london river

Mientras la tarde dominical va desgranando sus minutos alrededor del circo futbolístico y sabiéndome engañado en la promesa de un apacible y soleado domingo abofeteado por el otoño de la ciudad decido refugiarme otra vez en Filmin para disfrutar de una película de calidad y sin cortes cada dos por tres. El catálogo de Filmin se ha ido ampliando cada vez más y son cada vez más las películas y series de muy buena calidad que podemos encontrarnos en el portal cinematográfico. Tras unos minutos de incertidumbre me decido por una película en torno a Londres, cómo no, pero en torno a uno de los sucesos que más han marcado su aspecto doloroso y trágico: los atentados del 7 de julio de 2005.

London River, nos presenta a una señora viuda que vive en un pueblo de una isla del Canal de la Mancha, cristiana, granjera y con una hija estudiando en la capital británica. Elizabeth. Por otro lado nos encontramos a Ousmane, africano que vive en Francia trabajando de guardabosques, musulmán y con un hijo estudiando en Londres. Las trágicas explosiones de aquel 7 de julio van a hacer que se encuentren estas dos personas que, en principio tan poco tienen que ver entre sí. ¿O sí?

Esta película cruda, sin música de fondo, sin esa banda sonora que suavice la vida, dirigida en 2010 por el cineasta franco-argelino Rachid Bouchareb, nos traslada una reflexión que en esta vida deberíamos hacer más a menudo. ¿Qué hay realmente de cierto en las diferencias culturales y sociales que los medios y la propia sociedad se empeñan en remarcar frente a los nexos en común que podemos tener? ¿Por qué en la búsqueda de unos hijos por parte de una madre y un padre nos agarramos a las diferencias y a los prejuicios en torno al origen, el color o las religiones en vez de observar inmediatamente las similitudes e igualdades de sus vidas, sentimientos y experiencias? La cinta, sin ahondar en demasía en la historia de aquéllos atentados, nos transporta a un abanico de sentimientos en común de dos personas que se ven atrapadas en un mismo hecho, la búsqueda de sus dos hijos, la posibilidad de que se hayan visto envueltos en los atentados de una u otra manera, la comunicación madre-hija y padre-hijo… Prejuicios, racismo, diferencias, pensamiento único frente a comprensión en la diferencia, una situación idéntica, igualdades y diferentes formas de pensar sin que eso suponga pensamientos encontrados. Dos seres de planetas distantes unidos por el dolor y la búsqueda obstinada de un hijo ausente que se aportan calor mutuamente econtrando paz en la mirada del otro.

El actor que encarna a Ousmane es Sotigui Kouyate, sorprendente y Brenda Blethyn da vida a Elizabeth, una actriz extraordinaria, de esas que habría que escribir en letras mayúsculas pues mayúsculo es su arte e interpretación. Si tenéis oportunidad no dejéis de verla. Merece la pena y mucho.

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¿bienvenidos?

Después de tres meses andando, sin parar, con lo puesto y poco más, comiendo de las ayudas sociales y de la caridad humana (¡qué poco queda de esto último!), durmiendo en el suelo y las mejores de las veces sobre una hierba, asado de calor cuando el sol aprieta y muerto de frio si es invierno y al final, con mucha suerte llegas a tu destino, a esa primera parada que es la puerta hacia tu, esperas, nueva vida.

Tras unas horas de viaje, surcando el cielo, haciendo escala con el tiempo justo para comprar algo en el duty free de turno, comiendo la comida precocinada que te sirve una azafata, echando una pequeña siesta en tu confortable asiento y reposando la cabeza en una almohada, abriendo la salida de aire acondicionado cuando sientes calor y poniéndote por encima el jersey cuando notas el aire demasiado fresco y sin darte cuenta llegas a tu destino, a esa parada en tu vida que esperas sea un aliciente para continuar en tu cotidianidad.

El primero es un inmigrante. El segundo un turista. ¡Qué maneras tan diferentes de viajar! En realidad están haciendo lo mismo. Desplazarse de un lado a otro. Pero las diferencias son sustanciales y no solo porla situación personal de cada uno. A uno le prohíben tácitamente viajar tranquilamente y mucho menos quedarse en el lugar de destino. Al otro, como mucho, le hacen pasar un control de seguridad y le desean una buena estancia.

La semana pasada estuve viendo en Filmin una película francesa titulada Welcome, dirigida por Philippe Lioret y protagonizada por Vincent Lindon, Audrey Dana y Firat Ayverdi. Bial, un joven de 17 años procedente del kurdistán iraní, ha cruzado el Oriente Próximo y Europa para reunirse con su novia recién emigrada a Inglaterra. Pero su recorrido se detiene bruscamente cuando, en el lado francés, le impiden cruzar el Canal de la Mancha. Decide cruzar el canal a nado. Para cumplir su objetivo, empieza a entrenarse en la piscina municipal. Allí conoce a Simon, un profesor de natación en pleno proceso de divorcio. Simon está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar a su mujer y lo arriesga todo ofreciendo protección a Bilal…

Una película preciosa, de esas para pensar y dura, muy dura. Dura en el tema y en el argumento. A veces este tipo de películas te ayudan a pensar en el tipo de sociedad que vamos creando. Como cuando vi la de NEDS, ¿os acordáis de aquél post? Hay escenas verdaderamente desgarradoras. Bial y sus compañeros de viaje poniéndose en la cabeza bolsas de plástico, dentro de un camión, para no emitir CO2 y que el sensor de la policía no les pillase. O la policía entrando en la casa de un ciudadano francés porque es ilegal acoger a un inmigrante… simplemente darle techo para dormir una noche y darle comida… está prohibido. Cruzar a nado en Canal de la Mancha, 32.55 kms. de separación, de mar frío si no helado, de olas y corrientes y el chaval kurdo, con un neopreno, nadando hacia la costa inglesa, mientras petroleros de 500 metros de longitud avanzan a toda máquina, sin fijarse en la hormiguita que nada a sus pies…

Una película totalmente recomendable que ganó el Premio Lumiere a la mejor película. Ahí va el trailer:

POSTDATA

Terminada la reflexión sobre la regularidad de las entradas y viendo las estadísticas del blog he decidido probar durante un tiempo un nuevo ritmo. A partir de hoy las entradas las publicaré cada dos días y en fechas señaladas. ¿Por qué este cambio? Porque creo que verdaderamente la regularidad de una entrada por día en este tipo de blog no es eficiente, ya que al no tratarse de un blog de actualidad (da lo mismo que el post lo leas hoy o mañana) no hace falta hacerlo diario y sobre todo porque creo que el tipo de gente que entra en este blog y en otros parecidos entran para leer a gusto la entrada, para saborearla… yo por lo menos con esa intención lo hago.

Muchas gracias a Lahierbaroja, de El blog de lahierbaroja y a Teresa, de Los libros de Teresa.

Hasta el miércoles!