el chico bailaba

Corría el año 2000 cuando un niño de una localidad de Inglaterra metida de lleno en las huelgas mineras de 1984 y 1985 nos hizo soñar al ritmo del ballet. La verdad es que si lo pensamos bien el escenario, los personajes, el tema y la época eran lo más raro para aparecer juntas en una película. El escenario es Inglaterra, no sabemos muy bien dónde, pero podría ser el norte de Inglaterra. La época es a mediados de los años 80, cuando las huelgas de la minería inglesa se convirtieron en una dura batalla entre los sindicatos y la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, que finalmente ganó la señora en cuestión. El tema es el ballet, ni más ni menos, las posibilidades de un chico, de un niño, para aprender ballet y salir de las limitaciones que tiene el lugar y el momento donde le ha tocado vivir. Los personajes, los típicos obreros ingleses, de clase media-baja, proletariado puro y duro y unos niños como cualquier otro niño, con sus sueños, sus preguntas, sus dudas y su característico punto de vista a la hora de observar la vida y el mundo que les rodea. Este niño, esta película, este sueño se llamó, se llama, Billy Elliot.

Como he dicho, la película se centra en el personaje de 11 años de edad, Billy Elliot, interpretado por un jovencísimo Jamie Bell, en su amor por el baile, y en su esperanza de convertirse en un bailarín de ballet profesional. Billy vive con su padre viudo, Jackie ( un extraordinario Gary Lewis ), el hermano mayor, Tony (Jamie Draven), y su anciana abuela Nan (Jean Heywood), quien en su juventud aspiró a ser una bailarina profesional. Tanto Jackie como Tony son mineros del carbón en huelga. El personaje de la abuela es una auténtica delicia, teniendo escenas totalmente conmovedoras y algunas muy divertidas.

Jackie suele llevar a Billy al polideportivo para aprender boxeo , pero no es esto lo que le gusta a Billy (por mucho que a su padre le parezca lo más normal del mundo que un niño de 11 años de su pueblo aprenda boxeo para hacerse un hombre). Para desgracia de su padre las clases de boxeo coinciden con las clases de ballet clásico y es ahí donde se apunta, sin que su padre lo sepa, el bueno de Billy. Cuando el padre lo descubre le prohíbe tomar cualquier clase de ballet más. Pero, apasionado por el baile, Billy continúa en secreto sus clases con la ayuda de su profesora de danza Georgia Wilkinson (una maravillosa Julie Walters). La escena de Billy, algo avergonzado, tomando la primera clase de ballet es sencillamente preciosa.

Georgia cree que Billy tiene el talento suficiente para estudiar en la Royal Ballet School de Londres , pero debido a la detención de Tony durante unos altercados entre la policía y los mineros en huelga, Billy se pierde la audición para ingresar en la escuela así que Georgia va a casa de Billy para hablarle a su padre acerca de la oportunidad perdida. Aunque Jackie y Tony no lo ven así ya que su mayor temor es que se convierta en bailarín profesional y se le considere en el pueblo un “marica”. La escena que sigue a la visita de la profesora, con un Billy sacando todo su enfado mediante el baile es también una de las más famosas de la película. La “cuestión” sobre la orientación sexual de Billy y el que una profesión o actividad (en este caso el ballet) pueda condicionar esa orientación sale en diferentes ocasiones en la cinta y uno de los personajes más bonitos del largometraje es el del mejor amigo de Billy, Michael, un niño que se siente atraído por su amigo y con quien finalmente podrá establecer las diferencias entre el hecho de bailar, la amistad entre dos amigos y la atracción sexual.

Finalmente Jackie se da cuenta de que su hijo tiene realmente un talento para el baile, y hará lo que sea necesario para ayudar a Billy realizar su sueño. Aquí es donde llega el enfrentamiento entre padre e hijo mayor, ya que el padre decide dejar la huelga para poder trabajar y ganar dinero con el que poder ayudar a Billy. En cambio, sus compañeros mineros y los vecinos del barrio recaudan fondos para Billy y Jackie lo lleva a Londres a una audición para el Royal Ballet School. Aunque muy nervioso, Billy se defiende bien, pero tras golpear a otro niño en un ataque sin provocación en la audición (yo habría hecho lo mismo con ese niñato bocazas), es severamente reprendido por la junta de revisión. Al creer haber perdido su oportunidad, Billy, desacreditado y abatido, vuelve a casa con su padre. Algún tiempo después, Billy recibe una carta de aceptación de la Royal Ballet School. Las escenas de la audición logran trasladarnos toda la tensión que se puede llegar a crear en ese tipo de pruebas. Cualquiera que haya pasado por algo parecido lo sabrá.

La bella escena final de la película es unos años más tarde, cuando Billy finalmente ha alcanzado su meta: un Billy maduro (interpretado por el bailarín y actor Adam Cooper) se sube al escenario para llevar a cabo la coreografía de Matthew Bourne, El lago de los cisnes. De esta coreografía hablé hace poco en otra entrada. Tanto el padre, como el hermano y Michael, su mejor amigo de la infancia, miran desde la sala de butacas.

La película ganó varios premios del Cine Británico Independiente, de los BAFTA, y nominaciones a los Óscar y a los Globo de Oro. La película se convirtió en novela después, gracias a la adaptación de Melvin Burgess y en 2005 se convirtió en un musical.

Una película con una historia conmovedora para ver y volver a ver de vez en cuando con la ilusión de terminar la película y bailar un rato por ahí (o simplemente saltar, correr y reír).

 

invasiones bárbaras

Hace un mes, en una entrada sobre la eutanasia a raiz de un artículo que había leído comentaba hice un comentario también sobre la película de Alejandro Amenabar, Mar adentro. En esa entrada, entre los comentarios, Teresa, de Los libros de Teresa, me recomendó una película franco-canadiense, Las invasiones bárbaras. Pues bien, hace una semana la vi y prometí hacer una entrada sobre ella.

La película realizada en 2003 y dirigida por Denys Arcand obtuvo el premio Oscar a la Mejor Película Extranjera, varios BAFTA, varios César y alguno en Cannes. Protagonizada por Rémy Girard, Stéphane Rousseau, Dorothée Berryman y Louise Portal cuenta la historia alrededor de Rémy, un profesor con cáncer terminal, que se encuentra internado en un hospital en Quebec. Su ex-esposa, para ayudar a que sus últimos días fueran más agradables llama a su hijo, el cual había emigrado a Londres por razones laborales, y un tanto para alejarse de su padre con el que no se llevaba bien. Estando en Quebec prueba ir más allá para procurar la comodidad de su padre, desde navegar por el sistema de salud de Quebec y sus sindicatos hasta reunir a la familia y a los viejos amigos de Rémy, los cuales llegan a visitarlo y confortarlo. En los últimos días de Rémy, él y sus amigos discuten sobre filosofía, política, pasado sexual y explotación intelectual.

La película, dramática, con tintes de comedia es un compendio de filosofía, conversaciones inteligentes, sentimientos, relaciones, recuerdos, familia, amistad, ganas de vivir y sobre todo satisfacción por la vida pasada, con sus aciertos y sus fallos. Hay momentos extraordinarios como la estancia en el lago de todos los amigos en torno al protagonista, para darle el último adiós, la relación entre una heroinómana y el protagonista colocándose, ella para sentir de nuevo el caballo cabalgar por sus venas y él para dejar de sentir la enfermedad trotando en todo su ser. Una película que me sorprendió ya que no me esperaba este cúmulo de sentimientos, esos momentos de risa en medio de la tragedia personal de cada personaje ni mucho menos me esperaba una película de las que te dejan ese buen poso para seguir pensando. Una delicia, totalmente recomendable. Gracias Teresa por el descubrimiento.

descubrimientos adolescentes de verano

Antes de ayer estuve viendo a la tarde en casa, gracias al portal Filmin (tenéis su enlace en el muro de la derecha) una película argentina con una sensibilidad extraordinaria. El último verano de la boyita, de Julia Solomonoff, una historia de verano, de descubrimientos, de pasos a dar, de amistad, de comienzo de la adolescencia, de retos, de incomprensión, de autoafirmación.

En un espacio aparentemente bucólico, un secreto se revela, accidental, espontánemente. Al volver de montar a caballo, Jorgelina nota una mancha de sangre en la montura. Y otra mancha en el pantalón de Mario. Mario no sabe qué decir. No sabe por qué, pero él no es como los demás. Jorgelina a partir de este descubriento lo acompañará en el camino de descubrimiento y aceptación de su sexualidad. Una revelación que en lugar de separarlos los unirá más de lo imaginado.

La Boyita era una casa rodante que tenia la mágica capacidad de flotar, una especie de anfibio doméstico. Desde que mis padres la compraron, yo imaginaba aventuras en ríos y bosques, pero la Boyita fue juntando polvo y juguetes, estacionada en el fondo de nuestro patio, se convirtió en escenario de juegos y confesiones. Un verano todo cambió: mis padres se separaron, mi hermana mayor entró en la adolescencia, cerrándome la puerta del baño, mudándose de cuarto reclamando privacidad, una palabra que sonaba a rechazo, a soledad. Ante la perspectiva de unas vacaciones en la playa en las que seria dolorosamente excluida por mi hermana y sus amigos, decidi irme al campo con mi padre, en busca de Mario, el hijo de los peones.

Pero Mario también pasa por una transformación, bastante más excepcional que la la hermana mayor. El no es un chico como los demás y ese descubrimiento en lugar de separar a los protagonistas, los une. Entre siestas, paseos a caballo y visitas a la presa, se asoman, sin prejuicios y curiosos, a los misterios de la sexualidad, descubriendo una realidad que los adultos no se atrevían a enfrentar.

Una película, como he dicho, con una sensibilidad extraordinaria, una sensibilidad en medio de la pampa argentina que ni por asomo me esperaba encontrar en esta película. Es la historia del descubrimiento de una diferencia, una diferencia que aunque tiende a apartar de los demás (más bien a causa de esa peculiaridad la ignorancia y los demás marcan las distancias) será el aliciente para el nacimiento de una hermosa amistad.

Los dos niños que interpretan a los protagonistas, Jorgelina y Mario, Guadalupe Alonso y Nicolás Treise encarnan maravillosamente la inocencia de la niñez, la curiosidad de la adolescencia, el miedo a la incomprensión y la valentía de la autoafirmación personal. Muy buenos.

Os dejo una entrevista con la directora, Julia Solomonoff:

¿Qué similitudes y diferencias encontrás entre Hermanas, tu opera prima,y El ultimo verano de la Boyita, tu segunda película?

El último verano de la Boyita es una película más intima, más al modo de una primera película. La filmamos en HD para tener mayor cercania, mayor inmediatez con los chicos, y el equipo técnico fuera mas reducido, el presupuesto es casi la mitad del presupuesto de “Hermanas”. Desde mi lugar como directora, lo que más tiempo me llevó, en las dos películas, fue encontrar el ángulo desde el cual narrar para evitar que caigan en lo tópico. Las dos son películas intimistas, en las que el tono, la mirada, lo es todo: el tema debe aparecer tamizado por una subjetividad.

¿Cuándo surge la idea de El último verano de la Boyita?

Escuche una conversación entre mis padres que me inquieto: mi madre (ginecologa) consultaba con mi padre (psiquiatra) sobre su paciente: un chico del campo que menstruaba. Un nene que se convertia progresivamente en nena: asi lo entendi yo, curiosa y entrometida a los 11 años. Yo estaba pasando por las transformaciones de la pubertad en una mezcla de confusion y temores, por eso, esta historia me impactó. Con el tiempo fui investigando e indagando y finalmente en el 2003 escribi el primer tratamiento…

¿Por que situar esta historia en el campo?

Porque Mario pertenece a ese campo entreriano, en el que yo pase muchos veranos. Creo que hacer la pelicula fue una excusa para volver a ese lugar, a esa infancia, al calor en el que cuerpo se hace ineludible, el sexo, la vida y la muerte…es un lugar de inmensidad, de descubrimiento y libertad. Por eso me molesta cuando la gente lo reduce al espacio de la brutalidad, me parece falso y arrogante cuando se plantea a la ciudad como una instancia superadora, más libre o más abierta respecto al campo… de hecho, si Mario hubiera crecido en la ciudad, seguramente hubiera sido operado y sometido a tratamientos hormonales en nombre de la “normalidad”. En ese sentido, al menos Mario llega a la adolescencia con sus genitales intactos. De alguna manera, aunque su padre reaccione violentamente, es una violencia menor con respecto a la cirugía, no?

Sin embargo, el tono de la película está desdramatizado, alejado de lo trágico…

A mí me gusta el melodrama, pero me gusta dos tonos más abajo,sin estridencias. Tiendo a ser elíptica o centrarme en un detalle, desplazarme, contarlo desde un ángulo mas tangencial. Creo que hay algo, una especie de… pudor. Creo que ese pudor me ayuda a salirme de lo predecible, del efectismo y de la grandilocuencia.

Recién a los 30minutos aparecen los primeros indicios de la posiblenaturaleza del conflicto ¿por qué demorarlo?

Para mí era muy importante que para cuando el conflicto apareciera, uno ya esté instalado en el mundo de la protagonista, en esa mirada, en esa especie de curiosidad y desconocimiento. Y como la película más que tratar de un “tema” trata de la evolución de una mirada, lleva un tiempo establecerla. Por eso me frustra cuando alguien de la prensa, en su afan de buscar un titular, menciona el “hermafrodita”. Primero, porque pone una etiqueta en un lugar donde yo, muy cuidadosamente, trato de armar una pregunta. Segundo, porque no le permite al espectador aproximarse a la pelicula desde ese desconocimiento y tercero porque es erroneo, porque Mario no es un hermafrodita (tiene unahiperplasia suprarenal congenita). Pero sobre todo, lo que esa etiqueta pone en evidencia (y aun peor, difunde) una mirada biologista sobre el genero, que trata de reducirla a una cuestion de genes u hormonas.

Cada personaje reacciona de un modo distinto frente a la diferencia de Mario… En su casa la reacción es de violencia o de negación. El padre de Jorgelina reacciona desde el discurso médico, lo ve como un caso clínico, y es por eso que Jorgelina lo rechaza, tapándose los oidos. La madre de Jorgelina lo banaliza… es tema de conversación”interesante” en la playa. Jorgelina, en cambio, desde un cierto desprejuicio, desde el no saber, es capaz de ampararlo, acompañarlo,alentarlo en su diferencia. Mario decide correr la carrera, a probar que es un hombre, en una escena que le debe mucho al western.

Hablemos del casting…

Tuto (quien interpreta a Mario) tiene un magnetismo, una relación muy fuerte con la cámara, yo sigo fascinada con su presencia, con su mirada. Tiene misterio.Lo conoci en el 2003, por unas fotos de las colonias alemanas que realizó el entrerriano Sebastián Ingrassia. En el 2006 empecé a visitarlos regularmente y a escribir el rol pensando en él, aunque no sabía si podría o querría actuar… fue una aproximacion lenta,cautelosa, hasta ganarme la confianza, generar un vinculo de afecto.Establecer otra comunicacion, armada de silencios, de monosilabos,de algunos gestos, a veces, simplemente la presencia. Maria Laura Berch, jugó un rol decisivo en la preparación de Tuto y de Guadalupe (Jorgelina). Fue muy emocionante verlo junto a sus hermanos en BAFICI, era la primera vez que entraban a un cine y ahi estaba Tuto, en la pantalla gigante, en un cine lleno de gente que lo aplaudia!

Incorpore a Mirella Pascual (madre de Mario), actriz uruguaya que había admirado en “Whisky”, porque supe que llegado el momento,ella podría poner en palabras los silencios de Mario y su padre. Entonces, re-escribí el guión con ella en mente. Ella consiguió mimetizarse con el paisaje, ponerse la piel del personaje de una manera tan orgánica, tan profunda que resulta imperceptible. La gente cree que ella es la madre real de Tuto!

El personaje de Jorgelina fue difícil de encontrar porque tenía que llevar la película, mostrar un crecimiento, una sensibilidad y tambien una cierta fisicalidad: ser urbana sin hacerle asco al barro,los sapos, montar a caballo. Vimos muchas chicas en Rosario y en Buenos Aires (mas de 600), y a Guadalupe la encontramos al final,casi ya al punto de la desesperación… fue impresionante verla crecer en el personaje, con gran inteligencia y compromiso.

“Es un asunto privado”, es la frase de Jorgelina con la que concluye el relato…

Si… La primera vez que se dice “privacidad” es cuando la hermana mayor le cierra la puerta del baño. Es la palabra que excluye a Jorgelina. Cuando hicimos el casting de las hermanas, indagamos sobre la idea de privacidad… las menores (10 años) la definían como aquéllo que sus hermanos o sus padres reclamaban cuando querían estar solos… mientras que las de 12, lo definian en primera persona “Privacidad es cuando quiero estar sola”. Me impresionó constatar esta especiede “descubrimiento o reclamo de la privacidad” que sucede en la pubertad. La privacidad parece ser uno de esos derechos que estamos resignando diariamente, por exhibicionismo o por miedo a la soledad y a mí me parece hermoso, casi heroico, que una nena descubra el valor del espacio propio y lo reclame para si.

Y aquí el trailer de la película, que si tenéis oportunidad de verla os la recomiendo totalmente porque será un bello descubrimiento para vosotros: