un peligro llamado librería

Después de varios meses pude por fin leer La librería, de Penelope Fitzgerald, una novela corta de esas que disfrutas leyendo en cada página y conforme vas pasando las hojas más pena te da porque se va a acabar. El libro lo leí recomendado por El blog de la hierbaroja y desde un principio me dije que tenía que leerlo. Le agradezco totalmente ese post que publicó a finales de noviembre.

Antes de comentar el libro quisiera hacer una referencia a la edición realizada por la Editorial Impedimenta. Al igual que todas sus publicaciones, ésta se caracteriza por el cuidado y esmero con que está realizada. Una portada agradable, de un papel con una textura rugosa, de esas que te hacen pensar que están hechas con cariño (aunque en realidad haya sido una máquina la que fabrique ese papel), con una escueta, pero práctica biografía de la autora en las solapas interiores, con un papel de hojas grueso y que da gusto tocar y sin, y esto es lo mejor, ningún tipo de fallo ortográfico, etc (o por lo menos yo no lo he visto). En fin, que dan ganas de leer los libros de esta editorial solo por el gusto que tienen a la hora de editarlos y si encima vemos su catálogo esas ganas se pueden convertir en necesidad!

Vamos a ello. En la trasera de la edición se dice que la novela es una delicada aventura tragicómica. Delicada lo es, con esos detalles de la novela inglesa que desde Jane Austen hasta Evelyn Waugh han hecho de este género una auténtica delicia para los lectores de todo el mundo. Aventura también, no aventura de espadas y duelos, aunque las batallas muchas veces se presentan en forma de hipócritas usos sociales y crueles protocolos. Tragicómica también, ya que en muchas de sus páginas no he podido evitar reírme imaginando la escena que se contaba todo ello en un ambiente de tragedia, tragedia que ocasiona la presión social a la que se ve sometida la protagonista a la hora de montar un terrible y peligrosísimo negocio llamado librería.

Florence Green es una mujer que vive en un pequeño pueblo costero del Este de Inglaterra que en 1959 todavía vive en una realidad un tanto apartada y que se caracteriza por “lo que no tiene”. Así que la buena de Florence decide abrir una librería que será la primera del pueblo. Los problemas empiezan en el mismo banco a la hora de pedir un crédito para llevar a cabo la apertura del negocio, continúa con la compra de un antiguo edificio en bastante mal estado, que incluso tiene un poltergeist y se desencadena con la apertura de una biblioteca en la propia librería. Las fuerzas sociales del pueblo empiezan a moverse con discreción pero con determinación para intentar que la mujer cambie de opinión. ¿Por qué esta oposición a una librería en el pueblo? Esta es la pregunta que nos iremos haciendo mientras leemos la novela. Leyéndola empecé a pensar y reflexionar sobre el poder que podía tener una librería en un pequeño pueblo en aquellos años. Y es evidente, o por lo menos para mi lo es. Una librería da la posibilidad de leer (obvio), de imaginar y de abrir las mentes a algo más que tu propio ombligo (sea este ombligo tu persona, tu entorno o tu ambiente). Leer hace que las personas pensemos y pensar, como bien es sabido, es algo que al poder nunca le ha gustado que hiciéramos el común de los mortales y cuando digo poder no me estoy refiriendo a un poder administrativo exclusivamente ya que poder puede ser entendido como las normas sociales de un lugar, la propia actividad económica de un lugar, los órdenes morales y éticos que alguien ha pensado para ese lugar o el orden social existente en una comunidad. Y recordaba lo que solía contestarnos un profesor que teníamos y que yo dudaba si no habría nacido en el siglo XIX cuando le preguntábamos algo a lo que no tenía respuesta porque no la conocía o no le interesaba darla para que no pensásemos demasiado. La respuesta era invariablemente la misma. “Esto es así porque siempre ha sido así, y punto”. Ese es el gran muro con el que se encuentra la buena de Florence Green.

No sé si habéis leído Las crónicas de Cranford, de Elizabeth Gaskell, pero el ambiente de los dos pueblos y sus costumbres descrito en uno y otro libro tiene bastante similitud. Y eso que uno es del siglo XIX y el otro del XX.

Lo dicho, un libro con el que disfrutaréis, con el que reflexionaréis y con el que agradeceréis vuestra afición a la lectura y todo lo que ello conlleva. ¿Lo habéis leído alguien? ¿Qué os pareció?

¿bienvenidos?

Después de tres meses andando, sin parar, con lo puesto y poco más, comiendo de las ayudas sociales y de la caridad humana (¡qué poco queda de esto último!), durmiendo en el suelo y las mejores de las veces sobre una hierba, asado de calor cuando el sol aprieta y muerto de frio si es invierno y al final, con mucha suerte llegas a tu destino, a esa primera parada que es la puerta hacia tu, esperas, nueva vida.

Tras unas horas de viaje, surcando el cielo, haciendo escala con el tiempo justo para comprar algo en el duty free de turno, comiendo la comida precocinada que te sirve una azafata, echando una pequeña siesta en tu confortable asiento y reposando la cabeza en una almohada, abriendo la salida de aire acondicionado cuando sientes calor y poniéndote por encima el jersey cuando notas el aire demasiado fresco y sin darte cuenta llegas a tu destino, a esa parada en tu vida que esperas sea un aliciente para continuar en tu cotidianidad.

El primero es un inmigrante. El segundo un turista. ¡Qué maneras tan diferentes de viajar! En realidad están haciendo lo mismo. Desplazarse de un lado a otro. Pero las diferencias son sustanciales y no solo porla situación personal de cada uno. A uno le prohíben tácitamente viajar tranquilamente y mucho menos quedarse en el lugar de destino. Al otro, como mucho, le hacen pasar un control de seguridad y le desean una buena estancia.

La semana pasada estuve viendo en Filmin una película francesa titulada Welcome, dirigida por Philippe Lioret y protagonizada por Vincent Lindon, Audrey Dana y Firat Ayverdi. Bial, un joven de 17 años procedente del kurdistán iraní, ha cruzado el Oriente Próximo y Europa para reunirse con su novia recién emigrada a Inglaterra. Pero su recorrido se detiene bruscamente cuando, en el lado francés, le impiden cruzar el Canal de la Mancha. Decide cruzar el canal a nado. Para cumplir su objetivo, empieza a entrenarse en la piscina municipal. Allí conoce a Simon, un profesor de natación en pleno proceso de divorcio. Simon está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar a su mujer y lo arriesga todo ofreciendo protección a Bilal…

Una película preciosa, de esas para pensar y dura, muy dura. Dura en el tema y en el argumento. A veces este tipo de películas te ayudan a pensar en el tipo de sociedad que vamos creando. Como cuando vi la de NEDS, ¿os acordáis de aquél post? Hay escenas verdaderamente desgarradoras. Bial y sus compañeros de viaje poniéndose en la cabeza bolsas de plástico, dentro de un camión, para no emitir CO2 y que el sensor de la policía no les pillase. O la policía entrando en la casa de un ciudadano francés porque es ilegal acoger a un inmigrante… simplemente darle techo para dormir una noche y darle comida… está prohibido. Cruzar a nado en Canal de la Mancha, 32.55 kms. de separación, de mar frío si no helado, de olas y corrientes y el chaval kurdo, con un neopreno, nadando hacia la costa inglesa, mientras petroleros de 500 metros de longitud avanzan a toda máquina, sin fijarse en la hormiguita que nada a sus pies…

Una película totalmente recomendable que ganó el Premio Lumiere a la mejor película. Ahí va el trailer:

POSTDATA

Terminada la reflexión sobre la regularidad de las entradas y viendo las estadísticas del blog he decidido probar durante un tiempo un nuevo ritmo. A partir de hoy las entradas las publicaré cada dos días y en fechas señaladas. ¿Por qué este cambio? Porque creo que verdaderamente la regularidad de una entrada por día en este tipo de blog no es eficiente, ya que al no tratarse de un blog de actualidad (da lo mismo que el post lo leas hoy o mañana) no hace falta hacerlo diario y sobre todo porque creo que el tipo de gente que entra en este blog y en otros parecidos entran para leer a gusto la entrada, para saborearla… yo por lo menos con esa intención lo hago.

Muchas gracias a Lahierbaroja, de El blog de lahierbaroja y a Teresa, de Los libros de Teresa.

Hasta el miércoles!

no educados y delincuentes

Hace poco más de una semana estuve con un amigo en el cine y entramos a ver la última ganadora del Festival de Cine donostiarra, la británica (en este caso escocesa) NEDS. La ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película y la Concha de Plata al Mejor Actor Connor McCarron (la verdad es que el apellido tiene mucho que ver con el personaje que interpreta, de estudiante a macarra y de ahí a macarrón en un pis pas) es una película bastante cruda, fría, dura y sobria ( este último adjetivo he estado meditándolo unos cuantos minutos… pero es el adjetivo que define esta película sin ninguna duda).

NEDS es la historia del recorrido de un joven que pasa de ser un niño premiado en el colegio a un navajero adolescente. John McGill, en su lucha por extirparse de un entorno con pocas expectativas, pasa de víctima a verdugo, de buen alumno a NED, de monaguillo a esnifador de pegamento. Y cuando intenta volver a ser como antes, la nueva realidad y el pasado reciente le impiden que se conforme dando lugar a una casi inevitable autoconfrontación violenta.

Vamos a ver. Después de la película, mientras íbamos a casa helados de frio, íbamos conversando sobre la película. Creo que es una película cruda, porque representa lo que puede ser la realidad, no en una Escocia de principios de los 70, si no de cualquier país europeo en estos mismos momentos. Un sistema nada atrayente para la gente joven, con una falta de valores educativos generales y sobre todo con un futuro bastante gris en la mayoría de las expectativas que la gente joven tiene. Y es verdad que esas expectativas hay que trabajarlas y hay que luchar por ellas, pero también es cierto que quizás estemos viviendo los momentos más crudos para toda una generación, a la que se les ha dado todo, se nos ha dado todo, y se nos ofrece poco o muy poco para nuestro futuro como personas y ciudadanos. De la misma manera creo que no es una película real en cuanto a que lo que ocurre en la película esta exagerado. Un estudiante de matrícula de honor pasa a ser no un chaval de la calle, macarra, navajero, si no un tipo con muy poca cabeza y totalmente engullido por la violencia. Y aún teniendo su corazón (todas las personas tienen su corazón, hay una escena muy dura en la que le dice a un amigo suyo que no quiere pelear con él porque si no le mataría y que sentiría tener que hacerlo) su transformación está llevada hasta el extremo. Creo que de todos modos es una película bestial para después seguir pensando en el tipo de sociedad que estamos haciendo y sobre todo en el tipo de personas en que nos estamos convirtiendo. Una sociedad que a este tipo de personas no les da mayor oportunidad que estar en la clase de los tontos (otra de las escenas de la película) es una sociedad enferma. Una sociedad que no sabe como suplir las carencias estructurales afectivas y sociales que tenemos es una sociedad sin rumbo.

Escenas hay muchas y algunas tremendamente duras. El frio escocés se te mete en el cuerpo a base de peleas, familias desestructuradas, modelos educativos en donde la correa estaba dentro de la ley educativa (en el Reino Unido hasta hace muy poco estaba permitido pegar con una correa que todo profesor tenía en su mesa… por aquí también hasta hace no poco te daban un tortazo a la menor), desinformación total en cuanto a los consumos, paro generalizado, ley del más fuerte, control absoluto, machismo autoritario, agresiones a las mujeres, alcoholismo normalizado… si, es verdad, es Escocia y son principios de los 70. Pero la verdad es que me dio miedo darme cuenta de cuantas cosas hay hoy en día bastante parecidas y no solo en Escocia. Si podéis ir a verla no lo dudéis.

Este es el trailer original:

Peter Mullan, el director, actúa en la película haciendo de padre del protagonista. Un director extraordinario que dice esto de su propia película: Creo que la palabra “impresionista”, aunque no sea la única, es la que mejor describe mi enfoque general a la hora de filmar NEDS, en el sentido de que la composición, la puesta en escena, etcétera, están determinadas tanto por la vida interior de John, el protagonista, como por los acontecimientos y personas que le rodean. A Connor McCarron le hicieron la siguiente pregunta en una entrevista: ¿Se ha sentido identificado en algún aspecto con el personaje? A lo que contestó: Desgraciadamente esa violencia juvenil y las bandas callejeras es algo bastante común. En la película se ven cosas que yo he visto también en el Glasgow actual. Por lo demás la música muy, pero que muy buena, del compositor Craig Armstrong.