humor british

Reconozco  que cualquier libro que publique la Editorial Impedimenta va a tener muchas posibilidades para que caiga en mis manos y sea devorado con una cierta emoción sobre lo que me espera a lo largo de esas hojas. No sé si os ocurre con alguna otra editorial (a mi con alguna otra también, algún otro día comentaré), lo que es, a mí Impedimenta me tiene embriagado con su buen hacer, con las obras y escritores elegidos, con sus traducciones de una calidad impresionante, con sus maravillosas portadas y con el gusto de sus ediciones.

El caso es que estando un día en mi librería favorita, esa que todas y todos tenemos y a la que en mi caso voy a perderme como si estuviese en casa rodeado de escritores, empecé a hojear algunas de las novedades e irremediablemente mis ojos se posaron en diferentes portadas de libros editados por Impedimenta fijándome en el título de uno especialmente: Caída y auge de Reginald Perrin.

El autor de esta novela desternillante es David Nobbs, del condado de Kent, estudiante de Lenguas Clásicas en Cambridge, reportero en un pequeño periódico de Sheffield y según sus propias palabras, lo que indica que es capaz de reírse hasta de sí mismo, el periodista más pésimo de la historia de Inglaterra. Entre pinta y pinta de cerveza se dedicaba a escribir obras de teatro impublicables. Posteriormente empezó a colaborar como guionista en varios programas humorísticos de la BBC gracias a una vis cómica a prueba de bombas con la que estaba dotado. El éxito le llegó, precisamente, con esta maravilla de novela que comento en la entrada. Una novela que tuvo dos secuelas inmediatas, creó escuela entre los autores británicos y cuyo personaje fue rescatado en 1995. El señor Nobbs se dedica actualmente a descubrir pubs rurales (¡qué suerte!) y a ejercer de hincha acérrimo, esto es, de hooligan, del Hereford United.

Vayamos con la novela. Reginald Perrin es un hombre gris, de esos señores grises de traje gris, paraguas negro, corbata gris y cara gris. De esos que todas las mañanas repiten la misma escena, con sus mujeres poniéndoles unos huevos y café para desayunar, sus mujeres llevándoles el paraguas y el maletín hasta la puerta, con sus mujeres limpiándoles la hombrera de migas o pelusilla. Perrin es de esos hombres grises que hacen todos los días el mismo trayecto, a la misma hora, para llegar a coger el mismo tren que llega siempre 11 minutos tarde. Es de esos hombres grises que todas las mañanas hace el crucigrama del periódico ( o por lo menos lo intenta), empieza su jornada redactando cartas sin sentido a su secretaria, aguanta diariamente las reuniones con su jefe, come todos los días en el mismo restaurante barato de al lado de la oficina y vuelve a casa a la misma hora, en el mismo tren que nuevamente llega siempre y todos los días 11 minutos tarde. Reginald Perrin es de esos hombres grises que incluso mantienen relaciones sexuales con su mujer cuando el calendario así lo señala.

Reginald Perrin es un hombre gris hasta que un día decide dejar de serlo. Y esa es la historia de esta novela. Un libro con el que incluso desperté una noche a toda mi familia por culpa de las carcajadas… Carcajadas que no cesaron ni ante las protestas de quienes acababa de despertar. Desde aquí, publicamente, os pido perdón… Pero por favor, no dejéis de leer esta novela y arriesgaros a que os miren con cara rara durante unos días.

En los años 70 la BBC grabó para una serie la novela, que tuvo su continuidad en otras dos temporadas más. Así empezaba la que está considerada una de las mejores series de comedia de la historia de la televisión británica:

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el chico bailaba

Corría el año 2000 cuando un niño de una localidad de Inglaterra metida de lleno en las huelgas mineras de 1984 y 1985 nos hizo soñar al ritmo del ballet. La verdad es que si lo pensamos bien el escenario, los personajes, el tema y la época eran lo más raro para aparecer juntas en una película. El escenario es Inglaterra, no sabemos muy bien dónde, pero podría ser el norte de Inglaterra. La época es a mediados de los años 80, cuando las huelgas de la minería inglesa se convirtieron en una dura batalla entre los sindicatos y la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, que finalmente ganó la señora en cuestión. El tema es el ballet, ni más ni menos, las posibilidades de un chico, de un niño, para aprender ballet y salir de las limitaciones que tiene el lugar y el momento donde le ha tocado vivir. Los personajes, los típicos obreros ingleses, de clase media-baja, proletariado puro y duro y unos niños como cualquier otro niño, con sus sueños, sus preguntas, sus dudas y su característico punto de vista a la hora de observar la vida y el mundo que les rodea. Este niño, esta película, este sueño se llamó, se llama, Billy Elliot.

Como he dicho, la película se centra en el personaje de 11 años de edad, Billy Elliot, interpretado por un jovencísimo Jamie Bell, en su amor por el baile, y en su esperanza de convertirse en un bailarín de ballet profesional. Billy vive con su padre viudo, Jackie ( un extraordinario Gary Lewis ), el hermano mayor, Tony (Jamie Draven), y su anciana abuela Nan (Jean Heywood), quien en su juventud aspiró a ser una bailarina profesional. Tanto Jackie como Tony son mineros del carbón en huelga. El personaje de la abuela es una auténtica delicia, teniendo escenas totalmente conmovedoras y algunas muy divertidas.

Jackie suele llevar a Billy al polideportivo para aprender boxeo , pero no es esto lo que le gusta a Billy (por mucho que a su padre le parezca lo más normal del mundo que un niño de 11 años de su pueblo aprenda boxeo para hacerse un hombre). Para desgracia de su padre las clases de boxeo coinciden con las clases de ballet clásico y es ahí donde se apunta, sin que su padre lo sepa, el bueno de Billy. Cuando el padre lo descubre le prohíbe tomar cualquier clase de ballet más. Pero, apasionado por el baile, Billy continúa en secreto sus clases con la ayuda de su profesora de danza Georgia Wilkinson (una maravillosa Julie Walters). La escena de Billy, algo avergonzado, tomando la primera clase de ballet es sencillamente preciosa.

Georgia cree que Billy tiene el talento suficiente para estudiar en la Royal Ballet School de Londres , pero debido a la detención de Tony durante unos altercados entre la policía y los mineros en huelga, Billy se pierde la audición para ingresar en la escuela así que Georgia va a casa de Billy para hablarle a su padre acerca de la oportunidad perdida. Aunque Jackie y Tony no lo ven así ya que su mayor temor es que se convierta en bailarín profesional y se le considere en el pueblo un “marica”. La escena que sigue a la visita de la profesora, con un Billy sacando todo su enfado mediante el baile es también una de las más famosas de la película. La “cuestión” sobre la orientación sexual de Billy y el que una profesión o actividad (en este caso el ballet) pueda condicionar esa orientación sale en diferentes ocasiones en la cinta y uno de los personajes más bonitos del largometraje es el del mejor amigo de Billy, Michael, un niño que se siente atraído por su amigo y con quien finalmente podrá establecer las diferencias entre el hecho de bailar, la amistad entre dos amigos y la atracción sexual.

Finalmente Jackie se da cuenta de que su hijo tiene realmente un talento para el baile, y hará lo que sea necesario para ayudar a Billy realizar su sueño. Aquí es donde llega el enfrentamiento entre padre e hijo mayor, ya que el padre decide dejar la huelga para poder trabajar y ganar dinero con el que poder ayudar a Billy. En cambio, sus compañeros mineros y los vecinos del barrio recaudan fondos para Billy y Jackie lo lleva a Londres a una audición para el Royal Ballet School. Aunque muy nervioso, Billy se defiende bien, pero tras golpear a otro niño en un ataque sin provocación en la audición (yo habría hecho lo mismo con ese niñato bocazas), es severamente reprendido por la junta de revisión. Al creer haber perdido su oportunidad, Billy, desacreditado y abatido, vuelve a casa con su padre. Algún tiempo después, Billy recibe una carta de aceptación de la Royal Ballet School. Las escenas de la audición logran trasladarnos toda la tensión que se puede llegar a crear en ese tipo de pruebas. Cualquiera que haya pasado por algo parecido lo sabrá.

La bella escena final de la película es unos años más tarde, cuando Billy finalmente ha alcanzado su meta: un Billy maduro (interpretado por el bailarín y actor Adam Cooper) se sube al escenario para llevar a cabo la coreografía de Matthew Bourne, El lago de los cisnes. De esta coreografía hablé hace poco en otra entrada. Tanto el padre, como el hermano y Michael, su mejor amigo de la infancia, miran desde la sala de butacas.

La película ganó varios premios del Cine Británico Independiente, de los BAFTA, y nominaciones a los Óscar y a los Globo de Oro. La película se convirtió en novela después, gracias a la adaptación de Melvin Burgess y en 2005 se convirtió en un musical.

Una película con una historia conmovedora para ver y volver a ver de vez en cuando con la ilusión de terminar la película y bailar un rato por ahí (o simplemente saltar, correr y reír).

 

humor rural e inglés

La pasada semana estuve leyendo tranquilamente una novela que la fantástica editorial Impedimenta publicó el año pasado. La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, con traducción de José C. Vales. Esta novela fue la ganadora del Premio Femina-Vie Heureuse en 1933 y está considerada la novela cómica inglesa más perfecta del siglo XX. Vayamos por partes.

Stella Gibbons nació en Londres en 1902. Fue la mayor de tres hermanos. Sus padres, ejemplo de la clase media inglesa suburbana, le dieron una educación típicamente femenina. Su padre, un individuo bastante singular, ejercía como médico en los barrios periféricos más pobres de Londres, aunque tenía tendencias suicidas, le encantaba el alcohol y el láudano, y era dado a los ataques de odio hacia el género femenino en general. Esta turbulenta infancia marcó a Stella Gibbons, que utilizó parte de ese material para crear a los grotescos Starkadder, protagonistas de su obra maestra, La hija de Robert Poste. En 1921, Stella se matriculó en periodismo, y luego empezó a trabajar en la British United Press. En 1926, Maudie, la madre de Stella, murió, y su padre la siguió pocos meses después. En 1930, mientras trabajaba en el Evening Standard, publicó un libro de poemas, The Mountain Beast, que recibió elogios de la mismísima Virginia Woolf. La hija de Robert Poste fue publicada en 1932 y su éxito fue instantáneo (aunque fuera prohibida en la recién nacida República de Irlanda por su velada defensa de la contracepción). En 1934 la novela fue galardonada con el Prix Femina-Vie Heureuse. De hecho, Gibbons es conocida casi exclusivamente por esta obra, que conoció varias secuelas y adaptaciones cinematográficas, y que está considerada la novela cómica más perfecta de la narrativa inglesa del XX. Stella Gibbons es autora de veinticinco novelas, entre las que destacan Basset (1933), Enbury Heath (1935), Nightingale Wood (1938) o Here Be Dragons (1956), amén de tres volúmenes de relatos y cuatro libros de poesía, la mayoría de ellos muy vendidos y celebrados en el mundo anglosajón. Estuvo casada durante más de veinticinco años con el actor y cantante Allan Webb, que murió en 1959. Dejó de publicar en 1972, aunque escribió dos novelas que fueron publicadas a su muerte, hecho que aconteció en 1989 en Londres. Está enterrada en el cementerio de Highgate.

En cuanto a la novela nos narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación «cara, deportiva y larga», se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm (título original de la obra), en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año «cuando florece la parravirgen»; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera». Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su “aventura”.

Todos los personajes son caricaturas de grupos de personas británicas de la época desde la protagonista Flora, típica niña bien que se quiere comer el mundo y arreglar la vida de los demás, pasando por el predicador, el escritor, la criada a jornal, la matriarca, etc. La burla continúa con los pasajes almibarados y churriguerescos que adoban el texto de vez en cuando, los cuales hábilmente señalados con tres asteriscos nos hacen reír pero que de perversos no son casi exagerados. Las frases hechas y repetitivas desde el “vi algo sucio en la leñera” hasta el “siempre ha habido Starkadder en Cold Comfort” resaltan los aspectos absurdos de esa sabiduría popular al igual que los libros de autoayuda inventados sirven para que la protagonista avíe el entuerto. Los nombres también son jocosos, todos implican burla en el original y retratan a los personajes y los lugares donde más les duele. Desde la señora escarabajo hasta la familia víbora.

El que sea una novela tremendamente divertida y la novela cómica inglesa más desternillante del siglo XX pues que os voy a decir. He leído cosas más divertidas. Cuando al principio de la entrada he puesto el nombre del traductor no ha sido gratuito. Creo, sin temor a equivocarme, que esta novela será tremendamente más divertida en su original inglés y desternillante si quien lo lee pertenece al medio rural inglés (y si me apuras galés). El hecho es que Gibbons utilizó un vocabulario muy específico lleno de recursos literarios y lingüísticos que más a mano tenía (dudo que la mayoría de los ingleses de hoy en día pillen todas las notas humorísticas que tiene el libro). Esos recursos son un verdadero contratiempo a la hora de verterlos a otra lengua, precisamente porque el buen humor se halla en ocasiones en matices cuya traducción no siempre es posible. Es una novela escrita a comienzos de los años treinta, con un lenguaje muy concreto y haciendo referencia a un montón de aspectos sociales y culturales que nosotros no logramos comprender. De todos modos la traducción y las notas a pie de página (inevitables en este caso) de José C. Vales son una maravilla y dentro de la dificultad señalada creo que ha hecho un trabajo impecable de una dificilísima traducción.

Yo puedo decir que he disfrutado con la novela y conforme transcurría la historia cada vez más, ya que el propio desarrollo de los acontecimientos que ocurren en la granja Cold Conform de los Starkadder hacen que sonrías a cada página que pasas. Me queda la pena de haberme perdido un montón de matices que seguramente están en la versión original. Nuevamente la edición de Impedimenta es una gozada aunque en esta ocasión hubo un momento en que me despisté ya que alguna fecha de la historia está mal transcrita.

Si la veis en la librería, en la biblioteca, la tiene algún amigo o amiga, vuestra tía o la vecina, no lo dudéis. Cogedlo, compradlo, tomadlo prestado y disfrutar de su lectura. Si tenéis el amplio conocimiento de inglés necesario para leer esta novela en su versión original, leedla… y me contáis.

La novela ha sido adaptada por la BBC en dos ocasiones, siendo la primera en 1968 en forma de miniserie de tres capítulos y la segunda en una película para la televisión en 1995. Os dejo con el trailer de esa segunda versión (que tendré que ver sí o sí):

un peligro llamado librería

Después de varios meses pude por fin leer La librería, de Penelope Fitzgerald, una novela corta de esas que disfrutas leyendo en cada página y conforme vas pasando las hojas más pena te da porque se va a acabar. El libro lo leí recomendado por El blog de la hierbaroja y desde un principio me dije que tenía que leerlo. Le agradezco totalmente ese post que publicó a finales de noviembre.

Antes de comentar el libro quisiera hacer una referencia a la edición realizada por la Editorial Impedimenta. Al igual que todas sus publicaciones, ésta se caracteriza por el cuidado y esmero con que está realizada. Una portada agradable, de un papel con una textura rugosa, de esas que te hacen pensar que están hechas con cariño (aunque en realidad haya sido una máquina la que fabrique ese papel), con una escueta, pero práctica biografía de la autora en las solapas interiores, con un papel de hojas grueso y que da gusto tocar y sin, y esto es lo mejor, ningún tipo de fallo ortográfico, etc (o por lo menos yo no lo he visto). En fin, que dan ganas de leer los libros de esta editorial solo por el gusto que tienen a la hora de editarlos y si encima vemos su catálogo esas ganas se pueden convertir en necesidad!

Vamos a ello. En la trasera de la edición se dice que la novela es una delicada aventura tragicómica. Delicada lo es, con esos detalles de la novela inglesa que desde Jane Austen hasta Evelyn Waugh han hecho de este género una auténtica delicia para los lectores de todo el mundo. Aventura también, no aventura de espadas y duelos, aunque las batallas muchas veces se presentan en forma de hipócritas usos sociales y crueles protocolos. Tragicómica también, ya que en muchas de sus páginas no he podido evitar reírme imaginando la escena que se contaba todo ello en un ambiente de tragedia, tragedia que ocasiona la presión social a la que se ve sometida la protagonista a la hora de montar un terrible y peligrosísimo negocio llamado librería.

Florence Green es una mujer que vive en un pequeño pueblo costero del Este de Inglaterra que en 1959 todavía vive en una realidad un tanto apartada y que se caracteriza por “lo que no tiene”. Así que la buena de Florence decide abrir una librería que será la primera del pueblo. Los problemas empiezan en el mismo banco a la hora de pedir un crédito para llevar a cabo la apertura del negocio, continúa con la compra de un antiguo edificio en bastante mal estado, que incluso tiene un poltergeist y se desencadena con la apertura de una biblioteca en la propia librería. Las fuerzas sociales del pueblo empiezan a moverse con discreción pero con determinación para intentar que la mujer cambie de opinión. ¿Por qué esta oposición a una librería en el pueblo? Esta es la pregunta que nos iremos haciendo mientras leemos la novela. Leyéndola empecé a pensar y reflexionar sobre el poder que podía tener una librería en un pequeño pueblo en aquellos años. Y es evidente, o por lo menos para mi lo es. Una librería da la posibilidad de leer (obvio), de imaginar y de abrir las mentes a algo más que tu propio ombligo (sea este ombligo tu persona, tu entorno o tu ambiente). Leer hace que las personas pensemos y pensar, como bien es sabido, es algo que al poder nunca le ha gustado que hiciéramos el común de los mortales y cuando digo poder no me estoy refiriendo a un poder administrativo exclusivamente ya que poder puede ser entendido como las normas sociales de un lugar, la propia actividad económica de un lugar, los órdenes morales y éticos que alguien ha pensado para ese lugar o el orden social existente en una comunidad. Y recordaba lo que solía contestarnos un profesor que teníamos y que yo dudaba si no habría nacido en el siglo XIX cuando le preguntábamos algo a lo que no tenía respuesta porque no la conocía o no le interesaba darla para que no pensásemos demasiado. La respuesta era invariablemente la misma. “Esto es así porque siempre ha sido así, y punto”. Ese es el gran muro con el que se encuentra la buena de Florence Green.

No sé si habéis leído Las crónicas de Cranford, de Elizabeth Gaskell, pero el ambiente de los dos pueblos y sus costumbres descrito en uno y otro libro tiene bastante similitud. Y eso que uno es del siglo XIX y el otro del XX.

Lo dicho, un libro con el que disfrutaréis, con el que reflexionaréis y con el que agradeceréis vuestra afición a la lectura y todo lo que ello conlleva. ¿Lo habéis leído alguien? ¿Qué os pareció?

la música del rey

Bueno, pues por fin el pasado fin de semana pude ver El discurso del rey, de Tom Hooper. No me esperaba lo que vi. En principio iba sin mayor conocimiento del tipo de película que podía ser. No había leído nada sobre ella (salvo los inevitables comentarios de la gente cercana) y solo sabía que se trataba de algo relacionado con la tartamudez de un rey inglés. Iba también con las recomendaciones de mucha gente, algunas de ellas amigas y amigos de este blog. Gracias.

Me gustó. Me gustó y mucho. La historia de la Inglaterra de principios del XX, con un George V autoritario con sus hijos y chapado a la antigua que tiene que hacer frente a los cambios y modernizaciones de la propia sociedad (en este caso hay una frase suya muy buena en la que le dice a su hijo Bertie, futuro George VI, que antes los reyes con vestir armaduras, montar bien a caballo y saludar les bastaba y el pueblo les quería y les veía como a reyes, pero con la llegada de la radio se han convertido en meros actores que tienen que representar lo que son). Un David, futuro Edward VIII, en plan dandy, sin mayores preocupaciones que ir de fiesta en fiesta y enamorado de una mujer mayor, estadounidense y divorciada. Una Elizabeth Bowes-Lyon, futura Reina Madre, controladora de todos los detalles y aristócrata hasta para ir al baño, interpretada magistralmente por Helena Bonham Carter. Aparecen también las princesas Elizabeth, futura Elizabeth II y su hermana Margarita.

El personaje central, uno de los dos, de la familia real en esta película es Bertie, llamado así en familia, futuro rey George VI e interpretado maravillosamente por Colin Firth. Un hombre que desde niño ha sufrido por su tartamudez, ha sufrido a su hermano David, ha sufrido incluso a sus niñeras. Un hombre al que hablar en público se le antojaba el mayor de los sufrimientos que podía tener. Un hombre, que de buenas a primeras en un año muere su padre el rey y abdica su hermano el rey, con lo cual es proclamado rey. La escena en la que llora aterrorizado diciendo que el es solo un oficial del ejército y que no es rey, mientras su esposa le abraza, es una escena totalmente conmovedora, de un hombre ante su destino, un destino que el no ha elegido.

El segundo gran protagonista es Lionel Logue, con el inigualable Geoffrey Rush en el papel de un excéntrico terapeuta de trastornos del habla que con sus métodos poco ortodoxos devolverá al, primero Duque de York y después rey George, su voz personal y su voz ante el pueblo, llegando a pronunciar el conmovedor discurso donde anuncia la guerra con Alemania.

¿Y la música? Agradable y bella partitura, muy sencilla en su estructura y en sus pretensiones, que se sustancian en la recreación de un ambiente amable y elegante, con un destacado tema principal. La película, una de las favoritas para la noche de los Oscars, tiene una banda sonora que también está nominada en el apartado a mejor banda sonora original. Y no es precisamente nada mala, aunque no creo que sea la mejor de Alexandre Desplat (¿hay otro compositor en 2010?) en este año, honor que le dejo a Harry Potter. En El discurso del rey sale el más puro Desplat: elegante, delicado y a veces juguetón… y ahora además con el punto “british” requerido para la película. El peso principal lo lleva el piano, que pasa de momentos alegres a más dramáticos en el mismo corte de la banda sonora. Llaman la atención la corta duración, apenas 32 minutos de música original más dos cortes de música de Beethoven (concretamente el allegreto de la Séptima sinfonía y un movimiento del concierto Emperador) y que sea la prestigiosa compañía Decca la que lance el disco.

Y aquí os dejo el enlace de Spotify para que disfrutéis de esta maravillosa música: la música del rey

¿bienvenidos?

Después de tres meses andando, sin parar, con lo puesto y poco más, comiendo de las ayudas sociales y de la caridad humana (¡qué poco queda de esto último!), durmiendo en el suelo y las mejores de las veces sobre una hierba, asado de calor cuando el sol aprieta y muerto de frio si es invierno y al final, con mucha suerte llegas a tu destino, a esa primera parada que es la puerta hacia tu, esperas, nueva vida.

Tras unas horas de viaje, surcando el cielo, haciendo escala con el tiempo justo para comprar algo en el duty free de turno, comiendo la comida precocinada que te sirve una azafata, echando una pequeña siesta en tu confortable asiento y reposando la cabeza en una almohada, abriendo la salida de aire acondicionado cuando sientes calor y poniéndote por encima el jersey cuando notas el aire demasiado fresco y sin darte cuenta llegas a tu destino, a esa parada en tu vida que esperas sea un aliciente para continuar en tu cotidianidad.

El primero es un inmigrante. El segundo un turista. ¡Qué maneras tan diferentes de viajar! En realidad están haciendo lo mismo. Desplazarse de un lado a otro. Pero las diferencias son sustanciales y no solo porla situación personal de cada uno. A uno le prohíben tácitamente viajar tranquilamente y mucho menos quedarse en el lugar de destino. Al otro, como mucho, le hacen pasar un control de seguridad y le desean una buena estancia.

La semana pasada estuve viendo en Filmin una película francesa titulada Welcome, dirigida por Philippe Lioret y protagonizada por Vincent Lindon, Audrey Dana y Firat Ayverdi. Bial, un joven de 17 años procedente del kurdistán iraní, ha cruzado el Oriente Próximo y Europa para reunirse con su novia recién emigrada a Inglaterra. Pero su recorrido se detiene bruscamente cuando, en el lado francés, le impiden cruzar el Canal de la Mancha. Decide cruzar el canal a nado. Para cumplir su objetivo, empieza a entrenarse en la piscina municipal. Allí conoce a Simon, un profesor de natación en pleno proceso de divorcio. Simon está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar a su mujer y lo arriesga todo ofreciendo protección a Bilal…

Una película preciosa, de esas para pensar y dura, muy dura. Dura en el tema y en el argumento. A veces este tipo de películas te ayudan a pensar en el tipo de sociedad que vamos creando. Como cuando vi la de NEDS, ¿os acordáis de aquél post? Hay escenas verdaderamente desgarradoras. Bial y sus compañeros de viaje poniéndose en la cabeza bolsas de plástico, dentro de un camión, para no emitir CO2 y que el sensor de la policía no les pillase. O la policía entrando en la casa de un ciudadano francés porque es ilegal acoger a un inmigrante… simplemente darle techo para dormir una noche y darle comida… está prohibido. Cruzar a nado en Canal de la Mancha, 32.55 kms. de separación, de mar frío si no helado, de olas y corrientes y el chaval kurdo, con un neopreno, nadando hacia la costa inglesa, mientras petroleros de 500 metros de longitud avanzan a toda máquina, sin fijarse en la hormiguita que nada a sus pies…

Una película totalmente recomendable que ganó el Premio Lumiere a la mejor película. Ahí va el trailer:

POSTDATA

Terminada la reflexión sobre la regularidad de las entradas y viendo las estadísticas del blog he decidido probar durante un tiempo un nuevo ritmo. A partir de hoy las entradas las publicaré cada dos días y en fechas señaladas. ¿Por qué este cambio? Porque creo que verdaderamente la regularidad de una entrada por día en este tipo de blog no es eficiente, ya que al no tratarse de un blog de actualidad (da lo mismo que el post lo leas hoy o mañana) no hace falta hacerlo diario y sobre todo porque creo que el tipo de gente que entra en este blog y en otros parecidos entran para leer a gusto la entrada, para saborearla… yo por lo menos con esa intención lo hago.

Muchas gracias a Lahierbaroja, de El blog de lahierbaroja y a Teresa, de Los libros de Teresa.

Hasta el miércoles!

azincourt, la novela

Uno de los libros que más me gustó del pasado 2010 fue una novela histórica de Bernard Cornwell titulada Azincourt. Un tocho de más de 600 páginas que se me hicieron como si fuesen 100.

La Batalla de Agincourt (o Azincourt) fue una inesperada victoria que las fuerzas inglesas lograron sobre las tropas francesas en el otoño de 1415, en esta población del norte de Francia, en el transcurso de la Guerra de los Cien Años. Agincourt fue un hito clave de ese larguísimo conflicto, que dio inicio a una nueva fase del mismo, en que los ingleses se apoderaron de media Francia. Superados ampliamente en número (sextuplicados, según algunas fuentes), los soldados de Enrique V de Inglaterra pretendían restaurar los derechos de su rey sobre el control de los territorios que su corona poseía en Francia.

Una batalla donde estuvieron (y muchos murieron) grandes hombres de Francia e Inglaterra. Enrique V, rey de Inglaterra, los duques de York y de Gloucester, Enrique de Beaufort, tio del rey, el Conde de Arundel, tesorero real, Thomas Beaufort, Conde de Dorset y jefe de la Armada, Ricardo Courtenay, obispo de Norwich, el duque de Orleans, el Condestable Carlos de Albret, el duque Juan de Alençon, Carlos de Artois, Juan Sin Miedo, duque de Borgoña… más de 9000 guerreros ingleses frente a 18000 franceses. Una de las batallas de la historia.

El maestro Cornwell escribió algo diferente a lo habitual, pero sin renunciar a su estilo y es que su novela no escapa de la estructura típica de sus obras, pero la verdadera historia, el escenario gigantesco, es la campaña de Agincourt, que plantea con auténticas trazas de verosimilitud. Por un lado tenemos lo que ya podemos esperar. Presentación del personaje, crisis personal, planteamiento de la enemistad con unos malos tan espantosos que son mera caricatura y, como trasfondo, un conflicto militar del mismo tipo, histórico naturalmente, que se va desarrollando y llega a su desenlace al mismo ritmo que el de tipo personal del protagonista. Ambos confluyen y se resuelven simultáneamente, sin escatimar algo de romance con una mujer de belleza sin igual y algunas gracias a cargo del amigo chistoso de turno. Pocas novedades respecto a la mayoría de sus novelas.

Pero en ésta Cornwell complica más la trama aumentando los personajes y, por una vez, no nos presenta a un super-héroe invencible y de certera astucia como protagonista. Hook, el arquero, no tiene ningún mérito visible aparte de una relativa buena suerte. Es un ejemplo perfecto de los arqueros que participaron en la campaña, de la mentalidad y el comportamiento que podría tener un campesino de aquella época. No excesivamente inteligente, sumiso, sin demasiada iniciativa, un miembro del rebaño bajo el control de los nobles. Puede no resultar muy atrayente, pero sí resulta muy verosímil.

En cuanto al desarrollo de la campaña en sí, tampoco muestra su habitual inquina contra los enemigos de Inglaterra. Es cierto que se regodea en la muerte de los franceses, pero estamos hablando de una campaña que supuso un auténtico desastre para éstos. Plantea detalladamente su propia visión del desarrollo de la batalla, que acaso peca de un tono excesivamente épico para el bando inglés, pero que no resulta en absoluto contradictoria con las fuentes. Así que Cornwell nos ofrece una buena novela sobre una batalla, y una buena novela de aventuras, aunque no es ésta la gran novela sobre una batalla que podría haber escrito.

Y es que, cuando se tiene tanto éxito como él, ¿hace realmente falta intentar algo radicalmente nuevo?

En escena Enrique V, ese monarca que tanto gustó a Shakespeare y Sir Laurence Olivier, ese actor al que tanto le gustó Shakespeare (y tanto nos gustó a todo el mundo).