaciones importantes al tema principal, lo cual resultaría en la creación del Tema de James Bond.

En las primeras películas, El Tema de James Bond fue utilizado como un leitmotiv asociado al agente, pero en películas posteriores el tema se utilizó como un tema de acción. Muchos compositores como Michael Kamen han utilizado de manera abundante el Tema de James Bond en sus partituras, sin embargo John Barry a pesar de crear la versión definitiva del tema, el mismo solo usó el Tema de James Bond en momentos puntuales y específicos. En varias películas como On Her Majesty’s Secret Service, Barry prefirió dejar de lado el Tema de James Bond y usarlo de manera escasa en la partitura, y darle más importancia a otros leitmotivs de la banda sonora. Monty Norman fue acreditado tras un juicio como el creador del Tema de James Bond. Para Dr. No , el tema fue orquestado por John Barry, quien posteriormente compondría la música de 11 filmes para la serie de James Bond. Aunque legalmente Norman es reconocido como el creador del Tema de James Bond, la mayoría de los aficionados reconocen a Barry como el verdadero creador del tema al ser él quien le dio el sonido y la orquestación definitiva. El distintivo riff de guitarra eléctrica que se escucha en la versión original del tema es interpretado por Vic Flick, amigo de Barry.

Barry es normalmente conocido por tener un estilo que se basa en el extensivo uso de los Instrumentos de viento y metal y en las cuerdas exóticas, a la par de ser un músico innovador, siendo de los primeros en utilizar sintetizadores en una partitura fílmica (On Her Majesty’s Secret Service). La orquestación de Barry combina la sección de las trompetas con la de las cuerdas creando un sonido fácilmente reconocible. Su música, normalmente, realza la respuesta del público hacia un filme como más notablemente se puede ver en Midnight Cowboy, Out of Africa, y Dances with Wolves.

No sólo compuso música para el cine, ya que su colaboración con la televisión ha sido enorme, tanto en películas como series televisivas. Una de estas es el tema que creó para la serie televisiva, The Persuaders en la cual el tema se caracterizó por el uso del Sintetizador Moog. Suya es también la música para varios musicales, entre los que se encuentra el exitoso West End, The Little Prince and The AviatorLolita, My Love, todos ellos teniendo a Alan Jay Lerner como letrista.

Durante 2006 fue el Productor Ejecutivo del álbum Here’s to the Heroes del grupo Australiano The Ten Tenors, el álbum presenta varias canciones escritas en colaboración con su Letrista habitual y amigo Don Black.

De 7 candidaturas a los Óscar, ganó 5 estatuillas: Nacida libre (1966), por la que ganó el premio en las categorías de Mejor banda sonora y Mejor canción; El león en invierno (1968); Memorias de África (1985) y Bailando con lobos (1990).

Os dejo un enlace con la lista que he hecho un poco a prisa y corriendo pero que sustancialmente recoge lo mejor y más conocido de Barry. Descanse en paz.  john barry. Así mismo os recomiendo está página web en castellano para conocer más profundamente la vida y obra del compositor inglés. Os dejo también un enlace con una página de eskup-elpais en donde hacen un repaso a los diez mejores temas del compositor, según ellos mismos.

maravillosa viola celta

En 2009 Jordi Savall nos sorprendió con un trabajo dedicado a un repertorio al que, hasta entonces, no se había acercado. El repertorio tradicional de la viola en Irlanda y Escocia. Un disco que maravilló muy gratamente a todo el mundo hasta el punto de ser reconocido como el mejor artista de música clásica del año 2009 en los Premios de la Música que concede la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música. Un premio totalmente merecido.

En The Celtic Viol, Jordi Savall se adentra en un espacio musical que tradicionalmente se ha transmitido por vía oral. La fascinación por ese repertorio lo llevó a la Biblioteca de Manchester, donde descubrió un manuscrito con melodías tradicionales para viola. El documento contenía muchas canciones tradicionales para instrumentos de cuerda y una pieza para gaita. Tras estudiarlas, se dio cuenta de la conexión existente entre la viola y las tradiciones musicales celtas, especialmente a partir de la existencia de un bordón, tal como ocurre en las gaitas escocesas. De una colección de 10.000 melodías escocesas e irlandesas, el maestro eligió treinta. Su propuesta no pretende emular a los músicos tradicionales, sino que ofrece la visión de un músico que basa su pensamiento en criterios históricos y en la experiencia como gran improvisador de música barroca y renacentista. Savall ha apostado por el poder, la emoción y las cualidades expresivas de una música que no necesita acompañamientos. El libreto que acompaña el disco está traducido al francés, inglés, alemán, castellano, catalán, italiano, gaélico irlandés y gaélico escocés, en una muestra de respeto hacia sus públicos.

A finales de 2010 el maestro catalán nos volvió a sorprender gratamente con un nuevo trabajo dedicado a la viola en su repertorio celta. Continuó con su estudio y descubrimiento de este repertorio olvidado. Porque aunque algunas de estas obras se siguen interpretando (las melodías completas o parte de ellas) a nivel tradicional lo que Savall ha hecho, tanto en el primero, como en el segundo trabajo, ha sido volver a interpretar ese repertorio con las pautas de ejecución y tipos de instrumentos lo más cercanos posibles a la época en que fue escrito (más o menos el siglos XVII y XVIII). Savall circunscribe el momento de recuperación de estas obras como la continuación de ese camino imparable que en gran medida inició Mendelssohnn con la interpretación, después de casi dos siglos, de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach. Desde entonces, señala el afamado intérprete, una parte de la música y de la musicología se ha empeñado en ir descubriendo, redescubriendo y rescatando del olvido las pautas históricas que cada obra tenía en el momento de su concepción. Y esto es lo mismo que ha hecho Jordi Savall con las piezas descubiertas en 1970 en el manuscrito conocido como Manchester Gamba Book.

La interpretación de esas músicas para lyra-viol o lyra-way me alentó a ampliar el ámbito de estudio a las músicas pertenecientes a los repertorios escoceses e irlandeses, que toqué primero con mi viola da gamba bajo acordada al modo de la lyra (lyra-way) o con la bag-pipes tunning. Enseguida me sorprendió descubrir tantos puntos en común con el estilo barroco: interpretación desigual y golpes de arco con acentuación muy característica y una gran profusión de la ornamentación improvisada. Si para mi primera grabación The Celtic Viol preferí utilizar sólo violas soprano (instrumentos agudos con sonoridades muy cercanas al fiddle) con el fin de no alejarme del repertorio de O’Carolan, N. Gow y S. Fraser, para la presente The Celtic Viol II he preferido mezclar la viola soprano de 1750 de Nicolas Chappuy (para las piezas de N. Gow, J. S. Skinner y las anónimas) y la viola baja de 1553 de Pellegrino Zanetti, de sonoridad calurosa y potente (para las piezas del manuscrito de Manchester y de la colección Ryan de Boston). Esta vez, además de las arpas irlandesas y el salterio tocados por Andrew Lawrence-King, siempre con los acompañamientos improvisados según el estilo de esas épocas, hemos añadido la percusión para las piezas bailables o rítmicas, con el bodhran tocado por Frank McGuire. Hemos seleccionado 30 piezas, agrupadas por tonalidades en suites o series. De nuevo, como ferviente homenaje a ese arte de la transmisión y al talento de todos los músicos que crearon ese maravilloso patrimonio y también a los otros, no menos importantes, que lo han sabido transmitir de generación en generación para conservarlo plenamente vivo. Como señala Ciaran Carson, las viejas melodías y canciones unen el pasado y el presente cada vez que se interpretan: «Cada vez que es cantada la canción, cambian nuestras ideas sobre ella y ella nos cambia. La música y las palabras son antiguas. Han sido moldeadas por muchos oídos y bocas y a menudo han sido contempladas. Pero cada vez es algo nuevo porque el tiempo es nuevo, y no hay tiempo como el ahora.» (Carson, 1996).

Estas músicas portadoras de vida y felicidad son verdaderamente vitales y conservan de forma íntegra todo su formidable poder expresivo y poético. Mientras haya músicos que las hagan revivir seguirán siendo un testimonio precioso de su indispensable función de identidad y cohesión social, política y cultural, que constituye también un mensaje universal de armonía y belleza.

Por cierto, tanto en el primero, como en el segundo trabajo Savall ha contado con la colaboración del arpista y especialista en música clásica Andrew Lawrence-King, fundador y director del The Harp Consort.

Os dejo la lista del Spotify con los dos discos señalados. Una delicia para los oídos y una música bellísima interpretada magistralmente. De nuevo un 10 para el señor Jordi Savall. ¡Bravo!

maravillosa viola celta